Traje “bespoke” con Agustín García Montero en la sastrería Serna. 3ª Parte. Prueba segunda.

Traje “bespoke” con Agustín García Montero en la sastrería Serna. 3ª Parte. Prueba segunda.

“El éxito no es un accidente. Es: trabajo duro, perseverancia, aprender, estudiar, sacrificarse… y sobre todo, AMAR LO QUE ESTAS HACIENDO”; Pelé. 

Agustín me recibe en su sastrería con la bondad que le caracteriza y con el traje dispuesto en una espléndidamente luminosa tarde madrileña. La diferencia esencial que encuentro entre la confección industrial y la sastrería artesana es que nada se debe al azar, y todo es exclusivo y premeditado; único y de la máxima calidad. Es el momento de las pruebas finales, con el objetivo de rozar la perfección y alcanzar la excelencia. En ello nos concentramos.

A los pantalones, solo, pequeños matices
Además de lo comentado en el pasado día, y ratificado al revisar las fotografías, nos habíamos dado cuenta que la caída no era natural y que se producían arrugas debido al grueso de mi muslo. Ahora, ese inconveniente está totalmente solucionado ya que Agustín, y su equipo, han ensanchado -como adelantamos- el pantalón a esta altura de mi pierna, que estaba algo justa. Esto hacía que tirara de la zona anterior hacia delante, desde abajo, de tal forma que se enganchaba la tela en la pantorrilla. Además de ensancharlo, re-entraron la parte trasera del pantalón, en el trozo de mis gemelos. Para que mejorara esta circunstancia.

Es obvio que en el pantalón más casual la caída es más agraciada motivado por su mayor peso en el bajo, y que como todos sabemos facilita.

También se corrigieron los botones de la cartera de ojales, donde podría ir alojada una cremallera, ya que vieron que hacían un guiño raro, independientemente de los tirones en la zona por el estrechamiento anteriormente comentado. He de comentar que Agustín me comenta, con la autoridad que otorga el conocimiento, que si bien los botones son más propios de la mejor sastrería, esta zona se ve embellecida por la linealidad del cierre dentado. Similar al efecto de la ballena en un pico de la camisa.

Ciertamente, la perfecta caída estaba lograda.

La prueba de fuego, en la chaqueta
Y llega la prueba más delicada: la chaqueta. Primero fueron las pruebas de las prendas inferiores para que luego -con la segunda- ya pudiéramos combinar con la blazer, por vez primera. Y ciertamente que cuando por primera vez pude disfrutar del conjunto completo, supe que sería un traje atemporal y que me acompañará por toda una vida. Casaban hasta las líneas que terminaban en ella y comenzaban en el pantalón, y aunque Agustín me aseguraba que se deben a una fortuna… Aún discrepo y más bien creo en la buena suerte. La de Alex Rovira.

Las solapas realmente son grandes, pero no observamos el temido efecto exagerado. Son contenidas y según mi gusto, están a la medida, aunque quizá máxima. Me perecen sensacionales. Se mantienen perfectamente por su especial picado, en el que gira de forma natural, debido a la manera de picar la solapa, en forma de V inversa, para que entre más entretela que tela en ese giro. Además se debe a la forma en que se han vuelto los cantos, trabajándolos girando la solapa y introduciendo un poco de flojo (más tela), en la solapa, para dotarle de esta libertad en el giro.

La altura del bolsillo superior es perfecta para compensar el efecto de acortamiento que en una figura, como la mía no demasiado espigada, puede ocasionar el cruzado y los “solapones”.

Todo el conjunto es perfectamente simétrico, no tiene ningún pero. No obstante, tanto Agustín como D. Cecilio (que tiene también la amabilidad de acompañarnos en todo momento), se apresuran a hacer los ligeros ajustes para que la culminación sea patente. Lo cierto es que a mi estos ya me cuesta detectarlos, estoy muy cómodo por dentro y no aprecio ni una sola arruga por fuera. Lo siento como una segunda piel. 

La grandeza de los detalles
El azul del forro marida perfectamente con la ligera línea del evolucionado príncipe de gales. Las líneas coinciden a lo largo de todas las costuras y los bolsillos son perfectamente, paralelos con un bonito y muy ligero, corte biselado hacia el exterior. Los botones serán una sorpresa hasta el artículo dedicado a su presentación. Solo adelantaré que arriesgamos con el color más alegre para este elemento, en el mejor corozo.

El bordado a mano del símbolo VP me gusta hasta la emoción porque si bien ya esperaba unas letras personalizadas, como en todas mis prendas artesanas. No imaginaba semejante regalo. Realmente me siento muy honrado que figuren, nuestras iniciales en un hermoso marco de ventana, al lado de la etiqueta de una sastrería que seguirá siendo vanguardia en la sastrería nacional, junto con una de las mejores proveedoras de textil a nivel mundial, Scabal.

El I+D+i, en el puño
Desde un principio exhorté a Agustín para hacer algo tan distinto que no existiera hasta la fecha. Al menos que supiéramos. Y lo quería hacer con el suficiente tacto, además de gusto, que nos permitiera destacar e innovar, pero no asustar y poder conseguir el efecto contrario. Ahuyentando de la sastrería a nadie.

El diseño que nos sacamos de la manga fue precisamente en esta. Pensé en un puño francés, pero no casaba en el conjunto. También en un pliegue en el bajo, pero me gusta simplificar el encuentro con el zapato al máximo, de ahí que éste sea el primer pantalón con vuelta que me haga. Así que lo tuve claro; un pliegue en la botonadura de la manga.

A Agustín se lo puse muy complicado porque tenía que conjugar muchos hándicaps ¿iba a sobre abultar? ¿cómo hacer coincidir los ojales ahora ya dobles? ¿el corte debía ser muy distinto al habitual?.. La solución la planchó y podéis apreciarla en las fotografías.

Será nuestra pequeña aportación a la evolución de nuestra sastrería. Si no hicimos practicables todos los ojales es porque físicamente no se podría conseguir tal planchado por el mayor grosor de todos los ojales bordados a mano, resultaría un antiestético abultamiento. Deformaría con una hinchazón que afearía la boca-manga. 

También hubo trabajo, de campo, del que disfrutar
Aunque teníamos cierta urgencia por acudir al acto de la primera presentación de mi libro en la capital, aún pude observar cómo me cortaba los ojales y se comenzaban a coser.

O se ajustaban, mínimamente, mis medidas en la chaqueta. Además observé como, Agustín, procedía a comenzar a planchar algunas prendas con dedicación, y el gran esfuerzo, que requieren sus herramientas de entre 5 y 7 kg. Por espacio de más de media hora disfruté del espectáculo, con intervalos para pulverizar con agua los tejidos y protegiendo los mismo por una sarga, sin miedo a dañarla y con una seguridad tan aplastante como la ardiente pieza metálica.

Ha sido un placer el haber realizado este nuevo trajazo VP y espero poder presentároslo en muy pocos días.

Estaré eternamente agradecido a mí admirado D. Agustín García Montero, maestro sastre, gran profesional y mejor persona, a su mentor D. Cecilio Serna, uno de los contados mitos de esta noble profesión. Y no quiero olvidarme a todo su equipazo de oficialas y oficiales, por su gran profesionalidad y mejor calidad humana.

Muchas gracias, buena suerte… y hasta la próxima. Que la habrá.

Fotografia: © Alberto Clavijo