Traje bespoke con Agustín García Montero en la sastrería Serna. 1ª Parte.

Traje bespoke con Agustín García Montero en la sastrería Serna. Diseño y medidas.

“La diferencia entre un veneno y una medicina está –sólo- en la dosis”; Albert Hofmann, químico suizo.

La joven sastrería española toma el testigo con total garantía. Es un hecho que nuestros noveles profesionales, de la aguja y la tijera, seguirán confeccionando a la altura de las mejores. Sino más. Y me siento muy agradecido a D. Cecilio Serna y Agustín García Montero por abrirme su casa para poder disfrutar diseñando mi nuevo traje, artesano y a medida, de la mayor calidad mundial. Bespoke, absolutamente.

Lo más motivador para hacernos un traje, en una de las más distinguidas sastrerías nacionales, es lo mucho que uno se divierte -y como- desde su concepción, se aprende como si de estudiar un máster se tratara. Sueñas un traje y te lo confeccionan. Únicamente se parte de un sobresaliente lienzo, al que se le aporta mucha pasión.

Ahora resta promocionarlo como corresponde. Y a eso voy a dedicar todo mi esfuerzo, aportando el valor añadido correspondiente. Muchos estoy seguro que coincidimos, que nuestra sastrería ha gozado siempre de la mejor salud, a nivel global. Pero, como a nuestro mejor vino o aceite de oliva, quizá no se ha sabido vender con tal categoría. Debe ser algo así, como en el pasado le ocurrió a nuestro fútbol internacional: la “furia” española. Llega “la roja”, con similares estrellas, y lo veremos.

Esta historia comienza con el mismo nexo de unión que en nuestra anterior ocasión. Mi ya buen amigo Enrique-Antón Sanjurjo Illas, gerente de la distribuidora en España de una de las mejores telas que existen en el mercado, Scabal -seguramente en disputa, con solo dos más, H&S y Loro Piana- es el que me pone en contacto con este joven, y tan mesurado como virtuoso, sastre Agustín. A juzgar por su trato personal, así como por las ropas que viste y se elabora a sí mismo. Nada más ponerme en contacto con él, me encuentro a un profesional dedicado, con el que es muy fácil compenetrarse a la perfección y seguimos el mismo ritmo apasionado, cuidadoso y esmerado en el trabajo de tándem sastre/cliente.

Tan pronto como nos presentamos, ya nos apetece trabajar el nuevo diseño de traje para otra promoción VP. Le comento que la idea es ir completando mi colección de trajes con uno cruzado y le parece fenomenal. Trabajamos en las versiones, propongo algún cuadro estampado -puesto que todos los que dispongo son lisos o de rayas- e inmediatamente comienza a mandarme muestras de este estilo, en las mejores características y bellos motivos.

Escogimos siguiendo el siguiente proceso, imposible sino entre miles de posibilidades, todas magníficas: Primero tenía claro que quería estampado de cuadros, luego que este sería marrón o gris. Con estas variables Agustín me cribó una docena de posibilidades que fuimos descartando hasta que al final, fui capaz de preseleccionar cuatro muy similares. Entre las que saldría “in situ” la definitiva, mejor verlas al natural, para cerciorarnos.

Cada propuesta ha sido respondida por una eficiente, inmediata y magistral replica. Así da gusto trabajar y solo cabe un resultado: la excelencia. Otra opción no es posible. No tardamos en alcanzar un pre-diseño que nos agrada y convence a los dos, por igual.

Los detalles –que al fin y a la postre son lo decisivo- aún no están cerrados. Más las principales premisas “a priori” que nos fijamos son:
Chaqueta:
Cruzada con botonadura doble en 6×4.
Tres bolsillos rectos, con cerillera.
Solapa muy ancha y terminadas en punta.
Doble ojal, para favorecer la total simetría.
Tela príncipe de gales de Scabal.
Armada. Hombro con un encuentro fácil, sin rollino pero no napolitano.
Botones de corozo con los tonos que combinen con el de tela.
Detalle de pliegue sin corte en la botonadura del puño. Algo distinto.
Bolsillo para el pañuelo un punto alto, para contra restar las solapas y que no me hagan bajo.
Pantalón de corte clásico:
De uso con tirantes, sin pasadores para cinturón.
Con dos trabillas en los costados, con tensor.
Sin dobladillo en el bajo.
Cintura ancha y parte trasera en V.
Dos pinzas de una, nace la raya.
Un bolsillo trasero.
Cintura limpia y sin que se vean botones.
Pantalón más informal:
De uso con tirantes, sin pasadores para cinturón.
Con dos trabillas, elásticas, en los costados.
Con dobladillo en el bajo.
Cintura ancha y parte trasera en V.
Un sola pinza DOBLE de donde nazca la raya.
Dos bolsillos traseros para hacer al traje muy simétrico.
Cintura limpia y sin que se vean botones.

