Traje “bespoke” con Agustín García Montero en la sastrería Serna. 2ª Parte. Prueba primera.

“La belleza de las cosas existe en el espíritu de quien las contempla”; David Hume, filósofo escocés.

Los apasionados de la auténtica sastrería artesana disfrutamos a partes iguales, creando el traje que luego vistiéndolo, sino más. Y es que si es un gran momento cuando lo definimos, este va in crescendo según avanza su elaboración. En la segunda visita a la sastrería de Agustín Gª Montero, La Sastrería Serna, previa charla para ponernos al día, nos entregamos a la faena sin mucha dilación.

El forro, lo primero.
Aquello que dejamos pendiente en la anterior ocasión, es lo que primero deseaba despejar. Para ello había adquirido ya Agustín cuatro de los modelos que tanto nos dieron que cavilar en la primera ocasión. Ahora en vivo y en directo no había lugar a tales dudas y nos decantamos por el azul medio –azulón– con motivo de ameba. Todos merecían elogio, pero éste es el que mejor maridaba con nuestro “trajazo”.

Impresionante la preciosa seda que en cualquiera de sus colores es una auténtica obra de arte. Me ha servido de mucho esta concreta experiencia: y es que, si bien es cierto que las fotografías suelen ser de gran calidad, en el mayor número de ocasiones no debiéramos nunca tomar una decisión sino es en vivo y en directo. Una preselección se puede realizar en la distancia. La resolución –siempre- debe hacerse tocando el paño a la luz natural.

La chaqueta de gran solapa.
Llegados a este momento, toca la prueba del sastre. Agustín dispone –ya- de los trozos de tela cortados e hilvanados, montando el bosquejo de la chaqueta con la que me visto. He de hacer un inciso para comentar que Agustín no hace el patrón sobre el papel, sino que traslada directamente mis medidas a la tela, con holgura -en su ancho y alto- y casando perfectamente las líneas del dibujo para que coincidan en todas las costuras. Así en el afino garantizará que estas se conserven y juegue con cierto margen necesario.

Es fascinante ver su forma de trabajar, cual delineante técnico: primero ancla el origen de la chaqueta en la parte central del cuello de mi camisa, en la parte de la nuca (donde la puntilla). De este primer punto es donde parte hacia el cuello, para fijar el segundo. El de la inflexión del pescuezo, donde se encuentra con el hombro y fija el segundo.

Tengo la misma impresión que en la toma de medidas: Agustín define los puntos con la precisión de un cirujano. El tercer punto, está cantado, es el final del hombro, donde se encuentra con la manga. Y de ahí ya solo tiene que ir al cuarto y último, que yo creí era el del botón activo y visible pero no. Es el que va a fijar la inclinación de la solapa delantera, la que se ve en su totalidad.

Comprueba un instante el largo de la misma y es perfecta. Un detalle muy singular es el del talle. Por gusto, prefiero la ropa bien ajustada y Agustín me advierte que le dará un bonito quiebro a esta prenda superior, cercenando un corte especial a la tela, lo que le dotará de más volumen. A la altura de la cadera y el vuelo se acrecentará a partir de ese punto. Para que esta haga una ligera faldilla en la parte baja. Un acampanado que dará mucha personalidad al talle, denominado basé. Exquisito.

Tratamos de hacerla con tal simetría que, una vez realizadas todas las comprobaciones, Agustín une a la altura de mi ombligo ambas piezas delanteras y hace una marca para que esta sea inconfundible.

Al finalizar, montamos sobre el maniquí la chaqueta para valorar la dimensión de su solapa. Y como se me ha antojado desde un comienzo “exagerarla”, soy consciente que estoy poniendo en un aprieto a Agustín. ¿Cómo mantenerla? ¿Y que esta sea muy lucida? Va a tener que esmerarse en el corte ya que seguramente sobrepase los 11,5 cm. Me comenta que no será excesivamente difícil, si bien necesitará hacer un agudo ángulo en la V del “solapón”. Sin duda, la característica y piedra angular del conjunto. No veo el momento de verla rematada.

