Vestirse por las mañanas

“Las acciones son las semillas de los hechos donde crece el destino”; Harry Truman (1884-1972), político estadounidense.

      Todos los días nos vestimos. Una pequeña porción de hombres dejan preparada su ropa el día anterior, mientras que la mayoría esperamos a ver el humor con el que nos despertamos.

      Lo propio sería enfocarse en lo que vamos a hacer durante esa jornada. Si se trata de un día laboral o festivo, si nos aguarda algún evento o debemos visitar cierto cliente, etcétera. La elección del vestuario, para ser acertada, debe ceñirse a las circunstancias.

      De manera personal hago tres grandes divisiones: aquellas en las que elijo el uso de un traje, las que opto por un conjunto de chaqueta pantalón o el resto a base de prendas de punto y pantalones casual.

      El zapato es lo último que elijo, y me pongo, pues se deduce del conjunto de manera inmediata. Da la casualidad, además, que hasta que no me calzo no soy capaz de que me guste ningún atuendo. Ni siquiera de valorarlo como acertado.

      Los complementos, pañuelos, corbatas y calcetines, cohesionan -potenciando- las prendas principales (chaqueta, camisa y pantalón). Mientras que los cinturones, tirantes, alfileres, reloj, gemelos, etc. lo rematan con sutileza. Si patinamos en alguno de ellos puede tirar por tierra el mejor traje como si de una mancha de aceite quemado se tratase.

      Cuando un conjunto resulta vivo los complementos deberían no competir con él en vistosidad. Optando por los discretos blancos y lisos. Sin embargo, si observamos que una vez vestidos necesitamos aportarle mayor tono a nuestra imagen, es el momento de resaltar estas decisivas porciones de tela.

      Es recomendable no utilizar la misma pieza principal más de una vez a la semana. Este ejercicio aporta mucha información pues graba en nuestra memoria aquellas combinaciones que nos hicieron sentir reconfortados y, lógicamente, desterrar las que nos despistaron en nuestra labor cotidiana para futuras adquisiciones. Si colocamos en un extremo de nuestro armario cada última prenda utilizada, pronto, tendremos en el otro las que más tiempo hace que no usamos.

      Teniendo el número de la decena en mente; con disponer de una decena de trajes y similar número de chaquetas, zapatos y pantalones no daremos la impresión de repetitivos.

      Con la comodidad siempre como máxima, incluyendo la del estado de ánimo propio y ajeno, el vestuario siempre nos debe sumar. Es la primera decisión del día de las muchas que tomaremos… con lo que viene empezar con buen pie.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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