Tejidos; la importancia de combinarlos correctamente.

“Hasta ahora, el único camino que encontraron los hombres hacia la verdad, fue el error”; Nicolae Iorga (1871-1940), dramaturgo rumano.

      Un auténtico artista domina la materia en su totalidad. Porque para ser verdaderamente bueno en cualquier actividad no es suficiente con un acierto espontáneo, sino que se requiere una trayectoria ejemplar. Aquella que proporcionan la preparación y el conocimiento.

      A la hora de combinar nuestro atuendo, el tejido de las prendas que lo componen resulta tan decisivo como su color. Más si cabe. Pues esta decisión sobre la composición de la tela determina una gran proporción del acierto de nuestro conjunto.

      Así, un pantalón claro -o incluso blanco- de franela será acertado durante el invierno mientras que un azul metálico de lino será impropio de esa misma estación.

      Mezclar telas según su composición es parte fundamental del vestuario. A la hora de combinar, aunar linos con franelas resulta igual de desatinado que juntar el color granate de un pantalón con el tono fucsia de un jersey. No llama tanto la atención a primera vista, pero ofrece un aspecto deslucido.

      Las texturas propias de invierno son las lanas, panas y terciopelos; de igual manera que los más ligeros para el verano. Siendo los algodones, y dependiendo de sus gramajes, validos para ambos climas. Además, el algodón sirve de transición entre las distintas lanas y como amalgama del lino o la seda.

      Esto también vale para los complementos. Principalmente para las bufandas -o corbatas- de lana durante el frío que en épocas de calor se convierten en fulares de lino, pashminas de algodón o pañuelos de seda. En el caso de los calcetines pasaremos del cashmere invernal al hilo de Escocia o lino cuando hace calor y necesitamos transpiración. No abrigo.

      Los tejidos pueden ser de origen animal (lanas de muy diversas procedencias y la seda), vegetal (algodón y lino preferentemente) o artificial mineral (materiales plásticos provenientes de refinar el petróleo). Mientras por su forma de tejer tenemos variedades especificas como el seersucker, el tweed, el casentino y un largo etcétera.

      Aunque parezcan matices, el hombre experimentado sabe apreciar cuando una camisa de cuadros Tattersall es más apropiada que una Cambray o cuando elegir un pañuelo de algodón, seda, lino o lana para adornar el bolsillo de su chaqueta.

      Este concepto no es superficial, sino de mayor calado que la mera estética, por que exige documentación y esfuerzo permanente. No solo dosis puntuales de inspiración.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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