Tirantes. Normas prácticas de uso.

“El conocimiento de los hombres no va más allá de su experiencia”; John Locke (1632-1704); científico inglés.

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      La monotonía resulta aburrida. Por el contrario, cuanta mayor variedad de conceptos incorporemos a nuestra actividad diaria, más entretenida -además de enriquecedora- se convertirá nuestra existencia.

      Reconozco que hasta que me hice mi primer traje de sastrería, no utilizaba tirantes. Al menos desde mi etapa infantil. Sin embargo, hoy me encanta alternar su uso con el de los cinturones, y en todos mis pantalones a medida solicito botones en el interior de la cintura para abotonarlos. En los de las tiendas, nunca los llevan.

      Cada cosa está para lo que está. Malo sería si acudiéramos a la boda de nuestro mejor amigo vestidos de igual manera a como lo hicimos en su despedida de soltero. Eso incluye también a los complementos.

      El cinto es el complemento más extendido para mantener en su sitio al pantalón porque resulta práctico, pero deberíamos inclinarnos hacia los tirantes para el uso formal.

      Como hace más de tres años vimos este complemento en profundidad, en esta ocasión me ceñiré a lo que desde entonces me ha proporcionado la práctica de su utilización.

      Las dos trabillas laterales tensoras (o la trasera central) no son imprescindibles, pero si complementarias. Podemos prescindir de ellas fácilmente si el pantalón es a nuestra medida, a no ser de padecer abruptas variaciones de peso. Si el pantalón lo fuéramos a utilizar sin corbata se hacen necesarias para mantenerlo en su sitio puesto que los tirantes ya no parecen aconsejables, y no están preparados para alojar en cinturón.

      Los tipos de ajuste para estos tensores pueden ser a tramos mediante botones u ojales, o graduales mediante argollas.

      A los pantalones para uso con tirantes, nunca se les cose pasadores para cinto. Lo redundante afea.

      La versión de los tirantes que conocemos hoy en día se la debemos a Albert Thurston (1820), o en España a Alsina (1881). Los primeros eran rígidos, de lana tejida (box-cloth), de cuero trenzado o seda. Resistentes pero no elásticos. Hoy estos materiales se reservan para los refuerzos y extremos, y la mayoría se realizan con la cinta elástica de algodón.

      Como resultado, proporcionan una libertad de movimientos con un retorno a su posición inicial.

      Aunque todos vienen provistos con unas pinzas metálicas para enganchar al pantalón, de manera personal nunca las uso y las termino perdiendo. Afean más que las delicadas lanzaderas.

      Como no todo iban a ser ventajas, el principal inconveniente que les he encontrado es que me cargan los músculos entre el hombro y el cuello (trapecios) cuando los utilizo durante todo el día, sobre todo si permanezco mucho tiempo de pies. Es un método infalible para comprobar lo que pesa la ropa.

      En cuanto a su color, resulta indiferente puesto que no se deben dejar ver nunca. No resulta estético, al contrario de lo que sucede con el cinturón. Por lo tanto, con tener solo un modelo es suficiente puesto que no debemos combinarlos con nada. Intentar hacerlo resultará superfluo, aunque podemos intentar que se integren en el conjunto por si en algún gesto quedan a la vista.

      Los tirantes son para pantalones “de vestir”… nunca los recomendaría para unos vaqueros, chinos o similares.

      Aunque la versión de los botones por fuera son más tradicionales. Antiguos. Resultan escandalosos, por lo que nunca me los planteé.

      El cinto es cómodo para sujetar el pantalón a la cadera pero no a la cintura (entre ésta y el ombligo, algo más arriba y blanda), y la presión para mantener el pantalón a esa altura se haría molesta.

      Cuanto más formal sea el pantalón, al llevar el talle más alto, más favorece el uso de los tirantes.

      Existe un tipo de tirantes con tiradores para ajustarlos tirando hacia ellos hacia abajo, aunque son mucho más difíciles de encontrar.

      Mi experiencia es clara, siempre que las circunstancias nos lo permitan optemos por los tirantes. Diferencian. Y al hacerlo, triunfan.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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