Tarjetón manuscrito

“El ejemplo es una lección que todos los hombres pueden leer”; Morris West (1916-1999) novelista australiano.

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      Nuestros actos nos definen. Todos. Los buenos y los que no lo son. Algunas de nuestras acciones hablan de nuestra personalidad de forma más precisa de lo que lo pudieran hacer miles de palabras. Así, gestos como enviar una carta de agradecimiento escrita de puño y letra nos revisten de una elegancia similar a como lo haría un impecable traje a medida. Sino superior.

      A diario tengo la fortuna de recibir múltiples muestras de afecto, espero saber corresponder a todas ellas. No obstante, reconozco que cada vez que recibo el detalle de una tarjeta manuscrita, sé que me encuentro ante un ejemplo de caballerosidad.

      A través del e-mail, en las redes sociales o mediante mensajes al móvil todos recibimos delicados mensajes, pero enviar una misiva supone la máxima expresión. Este gesto evidencia muchos valores. Educación, respeto, cultura, delicadeza… y generosidad. Sobre todo generosidad, de tiempo y de disponibilidad.

      Lo que hasta hace unos pocos años no dejaba de ser un simple acto cotidiano, hoy escribir una carta se puede convertir una pequeña epopeya puesto que se trata de una actividad que requiere de un esfuerzo extra.

      Cada vez hay menos estancos donde comprar sellos, las oficinas de correos son contadas y tienen horarios limitados. Tampoco es que dispongamos de muchos buzones donde depositar las cartas. Por no hablar del tiempo que nos requiere escribir a mano, contar con los fungibles de papelería timbrada, etcétera.

      Todo ello cuando en tiempo real podemos mandar un mensaje por cualquier dispositivo electrónico. Ahí es donde reside su principal valor: en el esfuerzo. Dentro de una sociedad que incentiva la inmediatez, lo convierte en un verdadero regalo para quien lo recibe.

      Apenas cuesta dinero, pero vale más que él y cualquiera con voluntad lo podemos realizar. El resultado hace que quedemos como auténticos señores.

      Estoy muy agradecido a Jose A. y a todas las personas que con su educado proceder hacen cada día mejor esta página. Me hago eco de ello porque, a parte de ser un acto de justicia, vale de mayor ejemplo que mil artículos teóricos.

      Acostumbro a comentar que la calidad de VP se la dais sus lectores, pues con detalles como estos queda demostrado.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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