Pregunta del lector: ¿Cómo combino mis zapatos spectator?

“Hay que atreverse a ser feliz”; Gertrude Stein (1974-1946), escritora estadounidense.

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Estimado D. David, desde su creación soy fiel seguidor de su blog el cual encuentro muy interesante y de gran utilidad. Personalmente me ha servido mucho para saber orientar mis compras e ir definiendo mi manera vestir, por lo que le doy sinceramente las gracias.
Es la primera vez que le escribo, aunque con poca esperanza de resolver este asunto.
Le cuento que hace unos 4 años viajé a Budapest y por supuesto no podía dejar de visitar la zapatería de Laszlo Vass. Allí me atendieron muy bien y encargué estos zapatos que aparecen en la imagen adjunta.
Los ví en una foto y me encantaron.
Me los enviaron unas semanas después sin ningún problema. Estaba deseando recibirlos para estrenarlos. 

El caso es que me encantan, “pero” no me atrevo a ponérmelos, no se con que atuendo combinarlo, creo que todo el mundo va a estar pendiente de mis pies y los veo demasiado llamativos para mi.
Tengo 50 años y mi manera de vestir podríamos definirla como clásica, pero no por ello aburrida.
Llevan 4 años en su caja sin que me atreva con ellos. Los he limpiado con betún negro para oscurecer un poco el marrón-claro original, pero aun así no me atrevo con ellos.
Ahora han quedado un poco mas oscuros que en la foto.
Mi pregunta es, si me podría orientar acerca de que combinación de ropa utilizar para atreverme con ellos y en que situaciones ponérmelos, ¿verano, invierno?
En espera de su consejo , que le agradecería mucho.
Atte.
Juan M.

      La verdad primero. Es cierto que los zapatos Spectator resultan llamativos por sus características. Son originales y se ven poco. De ahí que cueste tanto atreverse con este calzado. Siempre es más fácil, y cómodo, camuflarnos entre la multitud con un mocasín negro que mostrar nuestra personalidad y gusto con este genuino modelo a dos colores que tanto difiere de la generalidad imperante.

      A favor está que la recompensa también será mayor. Qué mejor premio que ser uno mismo. Además, siempre acaba triunfando aquello que es auténtico y diferente.

      Ser genuino requiere de no poca dosis de personalidad y confianza en uno mismo, lo cual es una conquista que se consigue con dedicación, constancia y tiempo. Sin prisas.

      Tatuajes, gorras de beisbol, piercings o la ropa que utilizan aquellos hombres que bien pudiera confundirse con la de sus hijos no levanta tanta hostilidad -en ocasiones- como una pajarita, el pañuelo de bolsillo o estos bellos zapatos bicolores. Es algo que -dentro de la diversidad- siempre me sorprende, pero que achaco a una sencilla cuestión de limitada educación.

      Hemos de reconocer que tampoco ha ayudado que los payasos se decantaran por un modelo similar para sus funciones circenses o que los “más listos” de la clase en las series de USA los calzaran. Pero no podemos obviar que antes que ellos los lucieron caballeros de la talla de Fred Astaire, el Duque de Windsor y todo galán clásico que se precie. De todas formas ningún armario calzador se verá completo sin un par de estas maravillas.

      Luego; combinar es fácil si sabemos cómo. No podemos olvidar que estamos ante un zapato de cierta formalidad, aunque nunca para etiqueta como tampoco para todos los días. Es propio de usar con un traje o cuando menos un conjunto de chaqueta. Siempre con un pantalón de tono más claro que el color más oscuro del zapato, lo ideal un conjunto que aglutinara ambos.

      Los tonos de calzado claros serán, preferiblemente para el verano y a plena luz del día. Mientras que se reservarán para la noche o el frío las versiones más oscuras.

      Este calzado de pieles en tonos muy parecidos, como el de nuestro estimado Juanma, siempre resulta más factibles de combinar e invitan a usarlos con mayor asiduidad que los que utilizan el color blanco o crema como contraste. Me atrevo a decir que cuanto mayor es el contraste, más se deberían reservar para momentos concretos y formales como una celebración, banquete o similar.

      Sucede como con todos los riesgos en la vida. Hemos de acostumbrarnos nosotros mismos primero, con paciencia, para que luego nuestro entorno se termine aclimatando a nosotros. Somos seres sociales, pero no sumisos a una doctrina impuesta. Podemos estrenarlos acudiendo de visita a casa de unos amigos o familiares para un asunto puntual e ir cogiendo confianza poco a poco. Las primeras veces siempre serán más complicadas, pero así que practiquemos -y si es de nuestro verdadero agrado- más bien pronto que tarde disfrutaremos con ellos puestos.

      La vergüenza es una emoción inútil, además tiene mala memoria. La única premisa con la hemos de proceder es de la manera que no nos sonrojemos a nosotros mismos, y no faltemos al respeto de los demás. El resto no es asunto nuestro… y como gritaba William Wallace en Braveheart, la recompensa es: La Libertad.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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