“Necesariamente, los personajes se parecen a su autor”; François Truffaut (1932-1984), director de cine.

      Quien niegue la importancia del vestuario en la personalidad de cualquier ser humano, debería leer algunas novelas de Arturo Pérez-Reverte (1951). Principalmente las dos primeras entregas del espía español Lorenzo Falcó.

      Recién devorada la segunda novela del cartaginés ambientada en plena Guerra Civil española, Eva, reconozco que he disfrutado tanto de las descripciones del vestuario de los personajes como de la trama. Pues la imagen que evoca una acertada descripción resulta de cosecha propia y, por lo tanto, creada al antojo.

      Falcó, hijo díscolo de una familia andaluza acomodada, luce en su muñeca un reloj de época Patek Philippe. Fuma cigarrillos Players que toma de una pitillera de carey y enciende con su encendedor de plata Parker Beacon. Para escribir utiliza una estilográfica Sheaffer Balance verde jade.

      En su viaje a Tanger, lugar donde se desarrolla la mayor parte de la historia, utiliza una baqueteada maleta Louise Vuitton y como abrigo una trinchera Burberry.

      Estos detalles complementan los conjuntos que viste con garbo y le definen. Un ejemplo es el traje gris de tres piezas en la última escena dentro del bar americano del Gran Hotel de Salamanca.

      Conocedor de los sastres londinenses de Savile Row, Perez-Reverte menciona a Anderson & Sheppard cuando describe el traje color plomo del Sr. Ferriol. Un jefazo del bando nacional. Además, recurre a la discreta joya de oro que este facha luce entre los picos del cuello de su camisa como pasador de la corbata para fijarlos.

      El zapato del truhán siempre es inglés, mencionando uno de la firma Keds y otro del tipo “a la española”.

      En cuanto al aspecto de Lorenzo; siempre impecable, se peina con brillantina y perfuma con Barón Dandi. Su higiene se la toma con esmero varonil, que no atildado como su compañero de fatigas Paquito Araña. Incluso describe como se prepara de manera especial para las escaramuzas inspirándose en lecturas de los 300 espartanos que lucharon en las Termópilas. Guerreros que seguían el rito de asearse y limpiar sus vestiduras (sin acicalarse) como preparación y muestra de respeto previo a la batalla.

      El escritor otorga especial cuidado a los sombreros. En cuya badana, Falcó siempre esconde una hoja de afeitar Gillette para despachar al enemigo. Alude al modelo Panamá Montecristi para cubrir al protagonista cuando hace calor, el tipo Stetson impermeable cuando la niebla espesa se cierne sobre el Estrecho de Gibraltar o a la versión Homburg para caracterizar al veterano Almirante (jefe del espía).

      Su herramienta de trabajo es la Browning FN modelo 1910 de 9 mm, con supresor de sonido Heissefeldt. Seis balas en el cargador más una en la recámara; describe varias veces que la lleva siempre con el seguro puesto y recurre al contacto constante para imprimirse de serenidad.

      Maestro de la descripción, Arturo, bien documentado se luce en cada lance. Un ejemplo es cuando describe la imagen de Paquito Araña: …sobretodo impermeable Loden de color verde musgo y un sombrero de gabardina. Vestía un traje ligero de tres piezas, una camisa a rayas de cuello blando y un nudo pajarita rojo con topos azules. Haciéndonos capaces de revivir al personaje de hace ocho décadas como si lo tuviéramos delante de la pantalla.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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