Sobre el vestuario de los políticos durante el debate

“El ejemplo, sea bueno o malo, tiene una poderosa influencia”; George Washington (1732-1799).

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      Hay presencias que nos marcan, que nos invitan a mejorar. Éste no es el caso de la imagen de los candidatos a la presidencia del gobierno español, porque su imagen no alcanza -ni de lejos- la excelencia.

      Un funcionario público como cualquier otro profesional se debe a quien le paga. En el caso particular de los cargos electos trabajan para la sociedad que les otorga su confianza en las urnas, luego su presencia nos afecta a todos y no solo a ellos a nivel particular. Motivo por el cual deberían cuidar con esmero la imagen que proyectan.

      Por otro lado, y aunque solo fuera por su propio beneficio, de esforzarse en este apartado a buen seguro que les sería rentable. Una imagen impoluta seguro que inclina algún voto hacia sus listas gracias a esta faceta. Máxime ante tanto indeciso.

      En el caso de los cuatro aspirantes a las elecciones del 26 J existen errores comunes de bulto como que la altura del bajo de sus pantalones no es el correcto. Algo tan evidente como sencillo de corregir y difícil de entender que no acierte ninguno. Lo mejor es que -salvo el populista Pablo Iglesias- todos aciertan al utilizar zapatos negros de cordones. Menos es nada.

      Si analizamos uno por uno a los candidatos, Mariano Rajoy (PP) está en su papel por edad y posición. Mucho hubiera mejorado con un discreto estampado para su corbata. El elegante Macclesfield, o similar en detrimento del liso mate que lució hubiera sido una opción. Lo peor es que la hechura de su traje no se adapta a su fisionomía. Cierto es que su cuerpo, desgarbado, no ayuda al sastre pero tiene gran margen de mejora. Si, además, en vez de un boli tipo BIC hubiera utilizado uno de fino metal demostraría mucha mejor presencia.

      Pedro Sanchez (PSOE) pese a tener mejor percha que el resto no le saca partido. Eligió bien el color de su corbata, pero como el popular tampoco acierta con su tejido. Además le realiza un pésimo nudo a su corbata, estrecha para lo contundente de su envergadura. Del resto del conjunto… los pantalones siempre los lleva demasiado estrechos. Digno es destacar la mejora de su imagen con respecto al anterior debate en el que utilizó una desafortunada combinación de pantalón negro con una chaqueta azul marina, ambos de traje, acompañados de un zapato marrón.

      El líder de Ciudadanos, Albert Rivera, patina al no utilizar la corbata con un traje y quedar en tierra de nadie. Lástima por que es el único político que conoce que existen pañuelos para alojar en el bolsillo superior de su chaqueta. Si en el primer debate utilizó un desacertado color casi negro para su traje con un feo brillo, en esta oportunidad utilizó un azul medio que daba la cara. Mejoraría de haber asomado los puños de su camisa.

      Pablo Iglesias de Unidos Podemos, optó por la camisa blanca para evitar las marcas de sudor que aterrorizaron durante el primer debate. Es todo lo que aprendió respecto de ese envite. Y si bien es cierto que sabe que a los premios Goya tiene que acudir de etiqueta, aunque lo haga con un esmoquin dos tallas más grandes de las necesarias, y en ocasiones flirtea con una estrecha corbata tendiendo al dandismo, se empeña en mostrar una pobre imagen con vaqueros. Pero sin clase. Ah, y por cierto, que de ALCAMPO o similar todos podemos vestir en alguna oportunidad, aunque no hace falta alardear de ello. Y se puede realizar con mucha mayor fortuna y humildad.

      El estilo es decisivo. Lo que transmites con él tiene que resultar autentico, más si cabe en un cargo como el de estos cuatro señores.

      Un político no debe ser un modelo, porque tiene que ser discreto como el que más, aunque también en este aspecto tiene que ofrecer su mejor versión. Obama lo es y se esfuerza. Lástima que los que mejor imagen intentan mostrar (Barcenas, Conde, Rato, Urdangarín, Matas y compañía) terminan siendo un pésimo ejemplo. También en esto hubo tiempos mejores.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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