Sombrero de copa; la más alta distinción para vestir la cabeza

El sombrero de copa (alta), “top hat” para los británicos o la castellana chistera es el sombrero más distinguido que pueda vestirse un caballero a lo largo de su vida. Está indicado para su exclusivo uso cuando vestimos un traje formal; un frac o un chaqué, y esto hace que sea la más completa expresión de la máxima solemnidad.

También recibe el nombre de sombrero galera y es sin duda alguna el más difícil de ver vestir en la actualidad por sus características y usos, aunque no deja de estar desaparecido por completo y como –en tantas otras ocasiones- cuenta con la monarquía inglesa como último baluarte y principal conservador de este tradicional artículo. El que ha sido tomado como símbolo del popular juego del “monopoly”, marca el mayor hito a la hora de vestir nuestra cabeza y solo ha sido usado por los más gentiles en las circunstancias más especiales y particulares.

Su utilización es poco más que testimonial además de momentánea, ya que si es harto complicado que disfrutemos de su utilización en algún momento, este además será por muy breve espacio de tiempo ya que cuando se visten estas galas, casi permaneceremos en exclusiva bajo techo (salvo en el hipódromo), por lo que no es posible lucirlo durante largo trance. No obstante pocos complementos tan brevemente lucidos serán tan recordados y su importancia será tan relevante, así como la llamada a la atención es inversamente proporcional al tiempo que permanece en nuestra cabeza. Aun así entiendo que es importante dedicarle un específico espacio de tiempo por múltiples razones, además de por su merecido homenaje, y algunas de las cuales son; La principal para tener un completo conocimiento de la globalidad de posibilidades de nuestro atuendo, siguiendo porque su olvido es el primer paso para su total extinción lo cual deberíamos evitar a toda costa y, además, porque de poder hacer acopio del valor suficiente, en el momento oportuno para mostrar todo nuestro conocimiento y personalidad, nos hará ser un referente único y perdurar con dicha imagen para la posteridad.

El frac y la chistera deben ser de una unidad inseparables por protocolo, además de que si harto improbable ha de ser el vestir con este atuendo, el más formal al que podamos acceder, que mejor motivo que completarlo con su correspondiente sombrero, en estos contados acontecimientos para que lo luzcamos en su totalidad. No sería pues acertado prescindir del mismo en el caso del “white tie dress code”, como sí lo es -sin embargo- en el otro traje formal del que ya ha sido mucho más relegado, al no ser de obligado cumplimiento con el chaqué, del que no solo se le puede separar sino que de hecho es muy poco usado para acompañarlo. No obstante, como hemos venido comentando, de cubrirnos la cabeza con él sería harto acertado.

Tan pronto como pensamos en este atuendo del caballero se nos viene a la cabeza inmediatamente; Fred Astaire, el cine más clásico en blanco y negro, las carreras de caballos de Ascot, de donde sacaban conejos o palomas los magos más tradicionales, Abraham Lincoln o la mismísima Marlene Dietrich… pero también el “cobrador del frac”, y no sin cierta lástima pienso en cuanto daño no habrá hecho el ridiculizar y trivializar tan espectacular traje y complemento.

Este sombrero fabricado principalmente en seda, aunque también se confecciona en lana y pelo aunque los primeros fueron de piel de castor, ha sido utilizado por el caballero desde comienzos del siglo XIX incluso en los momentos más cotidianos como el ocio y los negocios, ya que en estos momentos vestían las galas acordes a tal complemento. Al final del mismo siglo y precisamente por la relajación de todo el atuendo deja sitio al modelo de bombín.

Su altura oscila entre los 11 centímetros en los más bajos y los 14 de los más altos, sutilmente muy poco más ancha en su parte superior, aunque completamente cilíndrica en los de menor calidad y dependiendo también la forma de su ala del grado de detalle de fabricante. Su color es preferentemente negro, con tira de seda del mismo color aunque también se confeccionan en gris claro con idéntica tira negra.

Hoy en día tiene su uso más habitual en el elegante mundo de la doma de caballos y sus competiciones asociadas, donde es más que característico por su refinada uniformidad la cual no desentona en absoluto y parece de lo más natural, cual legítimos caballeros.

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