“Creo que la verdad está bien en las matemáticas, en la química, en la filosofía. No en la vida. En la vida es más importante la ilusión, la imaginación, el deseo, la esperanza”; Ernesto Sábato (1911-2011), escritor argentino.

      La precisión es imperativa en las ciencias. En el arte no. Cuando nos expresamos; la naturalidad, la autenticidad o la originalidad resultan determinantes.

      El naranja es un color difícil. Inusual, llamativo, prescindible. Mas delata a quien lo utiliza. Porque aquél que sea capaz de lucir con este color ¿quien se atrevería a pronosticar que no lo es con cualquier atuendo?.

      Recuerdo, como si fuera hoy, el día que fui a recoger al aeropuerto de Lavacolla a mi amigo James Sherwood. Vestía un conjunto de chaqueta y pantalón grisáceos. Discreto en su atuendo, apenas sobresalía nada más que sus calcetines naranjas a juego con la bufanda de idéntico tono. Ambos de lana cashmere, le presentaban como a alguien conocedor y con estilo. Sabía lo que hacia, y lo hacia con sentido. Consciente. Con una base de solido conocimiento.

      A muchos de nosotros no nos entusiasma este color para la ropa. Y a buen seguro que a medida que vayamos cumpliendo años, cada vez lo usaremos menos. De manera personal, tan solo dispongo de un jersey de algodón que me regalaron (idéntico al de la foto con cremallera de la galería) y apenas utilizo porque no lo elegí, pero reconozco que este color de la vitaminada fruta aporta mucha vistosidad y posibilidades.

      El color naranja puede resultar tan estridente como pulir nuestro calzado con un hueso de venado si lo utilizamos mal, aunque de acertar será vistoso.

      Su principal ventaja es que utilizado en los complementos ilumina al conjunto más anodino. Pues, un pañuelo dentro del bolsillo barchetta (barquichuela) de nuestra chaqueta gris luce como una vela dentro de un túnel. ¿Para la corbata con un traje azul oscuro? Sensacional.

      En cuanto a las prendas; es propio de las de punto, cardigans o chalecos, como tercera pieza de un conjunto de chaqueta. De cara al clima más benévolo: en polos o trajes de baño.

      Para otras prendas mayores como pantalones, chaquetas o -incluso- abrigos no lo veo. A no ser que demos con una tonalidad salmón mate. Para trajes es del todo inapropiado.

      La ropa anaranjada acompaña bien a otra en tonos marrones. Y, curiosamente, al ser la unión del rojo y del amarillo, no combinan mal entre ellos tres.

      El gris antracita o el azul navy, de la misma forma que la desnudez de un zapato whole cut, están bien. Son la expresión minimalista. Pero algo más tendrá que tener nuestro armario para no pecar de insípidos. Cuestión que, como todo el mundo sabe, es contraria al arte.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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