Visita a Roberto Basanta en su taller de sastrería

“No creo en la inspiración. Hay que ejecutar el oficio como un artesano. La técnica se enriquece con el trabajo manual, con el dominio y la habilidad de la mano que maneja el pincel”; Rufino Tamayo (1899-1991), pintor mexicano.

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      Los profesionales no surgen de la noche a la madrugada como las setas. A mayores, hacerse una referencia en cualquier especialidad requiere dedicación, esfuerzo, aprendizaje y… ensayar mucho. La pasión volcada será determinante, mientras que factores como el entorno, la investigación y la buena suerte contribuirán en gran medida al resultado final.

      Roberto Basanta habla de su oficio como se debe hacer. Con sus prendas acabadas. Este sastre gallego de A Estrada (Pontevedra) ha realizado parte de mi vestuario, y el resultado me dejo satisfecho. A mi modo de ver tiene faltas como que no borda los ojales a mano de la chaqueta (aunque si pica la solapa) o deslices como que no coloca las iniciales de la camisa donde se las pido; pero su dedicación en el ajuste es minuciosa y dispone un corte notable.

      Roberto suele visitar a sus clientes en su domicilio o lugar de trabajo aunque dispone unas dependencias con más de 300 m2 que finalmente visité. Le cogimos, casi de sorpresa, en plena faena en unas instalaciones dotadas de forma extraordinaria donde la principal carencia es la falta de oficiales experimentados. Los va formando él con su propia experiencia.

      De todas las maneras, para mi manera de ver a Roberto le falta ponerse bajo el magisterio de un sastre consagrado de la talla de un Reillo, un García de Loza, un Puebla o similar para empaparse de su sabiduría; y sentar cátedra. No todos lo consiguen. Es la diferencia que existe entre los buenos de los mejores.

      Por otro lado, bien harían éstos u otros sastres tradicionales a punto de jubilarse en poner bajo su tutula a jóvenes profesionales para transmitirles todo su oficio. No solo por una cuestión altruista, reciproca o por amor a la profesión, sino por una visión a largo plazo que mantenga su firma en el tiempo. Su legado. Un ejemplo de éxito de ésta formula es la de la Sastrería SERNA de Agustín García Montero.

      El secreto de un buen sastre es su taller. No lo digo yo, lo confiesa Edward Sexton esta misma semana en The Rake: “Mi prioridad son mis sastres y la atmósfera en mi taller. Su actitud como equipo siempre se refleja en la prenda terminada”. O un sastre tiene taller, o el taller dispone de sastres (ambas cosas aún mejor) pero para la que la sastrería tradicional perdure al máximo nivel la mano de obra de artistas es indispensable. Esto también corresponde al sastre londinense de Savile Row-Londres; y la mayoría lo compartimos.

      El nivel de cada sastre -y cada taller- es lo que marca las diferentes calidades.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Jose M. Salgado

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