Vestirse: cultura y personalidad

“Lo importante es tener voluntad; el resto es técnica”; Halldór Laxness (1902-1998), escritor islandés.

      Verídico. Ayer, un tipo -en su minuto de gloria televisivo- aseguraba: “a mi me gustar vestir bien”. Lucía camiseta negra con dibujos de llamativos colores debajo de una chaqueta de similar tono, estrecha, con lentejuelas en las solapas acompañando a unos vaqueros gastados. No pude apreciar su calzado, lo siento; tanto daría.

      Sócrates (s. V a. de Xto.) transmitía a sus discípulos la imperiosa necesidad de saber reconocer lo que es bueno, unívocamente, de lo que no lo era para elegir de manera acertada. (No olvidemos que elegante proviene de elegire. Saber elegir.). “Solo existe un bien: el conocimiento”, nos legó el filosofo griego. Luego parece ser que la condición primera para la elegancia es ser, antes, culto.

      Buscar en la cultura la base de nuestro vestuario -y no en su mera estética- muchos consideramos que es un buen principio.

      Vestirse todos los días resulta inevitable. Es la primera decisión que todos tomamos, de las muchas que la seguirán a lo largo de nuestra jornada. Seguro que no tan importante ni más relevante que el resto, pero no deja de ser esclarecedor que junto con comer, dormir o beber sean las únicas actividades inexorables. Amén, de ser -vestirse- una acción que nos diferencia del resto de seres vivos.

      A lo mejor resulta que no es un tema tan intrascendente como nos hace pensar la frivolidad de las modas.

      Si nos cubrimos con un abrigo de lana virgen tipo Ulster cuyas mangas caen limpias desde el final de nuestros hombros hasta las muñecas, y se adapta a nuestra figura con un largo actualizado, para salir a la calle durante estos gélidos días estaremos transmitiendo un mensaje. El nuestro. Personal, documentado y poco transferible, aunque influenciado, con el que comunicamos al resto del mundo quienes somos… y como hacemos las cosas.

      Sencillamente es otra forma de expresión, más evidente incluso que el lenguaje oral o el escrito.

      Exteriorizamos parte de nuestra trayectoria en la imagen. El tan analizado Curriculum Vitae por los profesionales de los recursos humanos a la vista de todos; porque vestirse implica aunar nuestros valores a los hechos.

      La raigambre también es importante en cuanto aporta credibilidad. Solera. Por este motivo quedé estupefacto cuando la pasada semana contemplaba, en el escaparate de uno de esos establecimientos con prendas modernas con las novedades para la temporada que pronto estrenaremos, los jerséis de punto blancos con ribetes azul y grana en el cuello y los puños como rabiosos protagonistas. Digo yo que será para conmemorar los 100 años que están a punto de cumplir estos suéteres, porque muchos bebemos los vientos por ese tipo de prendas desde hace décadas ignorando si nos invitan o no a utilizarlos los gurús del estilo.

      Elijamos, si podemos, hasta los botones de nuestros trajes para que nuestra imagen esté en armonía con el decorado de nuestro despacho. Qué la hechura de la blazer nos facilite cómodos ademanes y defendamos cada uso en su momento, bien, documentados. Así sabremos que vestimos de la forma adecuada y que nuestros trapos no esconden vanidad alguna.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado