RRL&CO. Fuente de inspiración “vintage”.

“La felicidad es el secreto de toda belleza. No hay belleza sin felicidad”; Christian Dior (1905-1957), diseñador de moda francés.

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      Las prendas que están a nuestra disposición distan mucho de ser perfectas, pero es el material que tenemos al alcance inmediato para construir nuestra imagen. Y nos tenemos que arreglar con lo que hay.

      Cuando visito las tiendas de ropa de mi ciudad, idénticas hoy a las de cualquier otra, me resulta harto complicado encontrar esa prenda que se adapte a mi gusto. No por cantidad, sino precisamente por todo lo contrario. La abrumadora variedad suele ser inversamente proporcional al buen gusto que tienen.

      El estilo que compartimos muchos de los que aquí confluimos es el de toda la vida. Clásico. Sencillo. Sin alardes. Prefiriendo la calidad al snobismo y una durabilidad a la rotación. ¿Porqué, entonces, nos cambian semestralmente el cierre de los jerséis, varían el ancho de las solapas en las chaquetas o les colocan nuevos bolsillos a los pantalones? Si no mejoran estos productos, y fueron consumidos, porque alterarlos.

      De alguna manera esto me recuerda a la obsolescencia programada, y me impulsa a que según encuentre la codiciada pieza de -por ejemplo- una camisa lisa sin ojales (ni otros detalles) de contraste me sienta tentado a acopiar una remesa con la que hacer frente a los momentos de “racionamiento”.

      Los hombres no seguimos tendencias; tenemos estilo, y éste evoluciona y madura pero no suele girar 180º.

      La buena noticia es que existen firmas como Ralph Lauren con un estilo imperturbable. Americano. Con encanto. La serie de modelos que presenta en la colección RRL&Co. se ven de otra época pero no rancias. Con esencia. No es su Etiqueta Morada (Purple Label) -fina y actual- ni la transgresora línea Denim, como tampoco la fresca Polo Sport. Aunque todas conservan ese aire conservador que la hace creíble para el cliente. Año tras año.

      Me encanta ver las imágenes de la galería para comprobar lo poco que ha evolucionado el aire clásico durante los últimos cien años. Prueba evidente de lo difícil que es mejorar al estilo tradicional, y lo acertado que resulta.

      Llamar la atención tiene que ver con un complejo de superioridad (o inferioridad, en cuyo caso es lo mismo); y para destilar elegancia solo se necesita, ademas de educación, conocimiento.

      Ciertas marcas o comercios se vanaglorian del año de su fundación, pero no saben mantener su esencia primera. Y lo que necesitamos es que los establecimientos pongan a nuestra disposición aquél pantalón de pinzas, o la tradicional blazer, con un corte que permita una caída limpia y se adapte a nuestro cuerpo. No que nos adornen con mil detalles sin sentido, cada vez con peor calidad en el tejido y menos arte en la confección.

      La moda clásica es eterna y cuando nos encontremos despistados siempre será eficaz resetear a origen, al amparo de las piezas vintage, para tomar renovados impulsos.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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