Vestir con sentido

“Nada tiene sentido, excepto el que nosotros mismos le demos”; Tony Robbins (1960), motivador estadounidense.

      Soy el orgulloso padre de una niña de ocho años que el pasado sábado recibió su Primera Comunión. Como todo progenitor me desvivo por mis hijos y les proveo de todo cuanto puedo, priorizando en su educación.

      Consciente que el mejor método para calar en sus mentes resulta mediante la vía del ejemplo, y no de las monsergas, procuro proceder junto a ellos acorde a las propias convicciones de manera rigurosa. Con ustedes comparto lo que nos une, el vestuario que elegí para esta cita tan especial.

      Decidí vestir conforme a la fiesta sumándole un cariz de sentimiento. ¿Cuál sino es el motivo de todas nuestras acciones? La razón vence, pero el corazón convence.

      Opté por mi traje de color claro realizado por Jaime Gallo. El crema es un color alegre y más relajado que los oscuros. La hora y los días que aún disponen de mucha luz solar invitaban a ello, pero es que además resulta una satisfacción cada nueva oportunidad que lo visto, apenas unas cuantas al año, y me sigo preguntando porque en España la Corona no reconoce a algunos de sus proveedores como la inglesa.

      En cuanto a los complementos; cualquier corbata oscura entona con este tejido siendo mis preferidas la marrón chocolate o la verde musgo. Si elegí la granate (Cánovas Club) para este evento fue porque es la que utilicé el día de mi boda -hace casi diecisiete años- y aún soporta con cierta dignidad el paso del tiempo.

      La corbata determinó que el ribete del pañuelo (Cencibel) fuera del mismo color y el resto del tono de la camisa (Mangas).

      Los zapatos que calcé fueron los cordobán de Carmina acompañados por unos calcetines granates de Brescciani. Los tonos bermellones relajan un punto respecto a los marrones (o azules) más oscuros y, por supuesto, del negro.

      Blanco, rojos y crema; tres colores para la mayor discreción que tan cómodos nos hace sentir.

      Los gemelos son herencia de mi padre. Un regalo que me hizo algunos años antes de morir y que tienen grabado el escudo de su arma de infantería. Se los recuerdo puestos desde que tengo memoria y con ellos lo sentí -aún- más presente. Son tan vistosos que no me acompañé de ninguna joya más, ni siquiera reloj.

      Combine un conjunto personal y, para mí, emotivo como correspondía a la feliz jornada que disfrutamos. Día especial, atuendo especial. Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía tomada, con el móvil, por el padrino de la protagonista.