Tejidos frescos

“Si el hombre fuera constante, sería perfecto”; William Shakespeare.

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      Los rigores del calor nos tientan a la dejadez. Durante el verano prendas como las chaquetas se tornan prescindibles, o deseamos vestir otras en su mínima expresión acortando mangas o perneras. No ha lugar para ello. Si deseamos la imagen más decorosa tan solo debemos optar por los tejidos adecuados, puesto que resulta igual de absurdo combatir el frío con un abrigo de lino que el calor con una polera de lana.

      Las tribus nómadas del Desierto del Sahara son un ejemplo de como sobrellevar con estoicismo el calor. Alberto Vázquez-Figueroa lo describe de manera magistral en sus novelas Tuareg (1980) y El último Tuareg (2014). Los también conocidos como Príncipes del Desierto sobrellevan las extremas temperaturas de su hábitat (que pueden superar los 50 ºC) totalmente cubiertos. Eso si, con un vestuario adecuado.

      Las fibras naturales son las más adecuadas cuando el mercurio supera los veinte y pico grados centígrados. Algodón, seda o lino son los mejores ejemplos. Así como son válidas las mezclas entre ellas como el seersucker, con un tejido rugoso, u otras formas de tejer estas fibras como la gabardina o el piqué.

      La lana fría es un término más o menos moderno. En realidad se trata de la propia fibra de lana virgen solo que tejida con una trama especial, más abierta, lo que la convierte en casi transparente al trasluz. Esta variedad, también conocida con el nombre de “fresco”, tiene como principales características que es muy aireada y ligera (con un peso de entre 250 y 450 gramos por metro).

      Dentro de estos paños artificiales, el popelín es una tela suave que se arruga con facilidad y está compuesta de algodón y poliéster (plástico artificial procedente del petróleo).

      Otro tejido sintético apto para verano es el conocido como rayón (viscosa), confeccionado a base de celulosa (madera).

      El junco, el bejuco, el sisal, el seagrass, la fibra de coco, el yute o el cáñamo ya son otro tipo de fibras, más rudas, que dentro del vestuario solo sirven para realizar piezas como las suela de las alpargatas. No aptos por lo tanto para la ropa por su dureza, y que por norma general son empleados para la confección de felpudos, sogas, y otros objetos similares.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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