Sombreros para verano

“Está bien tener sombrero por si se presenta una buena ocasión para quitárselo”; Joaquín Sabina.

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      Seguro. Aunque se quiera atribuir la desaparición del sombrero a que en la década de los 60 la moda en la cabeza del hombre la marcaron los Beatles con sus melenas, Elvis Presley y su tupé o el mismísimo presidente JFK luciendo un impoluto peinado. Lo que en realidad dio lugar al comienzo del declive en su uso -gradual y progresivo, pero a la postre hasta casi extinguirlo- fue la utilización del coche de manera cotidiana.

      El automóvil nos protege totalmente. Por lo que la función de cubrirnos con el sombrero se hace innecesaria, e incómoda a menos que adaptemos la altura de su techo como los taxis en Inglaterra a la medida de la chistera. Luego solo resta la estética, y ésta ya sabemos como ha evolucionado. Hacia la relajación, o dejadez, y la máxima de ceñirse a la moda imperante en la mayoría de los casos.

      Pero cuando llega el calor permanecemos durante cada vez más tiempo al aire libre bajo los rigores de los rayos del sol. Por lo que se hace necesario protegernos de ellos utilizando sombreros con mayor asiduidad.

      La cabeza es uno de los órganos que mayor energía consumen de nuestro cuerpo en comparación con su tamaño (20 % de las calorías totales frente a una superficie inferior al 10%), como también es donde se concentran la mayor cantidad de células nerviosas. Por este motivo sentimos más -el calor ó el frío- en esta zona de nuestro cuerpo, aunque resulte un bulo que por la cabeza perdamos mayor calor que en el resto de nuestra fisionomía.

      La sensación térmica depende del grado de exposición de nuestra piel, y si padecemos una mayor incomodidad en la cabeza es porque la tenemos descubierta y el cuerpo normalmente vestido.

      Un sombrero evita que podamos sufrir insolaciones a causa del calor, o constipados a causa del frío. Por eso en la playa, el campo o la montaña se hacen necesarios para la salud, y vemos en ellas muchas gorras y viseras aunque para vestir compartiremos que serán más elegantes los sombreros de paja que éstos con reclamos publicitarios.

      Los sombreros más indicados para el verano se realizan con paja. Bellos y saludables a partes iguales. Pues de la misma manera que los de fieltro (de pelo animal o lana virgen) abrigan durante el invierno, la principal ventaja de las fibras vegetales secas para el verano es que permiten la transpiración además de proporcionar sombra.

      Si los sombreros oscuros puede dar algún tipo de reparo usarlos, estos claros no tanto porque el ambiente lúdico -de la playa, el campo o en las vacaciones- lo propicia.

      Estéticamente debemos tomar la precaución de elegir un sombrero de ala proporcional a las dimensiones de nuestra cabeza. Además de tener en cuenta que algo que le sienta mal al uso del sombrero es que nuestro pelo se vea por debajo. Razón por la que les queda mejor a los que carecen de mucho cabello o los que lo llevan corto. Cuestión, última, en la que solemos coincidir casi todos durante los meses de calor.

      El modelo por excelencia es el Montecristi, y aunque podría describir el proceso de este sombrero desde que se elige el tallo a cortar de la palma “carludovica palmata” de forma cuidadosa para que la planta no sufra y extraer de su interior la fibras más finas y blancas que junto el azufre y el sol provocarán su nuclear condición para su compleja elaboración. Mejor os dejo que lo disfrutéis en el documental insertado al final, que si bien no tiene una cuidada maquetación si que supone una lección básica y didáctica del elegante Jipijapa.

      Aunque el conocido como sombrero Panama sea el más utilizado en su patrón Fedora, también los tenemos en la forma Trilby, Optimo, Homburg, Derby, etc.

      Otro famoso tipo de sombrero de paja para vestir es el Canotier. Casi obsoleto, pero que personajes como Guillaume Bo se empeñan -actualmente- en que no sea así con estilo propio y buen gusto.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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