Traje gris, traje azul

“Si nada hay eterno, no es posible la producción ni la generación”; Aristóteles.

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      Admitamos la realidad. El noventa y muchos por ciento de los trajes que se demandan en la actualidad son de color gris o azul. La preferencia es clara. Esta tendencia tiene de bueno el gusto, que nos hace sentir cómodos y resulta idónea para la mayoría de las ocasiones.

      Como diferenciarse parece vital existen a nuestra disposición infinidad de variantes para sus tonos, dibujos en el tejido y/o diseños del patrón.

      En un traje prevalecen la calidad del tejido (fíjate siempre en su composición) y el grado de detalle invertido durante su confección frente a cualquier otra característica. Aunque lo que más destaque sea la apariencia que le confiere el color, y es determinante; no resulta decisivo.

      En los tonos oscuros la principal ventaja del traje gris frente al azul es que nos sirve como sustitución del traje negro. Cuya adquisición no está apenas justificada por lo reducido de sus posibles utilizaciones: funerales o cócteles, y en la segunda ocasión siempre resulta más apropiado un smoking. Cualquier tono de otro color, como el marrón o el verde, no compiten con ellos en belleza aunque si en originalidad.

      El calzado que mejor les sienta a ambos trajes -azules y grises- es el de color negro, y según clarea el tejido el marrón oscuro. En todo caso siempre es complicado igualar al primero.

      Existe una corriente de opinión que defiende que cuanto mejor sea un traje (bespoke: artesano y a la medida), más conviene arriesgar en el diseño. Por la oportunidad de hacerlo realidad, cuestión que no facilita la confección industrial. Mientras que otros creen que que si la calidad es máxima, y puesto que va a durarnos durante mucho tiempo, es mejor que sea discreto para que lo podamos utilizar en el mayor número de ocasiones posibles. De manera personal, sabéis que procedo siguiendo la primera.

      De todas las formas, sabemos que, lo más importante es que el traje se adapte a nuestro cuerpo. La chaqueta nos debe cubrir las nalgas en su totalidad, mientras que las mangas y el cuello dejarán asomar esos necesarios dos centímetros de la camisa que la protege de la suciedad. Los pantalones, por su parte, se sujetan en la cintura cayendo limpiamente hasta rozar al zapato con el bajo. Todo el tejido se ajusta a nuestra piel sin tiranteces, ni holguras.

      Las opciones que tenemos para personalizar el color azul o el gris son múltiples. Rayas diplomáticas, cuadros tipo marco de ventana, estampados Príncipes de Gales o los discretos dibujos como el sal y pimienta, ojo de perdiz, fil a fil, etc. Tan siquiera el discreto motivo de la espiga, lo distinguirá.

      Alguien dijo con mucho acierto que para dar no hacía falta tener, sino ser generoso. Vistiendo de forma correcta siempre se da… cuando menos ejemplo. Afinemos el gusto, seamos generosos.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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