Qué zapato utilizar con cada atuendo

“Es difícil retener lo aprendido, a menos que lo practiques”; Plinio el Viejo (23-79 D. C.).

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      El zapato de un hombre define su elegancia. Dentro de nuestro atuendo ninguna otra prenda resulta tan decisiva como esta joya. La afirmación vale tanto para el acierto de la elección del modelo de calzado adecuado en cada ocasión, como para el gusto demostrado en su adquisición. 

      Confieso, aun a riesgo de asumir otra manía personal, que cuando saludo a una persona, y tras dirigir la primera mirada a sus ojos, como un resorte se me escapa la vista hacía su calzado. De esta manera presiento, de forma subjetiva aunque nítida, a quien me estoy dirigiendo. No me suelo confundir, pero obviamente me hago cargo de mi osadía a pesar de otorgarle similar valor al estado de conservación y mantenimiento de los zapatos que a su estética y elección.

      Aprovechando que me solicitaron que hablara acerca del tema del calzado durante mi última intervención para la televisión NTN24 vamos a dejar algunas pinceladas más sobre la más bella de nuestras piezas de vestir.

      El color negro, para los zapatos, siempre es oportuno. El marrón vale a partir de que la informalidad de la ocasión y el color del pantalón lo permitan. Para el resto de colores debemos proceder con la máxima cautela, y según nuestra personalidad nos lo permita. Si el color azul marino quiere tomar terreno en los últimos años, echo en falta que no aparezcan algunos en gris antracita. Los burdeos u Oxblood por supuesto se tienen ganado su merecido sitio. De los rojos o verdes más chillones, felizmente, solo están de forma testimonial.

      En cuanto al tono, siguiendo la sencilla norma de que sea siempre más oscuro él del zapato que él del pantalón será difícil confundirse.

      Los zapatos de cordones, o cuando menos unas hebillas, se hacen imprescindibles para el traje de oficina. En cuanto a los mocasines y castellanos, tienen cabida tan pronto como prescindamos de éste.

      Las zapatillas son para hacer deporte. Aunque, si el modelo es tan afortunado como las Stan Smith de Adidas o similares, las podremos calzar con unos vaqueros. Eso si, mejor si no pisan el asfalto.

      Decía la primatóloga, premio Príncipe de Asturias 2003, Jane Goodall (Londres, 1934) en una entrevista concedida ayer a El Mundo que “llevamos un estilo de vida loco e insostenible”. No le falta razón. Y en el tema que nos atañe, para mostrarnos elegantes en cada ocasión no creo necesario disponer de una inusitada colección de modelos. Yo apostaría, para satisfacer cualquier demanda, por media docena de básicos. Estos:

      Para las ocasiones de etiqueta, lo mejor son las primorosas Opera Pumps puesto que como los zapatos de esta formalidad solo sirven para estas circunstancias lo mismo nos dará. Aunque será más sencillo encontrar un modelo Oxford de piel acharolada negra y la función es idéntica.

      Otro modelo de Oxford de piel negra para los trajes de oficina más serios y oscuros; y un marrón oscuro agujereado para los trajes más relajados y claros.

      Un Derby noruego de rojo oscuro o marrón medio, por variar, para los conjuntos de chaqueta pantalón. Aunque se puede optar por unos Monkstrap según los gustos en el mismo color para idéntica situación.

      Unos mocasines para los momentos distendidos: de antifaz, de borlas o lisos, a elegir. Cualquiera vale cuando nos desprendemos de la chaqueta y/o corbata.

      Con unos náuticos, slips-on o de ante para los espacios de mayor confianza y unas zapatillas para hacer deporte -que no contabilizan como zapatos- será más que suficiente.

      A partir de ahí todo es mejorar… aunque prescindibles.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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