Solapa picada a mano o con máquina

“Un verdadero artista debe dominar muchas materias”; Rick Riordan (1964), escritor estadounidense.

      Somos responsables de lo que decimos, nunca de lo que se interpreta. Nada más publicar el artículo del pasado viernes me llegaron mensajes pidiendo explicaciones sobre por qué había utilizado la imagen de una solapa picada a maquina como si fuera a mano. 

      La respuesta fue simple: no lo hice. Lo que ilustraba la foto de portada era una solapa a medio hacer. Y la utilicé como solapa tipo que podría ser de distintos tipos atendiendo a su geometría. No aludiendo nunca al cómo se hizo.

      Para completar dicho artículo diré que la entretela se puede unir a la tela en la zona de las solapas en una chaqueta de tres maneras: termofijada, cosida a máquina o de forma manual.

      En el primer caso se utiliza una entretela impregnada con adhesivo seco en una de sus caras (la que irá en contacto con la cara interna de la tela exterior) que se funde con el calor de la plancha y une ambas partes en la zona de las solapas. La principal ventaja es que resulta muy rápida, cómoda y sencilla, aunque ambas telas pueden despegarse dando lugar a arrugas indeseables. Aguas.

      Cuando esta unión se realiza mediante hilo se dice que se “pica” la solapa. Y este bordado puede ser realizado por un profesional a mano o valiéndose de una máquina.

      ¿Qué diferencias hay entre un picado y otro? La principal es que en una se utilizan solo las manos, mientras que en la otra el operario se ayuda con una máquina especifica. Aunque la calidad dependerá más de la pericia del que la realiza que del método utilizado.

      ¿Cómo distinguirlos? El picado manual es irregular y las puntadas giran hacia el interior para que la solapa se ciña al cuerpo de la chaqueta. En cuanto al que se realiza con la ayuda de una máquina (Strobel o similar), las puntadas se alinean de manera perfecta, con idéntica distancia entre filas y longitud de paso.

      Si la técnica está bien ejecutada, tanto en un caso como en el otro darán el característico vuelo natural a la solapa. El método resulta secundario. Sin embargo, en el caso de hacerlo a máquina habrá que vigilar cada puntada. Circunstancia que resulta evidente que sucede cuando se cose a mano.

      En ambos casos se deberá evitar que queden espacios de tejido sin “pasar”, que no queden flojos (exceso o bolsas de tela) y que la tela interior consiga la torsión suficiente como para que logre la bella ondulación.

      La clave está en saber envolver y repartir la entretela sobre la tela por debajo para que vaya cogiendo la forma adecuada. Y eso es el arte; o la maña.

      En un picado correcto, no se ha de ver el hilo por el interior de la solapa puesto que irá por dentro del paño. Situación que, por pura lógica, cuando cuanto más fino sea la tela más complicado será de evitar (y más sufrirá la yema del dedo de quien pica).

      De todas formas; a mi me encanta que se intuya esa rugosidad en el revés de la solapa.

      La operación del picado a mano de una solapa se prolonga por espacio de una hora larga, mientras que si lo realiza una máquina será cuestión de unos pocos minutos (en torno a 6 ó 7 por delantero).

      Ninguna operación es mejor que otra, sirva como detalle que sin excepción alguna hoy todos los cuellos vienen picados a máquina de serie, sencillamente “cada maestrillo tiene su librillo”. Y mientras veteranos como Cesáreo García de Loza ceden su máquina al museo porque no mejoran su maestría, otros más jóvenes o menos puristas se valen de ella como instrumento que rentabilice su trabajo.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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