Quiero destacar por su importancia que las capas de toda chaqueta son:

  • Tela. La que se ve.
  • Entretela. Realizada con pelo de caballo. Se lleva solo en la zona delantera.
  • Plastrón. Que es la capa más grande del pecho y que tiene como rayas paralelas. Hecha con crines de caballo y más sólida por lo tanto. Cubre la zona que va de la clavícula hasta el pecho.
  • Buatina. Es la pieza, de color beige, y que es un poco acolchada. Se localiza en una zona más reducida que la anterior.
  • Forro. En este caso va por todo pero en ocasiones se usa solo en la parte delantera, en las costuras de atrás o en la zona de los omóplatos.

Los pantalones, las piezas destacadas.
En los pantalones nos hemos propuesto dedicar idéntico esfuerzo a la normalmente protagonista parte superior. Aún siendo no tan valorada, en general, vamos a explicar como se le pueden dar, numerosos, toques de verdadero valor.

Como habíamos adelantado, se confeccionaron y remataron los dos modelos. Más me gustaría destacar, especialmente, el detalle de los pliegues. Agustín me corrige, con toda la razón, que no son pinzas. Que éstos, son los cortes cosidos en su interior, que se alojan, por ejemplo, en las costuras perpendiculares que hay sobre los bolsillos traseros del pantalón y otras zonas. Estos dos tipos de pliegues a los que nos referimos, resultan verdaderamente exquisitos. La doble del modelo casual, en las cuales una línea continua con la raya central y la otra que muere –gradualmente- y se embebe en la pernera, me ha parecido sencillamente sublime.

Las caídas de ambas son de una tela de primera categoría y de un corte perfecto. No obstante, Agustín apunta que corregirá el diámetro de mi muslo porque le parece un tanto justo.

En cuanto al bajo, siempre es lo más difícil para mí porque para “besar” mis joyas favoritas (los zapatos), hay que ser muy certero. Dos líneas se unen en un solo punto y este es infinitesimal. Tensamos bien la altura de los tirantes y Agustín ve que va a compensar, solo un poco, la pernera izquierda.

En los dos pantalones me proveen de un ligero forro de seda para mayor comodidad. Y me comenta que los bolsillos decide hacerlos en otra tela más resistente para que aguante más tiempo en perfecto estado, por si se me ocurre “cargarlos”.

El detalle de los dos tipos de trabillas, todo abotonado, los refuerzos de los puntos que sometemos a más esfuerzo -denominados presillas-, el botón oculto de la petrina y la caída cual tubo en mis piernas de ambas perneras hacen de unos pantalones de la máxima calidad.

Otro grato rato, durante el corte.
Una vez rematada estas pruebas, que se prolonga por más de dos horas, disfruto de un buen rato de charla en el taller, de ver como Agustín cose y corta los encargos que tiene para el día. D. Cecilio, se despide y nos deja con nuestra interesante tertulia.

He de agradecer la amabilidad que D. Cecilio Serna me muestra. Nos acompañó en todo momento y aportó, con su presencia y valoración, buena parte de la experiencia acumulada en sus seis décadas de ejercicio. Comprobó, asimismo cada punto con el respeto y la confianza del que sabe de la maestría y solvencia de su pupilo, (ya maestro sastre artesano), y con el convencimiento que la joven sastrería española es la que tiene mejor proyección y relevo. El error, por pequeño que sea, aquí simplemente no es una opción.

Entre las muchas anécdotas que me comenta, y puedo desvelar, comparto una que me pareció muy curiosa. Y es que dispone en su oferta de una tela exquisita de 160 gr., que es la más cara, y que corresponde al primer pelo del animal que aún no ha dejado de alimentarse de la leche materna. Este pelo no es esquilado, sino cortado o lo que pierde cuando sale el definitivo, solo de una parte específica de su anatomía y en las mejores llamas. Es a la Alpaca, algo así como el Campanu asturiano, del primer salmón. Seguro que mi buen amigo Enrique-Antón Sanjurjo Illas, lo contaría con mucha más documentación que yo.

Las horas de trabajo que le quedan para rematar de cortar y coser mí chaqueta serán muchas aún, hasta llegar a las 70 que calcula va a invertir en completar mi traje, así que nos despedimos como dos amigos que ya tienen ganas de volverse a ver, para ponerse a trabajar en equipo. Y cada uno nos vamos a nuestras respectivas obligaciones.

Otro gran momento de trabajo y constructiva conversación que continuará y os lo contaremos.

Muchas gracias y buena suerte,

Fotografia: © Alberto Clavijo