Así que le visito, en la capital, el pasado viernes para: conocernos personalmente, la primera jornada de trabajo y medidas. La presentación es muy agradable y un orgullo el trabajar, en una casa con tanta solera. Previo, frugal, café en las proximidades de su sastrería, del castizo barrio de Salamanca, nos ponemos con la faena. Tratamos en directo los detalles que ya teníamos muy avanzados de nuestras comunicaciones por email. Son sopesados con las materias primas de las muestras entre las manos. En vivo.

A los pocos instantes de permanecer en la primera planta del número 4 de la calle Miguel Ángel conozco, en persona, al mismísimo D. Celiclio Serna. No necesita mayor presentación que su nombre, ya que entró en la profesión como “chico para todo” a los 11 años y ha vestido a lo largo de sus años a las personalidades más relevantes. Tanto que no podemos revelar sus insignes nombres, pero si recordar que fue el discípulo más aventajado del mítico sastre militar D. Martín Arana y del que tomo su relevo, además de clientela ilustre. La que a su vez le toma, ahora, el bueno de Agustín. No es un calificativo gratuito, es demostrable en este caso el dicho de: “dame buenas personas, que haré grandes profesionales”. El Sr. Serna ahora, está felizmente jubilado y una vez cedido el relevo a su pupilo Agustín, disfruta del merecido descanso. Al pie del cañón.

Nos pasamos charlando –distendidamente- por espacio de unas cuantas horas, que discurren como por ensalmo, y por supuesto aprovecho para solicitarle consejo, al decano, para todas las ideas en las que veníamos trabajando. Le consulto sobre el príncipe de gales, y me lo conforta entre los últimos modelos que elegimos. No por casualidad porta uno excelente, así que pregona con el ejemplo. Nos ayuda en la toma de medidas y sobre la conveniencia del ancho en el bajo de mi pantalón, y ante mi consulta me contesta con otra: ¿qué talla calzas?. Pues la mitad, me contesta. Sobre la conversación, comentar que disfrutamos dialogando sobre diversos temas como: el nivel de las sastrerías europeas, la historia de su propia experiencia profesional, como visten sus clientes y un repaso por los trajes que elaboran: especializados en los complejos trajes militares y del cuerpo diplomático. Como detalle resumir que el cuello de alguno de estos para los embajadores, llevó mucho más tiempo de bordado como ahora -de confección- mi traje nuevo.

Del traje dejamos totalmente decidido, ya mediada la tarde, que será de una tela de 280 gr., de la refinada lana virgen de oveja merino, con esbeltas líneas marrones y azules. Entre los tres, y tras no pocos titubeos pues la oferta era primorosa, nos decantamos por la definitiva. Nº de fabrica 703.167.

Durante las medidas, ocho para la chaqueta y seis para el pantalón, aunque más saldrán por proporciones, definimos los detalles técnicos más depurados. Como son el ancho de la solapa, que será de 11 cm. y el bajo del pantalón de 22 cm. Me entretengo en preguntar el porque de cada medida y compruebo que los puntos de inicio y fin de las mismas, no son tan evidentes como parecen. Cual cirujano, Agustín, sabe el punto exacto sobre el que medir en nuestro cuerpo. No en nuestra ropa. Después de repetir mi consulta, aún ahora, no sabría encontrar tales localizaciones.

En esta ocasión, y paradójicamente, nos vamos a centrar en los pantalones. Haciendo dos. Lo que me va a permitir que me dure el conjunto, a buen seguro, toda una vida. Ya sabemos que sufren más estas prendas, así que se gastan antes. Además podremos diseñar dos modelos con distintos matices pero con igual excelsa caída, cual canalón.

Ya estoy deseando acudir a la próxima visita. Y lo bueno de esta siguiente, la primera prueba, que realizaremos en pocos días, normalmente en torno a 8 ó 10 días después, es que esta solo nos servirá para el hilvanado de todas las costuras y ajustarlo a nuestro talle corporal. Como una segunda piel. Ya que casi todo se podría, aún, rectificar o modificar en cuanto a corte. Esta nos servirá, como ensayo, para ver cómo nos asienta.

De hecho todavía albergo la gran duda con el forro, y me debato entre el azulón y el rojo rioja, ambos con motivos ameba. Seguramente me decante por la primera, pero todo es posible. Y cuento con los mejores profesionales en que apoyarme.

Entiendo la sastrería como el espacio de creación, para el diseño de la excelencia en el vestir. Y como lugar imprescindible para que la medida industrial y la confección RTW, mejore, evolucionando, gracias a esta creatividad con la que tanto se goza. Continuará y lo contaremos aquí.

Muchas gracias y buena suerte,

Fotografia: © Alberto Clavijo