Trajes de pana

“Sin libertad de pensamiento, la libertad de expresión no sirve de nada”; José Luis Sampedro (1917-2013), economista español.

      Nada como una mente abierta. Aquellos que se obcecan en defender de manera obtusa un único punto de vista no lo hacen por verdadero, sino por ser suyo. Esta forma de pensar estanca el conocimiento y atrofia toda evolución.

      El uso del traje en nuestros días vive tiempo de recesión. Irrefutable. Para aquellos que deseamos seguir apostando por este clásico conjunto conviene actualizarnos, y dos son las variables sobre las que abordar esta renovación: el corte y/o tejido.

      La pana y los tweeds para el frío y los algodones (seersucker o gabardinas por ejemplo) o linos durante el verano son algunas opciones.

      Ya en la década de los años 70 del siglo pasado Robert Redford lucía con acierto en Todos los hombres del presidente (1976) trajes de pana. No fue el único, antes Dustin Hoffman en El graduado (1967) o después Matt Damon en El talento de Mr. Ripley (1999), además de Steven McQueen y Paul Newman en distintos momentos de su vida también hicieron gala de su elegancia vistiendo diferentes conjuntos corduroy (cuerda de rey).

      Sus patrones no eran tan adelantados a su tiempo como la arquitectura modernista de Antonio Gaudí, así que hay que estilizarlos para que sigan funcionado en la actualidad. Mas resultarán igual de válidos.

      Es el difícil equilibrio de evolucionar en el estilo clásico.

      Una prenda de pana puede resultar tan cómoda como un chandal, pero a diferencia de la segunda no están “prohibidas” en la calle. De su elasticidad también se deriva que su principal defecto sea el desgaste y que se den de sí.

      Los tejidos de pana de algodón que se utilizan en la realización de trajes suelen llevar una proporción de lana que mejoran su composición. No superando el 10 % aporta calidez, suavidad y calidad con hilos de cashmere o vicuña.

      Las versiones de traje de pana con corte cruzado en la chaqueta o de tres piezas con chaleco me parecen excesivos por su carácter sport, pero acompañarla de una prenda intermedia de punto como un cardigan o un jersey de pico resulta acertado.

      Camisas vaqueras, corbatas de franela y, por supuesto, un suéter de cuello vuelto o un chaleco de tweed también resultan combinaciones adecuadas. De hecho la pana y el tejido escocés trabajan muy bien. La seda en los complementos o los cuellos de contraste de fino hilo de Escocia en las camisas mejor dejarlo para los trajes de lana fría.

      Colores; todos los propios de este tejido. Marrón tabaco o cacao, azul francés o marino, verde botella u oliva, gris perla o antracita,…

      Para el calzado sería de buen gusto decantarse por un modelo de zapato más informal que el Oxford negro. Es decir; de color marrón oscuro y con hormas agujereadas o incluso de hebillas o mocasines.

      La principal ventaja de un conjunto uniforme de chaqueta pantalón de este tejido conocido como “el terciopelo de los pobres” es que puedes utilizar ambas piezas separadas sin ningún problema. No así en el resto de trajes de mayor formalidad.

      Una mente abierta y esponjosa, como la de un niño, permite redescubrimientos en continua evolución.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado