Ropa a medida

“No puedes tener una ciencia si no tienes medidas”; Richard Wesley Hamming (1915-1998), matemático estadounidense.

      Un traje no tiene que sentar como un guante, sino como un traje. Una camisa como una camisa, y así de manera específica con cada una del resto de las prendas con las que vestimos.

      Vestirse a la medida, propia, no significa que la ropa replique nuestra figura. Como tampoco significa que sea cubrirse con capas superpuestas de tejidos que moldean nuestro contorno, ajustándose al cuerpo, como si fuéramos cebollas. Lo que persigue la medida es potenciar el físico del portador. Es decir, disimular debilidades y potenciar virtudes.

      Resulta igual de lamentable ver un torso atlético difuminado tras una chaqueta con una talla de más, como unos botones a punto de dispararse desde una abultada barriga.

      Un pantalón a medida no es aquel que se confecciona con una talla concreta tras el que se ajustan la altura de los bajos o se adapta unos centímetros en la cintura. Las denominadas composturas. Cualquier vestuario a la medida (individualizada) debe acarrear el registro de las medidas tomadas sobre el cliente, y su posterior realización acorde a ellas. Desde el origen.

      Por lo tanto, para realizar la ropa a medida de una persona en particular se necesitan sus medidas antropométricas. Luego, esta ropa se puede realizar de manera artesanal o industrial, pero de todas formas es una tarea -la de medición- que requiere de técnica y práctica.

      Las chaquetas a medida precisan las siguientes dimensiones del cliente: diámetros del pecho, cintura y cadera, así como la longitud de las mangas, ancho de la espalda y largo del talle. Para el pantalón: además de la cintura y cadera, el largo de la pernera (interior y exterior) y el grosor a la altura del muslo, la rodilla y los gemelos. El caso de la camisa es algo peculiar, y necesita el contorno del cuello y la muñeca además de su longitud especifica. El diámetro de los bíceps y antebrazos en ocasiones no están de más.

      Como cada maestrillo tiene su librillo, algunos sastres o dependientes toman medidas particulares tales como la altura del primer botón en la chaqueta o cierre del chaleco y anotaciones sobre si los hombros están adelantados, son bajos o estan descompensados. De igual forma a la altura de las caderas, y cualquier otra anormalidad que se deba valorar.

      Todos somos imperfectos en alguna magnitud y para esconderlos esta la medida.

      Como principal ventaja está que es la mejor manera de lucir todo vestuario. Ese nosequé que te diferencia del montón.

      Los principales defectos que evita son:

En la chaqueta y camisa.
– El más evidente (y habitual) es cuando los puños o el cuello de las camisas se esconden dentro de la chaqueta o sobresalen más de los, idóneos, dos o tres centímetros.
– Un cuello molesto (que apriete o huelgue) al cerrar el botón superior es causa suficiente para descartar cualquier camisa con la que utilizar corbata. Y si se desboca, aunque no se use dicho complemento.
– Tiranteces en la costura central de la espalda de la chaqueta a la altura de los omoplatos. Esto evidencia una medida escasa y similar error en la camisa hará que en los botones fuercen los ojales en el frente.
– Un largo en la camisa incorrecto hace que salga de los pantalones al menor movimiento, si escasea, o que nos moleste al sentarnos cuando resulta excesivo.
– La arruga en el encuentro del cuello y la espalda de la chaqueta a modo de joroba es tan antiestética como fácil de reparar. De quedar separación en dicha zona entre ambas prendas no es tan sencillo.

Pantalón.
-Cualquier pliegue por el apoyo sobre el zapato o que no llegue a tocarlo es un error.
– Que la cintura apriete o el pantalón se nos caiga a lo largo del día delata un error en la medición. Nuestro diámetro en esta zona varía en corto espacio de tiempo, pero no lo suficiente como para que un tensor o cinto no se adapte a este corto recorrido.
– Uno que padezco con irritadora frecuencia es que las perneras aprietan mis muslos o gemelos y no caen con naturalidad.

Abrigos.
– Se trata de un sobretodo, por lo que el principal desacierto es que no cubra la ropa que llevamos debajo, incluido el cuello. También resulta incorrecto que las prendas interiores se deformen o flotemos en el abrigo.
– El largo depende de su formalidad.

      En mi experiencia, la medida mejora con la repetición. O al menos apoyándose en un patrón o testigo inicial, porque es muy difícil acertar a la primera. Los sastres artesanos tienen la ventaja de la prueba intermedia, además de otra final de ajuste, en las que irse aproximando a una perfección que nunca se logra. Mientras que la confección industrial solo tiene una única oportunidad. Siempre recuerdo mi experiencia con las camisas a medida de Mangas, la primera estuvo bien(las medidas me las tomó mi costurera y la realizaron en fabrica) pero es que las siguientes fueron -sencillamente- fenomenales.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado