Visita a la fábrica FLORENTINO. Y 2 ª Parte.

“La calidad, si no está engranada en la organización nunca será realidad”; Phil Crosby, empresario estadounidense.

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(continuación de la primera parte)

      A lo largo de la cadena productiva se desdobla en dos ramales: pantalones por la izquierda y chaquetas (o abrigos) por la otra línea según se avanza.

      Las operarias tras el corte recuerdan a las trabajadoras de las conserveras, también gallegas, por su afán en la dedicación a la tarea. Digna de resaltar. A lo largo de una jornada de 8 horas divididas en dos turnos (mañana y tarde) no desatenderán -ni por un solo suspiro- su labor. Trabajan de manera perseverante, fiel, concienzuda, serena… con calidad.

      Como las piezas salidas de las mesas de corte llevan cada una su código, facilita que no se desperdigue ni una sola. Si suponemos una media de doce de piezas por prenda, hablamos de 50.000 trozos de tela diarios a montar que pasan a la fase de montaje y cosido.

      Una operaria cose los bajos, otra monta los cuellos, la siguiente realiza los ojales… Cada puesto está dedicado a una sola operación que una vez realizada se pasa a la siguiente para su cometido, de manera solapada y en sincronía.

      Estas oficialas confieren con sus manos -utilizando máquinas- el espíritu Florentino a cada pieza diseñada en las oficinas. Puestos puntuales e hiper especializados se suceden sin descanso hasta el remate final con la plancha.

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      Planchado, que por cierto, se realiza tal cuál lo haría cualquier sastre. Con agua pulverizada y con plancha de cuatro kilos, prenda a prenda. El tiempo invertido, eso sí, no será de horas como el artesano pero si el suficiente para dejar la prenda lista para vestir (RTW).

      El almacén está preparado para albergar hasta un millón de prendas acabadas, y en el encontré el único pero logístico. La ropa hace todo el recorrido por la fábrica de manera automática por un monocarril continuo anclado al techo, pero una vez llegados al pasillo correspondiente de este destino final de la fábrica tienen que ser ubicadas en su hilera correspondiente de manera manual por un operario.

      De manera inversa, al llegar el transporte devueltas a éste carril para llevarlas a la zona de empaquetado donde se introducirán en las cajas adecuadas para tal efecto, anexa en la zona de embarque definitivo.

      La empresa gracias a sus grandes dimensiones aún dispone de espacio suficiente para muchas más dependencias. Entre ellas destacan dos enormes Showrooms a imagen y semejanza de las tiendas reales donde se exponen la temporada del presente (de verano) y la próxima (o invierno). Es aquí donde los clientes vienen a mirar y comprar.

      En esta nave de 35.000 m2 del Polígono Lalín 2000 fabrican trajes, chaquetas, pantalones -pieza que según Tino les distingue- y prendas de abrigo. El resto de productos lo descentralizan y fabrican en otros talleres de su propiedad o que subcontratan (siempre en España). De todas formas, todos se distribuyen desde ésta una vez testada su calidad.

      Así, el cliente si lo desea puede vestir en las tiendas de Florentino toda la gama de productos y complementos para el hombre. Desde relojes hasta guantes, pasando por las prendas de punto, los zapatos, corbatas, pajaritas, calcetines, pañuelos, camisas, etc… Todo.

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      La nota solidaria también existe y la pone una hermana del propio Florentino (padre). Monja en una congregación católica dedicada al asilo de personas mayores y a cuya institución terminan yendo los sobrantes de los outlets que la firma dispone.

      Detalles como que desde estas dependencias se fabrican hasta los muestrarios que se remiten a las tiendas para que hagan sus pedidos o que se realicen los arreglos de las distintas tiendas de proximidad geográfica, hablan de su capacidad y de como se involucran en cada parte del proceso.

      En definitiva, vi una fábrica de prendas de vestir con un diseño propio, personal y trabajado. Con una dedicación a la labor encomiable, a la japonesa, donde el ambiente de concentración en la tarea es total. Sencilla, sin alardes.

      Una confección de calidad, y un estilo que aspira al transalpino con un cuidado acabado. Aunque sin alcanzar todavía las cotas de refinamiento de firmas como Brioni, Cesare Attolini, Kiton o la transpirenáica Cifonelli, que por otra parte venden a un precio varias veces superior a la que lo hace esta firma gallega. Resulta un digno representante de la moda masculina de España por todo el mundo.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Jose M. Salgado

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