Traje de Jaime Gallo en la sastrería Gallo

“El más grande de los hombres sencillos, nuestro maestro”; Pablo Neruda.

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      D. Jaime Gallo Garachana fallecía el pasado domingo 22 de noviembre. Tras de sí deja el mejor legado posible: su magistral obra y el recuerdo en la memoria de las personas que le conocimos de una sólida personalidad. Entrañable, trabajador, integro.

      Tuve el placer -y la fortuna- de compartir periódicas conversaciones durante este último año y medio con D. Jaime, y el resultado material ha sido este traje. Quise conocer a uno de los sastres más grandes, y me encontré con un excepcional ser humano.

      El recuerdo que me queda de mayor valor es el de haber recibido clases magistrales -particulares- de la mano de uno de los contados referentes en el mundo de la sastrería universal. Un profesional extraordinario.

      Cuando el lunes -23- a media mañana entraba en el hospital para acudir a una reunión de trabajo, Antonio Puebla me llamaba por teléfono para darme la fatal noticia. Necesité sentarme para asimilarlo. Sentí un vacío interior por lo mucho le iba a echar de menos. A partir de ese día me iba a faltar alguien especial para continuar con mi trabajo.

      Me hubiera gustado conocerle más para poder escribir más acerca de su trabajo. Pero quizá para eso, como oí decir del torero Rafael de Paula, habría que haber sido de su cuadrilla.

      El traje -con tejidos de SCABAL- es todo sencillez y calidad. No exento de detalles cuidados y alguna que otra sorpresa.

      Solapas de diez centímetros picadas todas ellas a mano hasta el botón del medio, el falso botón superior también bordado de forma artesana (como el resto) en la parte interior, bolsillos de media luna ligeramente biselados (incluido el del pecho) y bastante abierto en la parte inferior son las principales características de la chaqueta.

      Resulta extraordinariamente amplio en el interior y, si bien el exterior no está tan ajustado como suelo usar mis demás trajes, está de suficiente manera entallado. Solo extraño unas arrugas en la espalda a la altura de mi axila.

      El guiño -pícaro- que desconocía del maestro Gallo lo evidencié cuando me percaté de que no le puso el último botón en la manga izquierda. A buen seguro que conocía mi manía por no desear desabotonar ninguno, nunca, que no se lo cosió para que no tuviera esa tentación. Me gusta esta sorna castiza, casi retranca gallega.

      De líneas limpias en la caída sobre el pecho y la espalda, sobre todo destaca la curvatura natural de sus mangas. No hay otras iguales. El hombro -sin rollino- es continuo a la manga.

      Los pantalones son el digno complemento de la chaqueta. Sencillos. Holgados. Con dobladillo en el bajo lo que facilita la perfecta caída que tiene. Son para la utilización con tirantes y de doble pinza.

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      Para acompañar al traje con nuevos complementos a la altura del traje confié en Javier Jimenez de CENCIBEL. Cada vez me gusta más trabajar con él por las posibilidades que aporta. Y aunque tenía claro que en esta primera oportunidad de usar este traje la corbata debía ser negra como homenaje a D. Jaime, me ofreció la posibilidad de su modelo de punto –croché como le gusta decir a Javier- y no lo dudé.

      El pañuelo blanco, con el ribete en negro, entendí debía ser lo suyo.

      Al CEO de Cencibel siempre le achaco que tiene más calidad en su producto del que luego evidencia en su página web. La próxima semana presentaremos el mismo traje pero con otros de sus complementos, más alegres.

      Para el calzado, como ya adelantamos en su día, serían los spectator que nos realizó expresamente para esta ocasión Vidal Fernandez. Creo que le vienen al pelo, pero sobre todo que son igual de artesanos.

      España es un país de personajes, algunos muy grandes, y lamentablemente en ocasiones tanto como desconocidos. A buen seguro debido al extraño complejo patrio por el que no hemos sabido valorar la talla de los hombres tan válidos que para el mundo ha generado nuestra sociedad. Un claro ejemplo de ello fue el que hace poco conocí en la novela A flor de piel de Javier Moro sobre la mayor gesta sanitaria de la historia de un tal Balmis (y equipo) que vacunó de la viruela en toda la América latina y Filipinas durante el comienzo del siglo XIX. Acabó en el olvido colectivo, como tantos personajes. Jaime Gallo es una de ellas en su sector, intentaremos que no caiga en el mismo descuido.

      Gracias D. Jaime, y equipo, por haberme vestido como a un rey. Siempre agradecido.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía: Jose M. Salgado

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  • Anonimo

    La verdad es que el traje es precioso, y refleja calidad en todos sus puntos. Seguro que como siempre se hace en este país, se reconocerá más la labor del Sr. Gallo una vez fallecido. Haber cuando aprendemos a valorar cuando se puede aprender del maestro y no una vez que ya no podemos disfrutar de su magisterio. D.E.P

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado, sensacional comentario. Un saludo cordial,