Puntos clave: garganta, ombligo y tobillos.

“No juzgue nada por su aspecto, sino por la evidencia. No hay mejor regla”; Charles Dickens (1812-1870), novelista inglés.

      Todo cuerpo tiene un único punto de equilibrio. Su centro de gravedad. Un sencillo método que concentra en él toda la masa para simplificar la resolución de problemas en física.

      Para hacer más sencilla la valoración de nuestro vestuario también podemos recurrir a ellos. En este caso serán tres. O mejor dicho el eje que pasa por todos ellos porque, además, deberán guardar consonancia para que el conjunto resulte adecuado.

      Si a la altura de nuestra garganta, en el ombligo y los tobillos existe armonía. El conjunto será acertado siempre que entre ellos no chirríen.

      En el caso particular del presente artículo, a la altura de la garganta confluyen el marrón de la chaqueta de lana (Sastrería Olego) con el azul claro de la camisa (Pedro del Hierro). Los tonos azules del pañuelo de bolsillo en seda (Cencibel) juegan sutilmente con la camisa, y el resto de sus colores resultan los únicos que aportan vistosidad a un conjunto pleno de lisos. Entiendo este punto en equilibrio.

      De existir otros complementos en el cuello -pajaritas, corbatas o bufandas- deberían integrarse sin destacar.

      En el centro de la cintura vuelven a coincidir la chaqueta y la camisa; mientras el pantalón negro de algodón grueso (Massimo Dutti) parte el cuerpo en dos mitades. Otra vez a vueltas con el marrón y el negro, y sigo sin observar que choquen entre sí. Aunque asumo que no es el tándem ideal, el tono de la camisa ayuda en su encuentro ya que una blanca podría destacarlo demasiado.

      El cinturón negro se camufla con el pantalón como prefiero hacer, más que pensar en combinarlo con el zapato. Cosa que por otra parte también ocurre.

      A la altura de los tobillos, donde confluyen calzado, calcetines y pantalones sucede lo mismo que en los dos puntos superiores. Negro, marrón y negro combinan en la secuencia, mientras que el marrón del calcetín le hace un guiño a la chaqueta.

      Los botines de Carmina, que parecen un segundo calcetín, me acompañan desde hace ya cuatro años. El único inconveniente que les veo es no me parece estético cuando asoma el calcetín al sentarme, porque este efecto no es tan favorecedor como el caso de un zapato. Será la costumbre.

      Un dato más. Las prendas bespoke no solo pueden convivir perfectamente dentro de un mismo armario con las de confección, sino dentro del mismo vestuario.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Jose M. Salgado

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