Cada vez abundan menos imágenes así…

“Las cosas más importantes son a veces las que pasan desapercibidas”; Laurent Gounelle; psicólogo francés.

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      Acudo a misa con la regularidad que mi pereza me lo permite. Es decir, y lo confieso de manera pública, en menos oportunidades de las que debería si fuera consecuente con mis creencias religiosas. El caso es que con motivo de que mi hija pequeña ha comenzado con su preparación en la catequesis, la acompañaré a la iglesia -en familia- para educar con el ejemplo cada Domingo. Sigue leyendo

¿Es elegante no pasar inadvertido?

“Necesaria es la experiencia para saber cualquier cosa”; Séneca.

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      No existe mayor superficialidad que la de tratar parecer elegante. Peor aún si se intenta valiéndose, solo, del vestuario. La mera idea de pretenderlo lo descarta, porque un ser elegante no lo pretende. Ni siquiera lo desea. Alguien elegante lo es. Sigue leyendo

La afectación; el mayor enemigo de la elegancia

“Siempre es mejor actuar con confianza, no importa si es poca”; Lillian Hellman, escritor estadounidense (1905-1984).

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      El término se las trae. De hecho “afectado” apenas se utiliza sino es para su acepción como perjudicado, sin embargo su descripción resulta sutil. Otros vocablos sinónimos que nos aportan similar información son rebuscado, artificioso, fingido, simulado, jactancioso, petulante, ostentoso, extravagante, pedante, esnob, cursi, ñoño o mojigato. Sigue leyendo

EL ESTILO: LA PERSONALIDAD TRASLADADA AL ATUENDO por Lucio Rivas

“En unos, el estilo nace de los pensamientos; en otros, los pensamientos nacen del estilo”; Joseph Joubert, moralista francés.

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      Siempre me gustaron los artículos sobre la temática masculina. Tras escribir casi seis centenares de ellos, y leer algunos más, creo que es el momento propicio para dar entrada en ésta vuestra página a otras plumas que nos enriquezcan con el valor de los suyos. Sigue leyendo

La clase de Don Juan Pablo

“Tener clase es un don enigmático que la naturaleza otorga a ciertas personas. Una secreta seducción que emiten algunos individuos a través de su forma natural de ser y de estar. Este don es mucho más fascinante que el propio talento”; Manuel Vicent, periodista y escritor español.

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Silvano: Carai, que clase tiene usted caballero… ¿cómo lo ha logrado?

D. Juan Pablo: Buenas tardes señor. La clase, entiendo, es el alma. Sigue leyendo

Lucir una flor en el ojal de nuestra chaqueta

lucir-flor-ojal-chaqueta-hombre-00“La tierra se ríe en flores”; Edward Estlin Cummings, poeta estadounidense.

      Adornar -en ocasiones puntuales- con una sencilla flor el ojal de nuestra chaqueta resulta de una elegancia sin par. Acto valiente y galante donde los haya, si la flor es tan acertada como la ocasión en la que se exhibe se convierte en un detalle de refinado gusto.

      No puede considerarse como un acto excéntrico. Si los “nuevos dandis” cometen osadías que son calificadas por algunos como “estilosas” tales como: vestir desbocada una chaqueta cruzada totalmente desabotonada, anudarse la corbata de manera que rebase ampliamente la cintura o acompañar a un traje con un calzado deportivo. Calificar a un acto de tal delicadeza -como colocarse una flor en el ojal de nuestra chaqueta- de snob demostrará lo lejos que se está del buen gusto, clásico. Es decir, del de siempre.

      Un atrevimiento como éste debería asociarse a la espontaneidad. Nada premeditado.

      Embellecer con una flor el primer ojal de nuestra chaqueta tiene que ver con la improvisación de encontrársela entre un ramo o en el jardín, con la naturalidad de pasársela por el ojal en ese preciso instante y con la frescura de mantenerla mientras está en perfectas condiciones.

      No deberíamos estar ante un acto reflexivo sino más bien impulsivo. Verla, tomarla y calársela.

      De igual manera a como una diva de la copla se coloca con gracia una flor por encima de su oreja si se la lanzan al escenario, un caballero debería sabérsela acomodar en el ojal de su chaqueta si se topa con ella. Sigue leyendo