Polo verde

“Todas las cosas en la vida son un vasto tejido de interrelaciones e interdependencia”; Kisshomaru Ueshiba (1921-1999), maestro de las artes marciales japonés.

      Supongo que las compras -como la vida misma- son una sucesión de decisiones en las que resulta difícil acertar siempre. Lo digo porque utilizando con asiduidad los polos para vestir durante el verano, en las situaciones más lúdicas, y disponiendo de variedad nunca había adquirido ninguno en color verde con lo apropiados que me parecen.

      Como he venido comentando en los últimos artículos, el color del billete de las antiguas mil pesetas será por él que apueste en mis futuras adquisiciones. En diferentes y discretos tonos. De hecho he variado el tono para la tela de mi futuro traje oscureciéndolo hasta un oliva casi negro.

      El polo verde que visto en esta oportunidad es de la firma Gran Sasso. Realizado 100% en algodón, fino y traspirable, dispone de elástico en el bajo y las mangas a juego con el cierre del cuello.

      Su estilo minimalista y discreto elimina hasta los botones de cierre y no borda el símbolo corporativo en el pecho. Detalles, ambos, que me parecen acertados.

      Su ajuste es más bien entallado. Como suelen hacer la ropa en estos días.

      En cuanto a la forma de presentarlo, el polo es para no llevar nada por encima. Ni jersey, ni chaqueta de punto ni nada… y menos aún cazadoras. Así que lo visto sin más que una bermudas (lefties), su complemento ideal, y un mocasín de ante (Vidal Fernández). Prefiero este calzado para estas oportunidades mucho antes que otros modelos más relajados como los de conducción (drivers) o más deportivos todavía (sneakers).

      Suelo prodigar los tonos neutros, cremas, para los pantalones cortos, con polos de color fuerte: marrón chocolate, azul francés, marino, o, incluso, el negro o el blanco. También azules oscuros con rojos, cianos o rosas. Sin embargo esta combinación de pantalón azul medio y caqui, inusual en mí, me parece adecuada para un día de bochorno. Cálido pero nublado, grisáceo, tan propio del norte donde los tonos tostados no acompañan.

      Para que nadie se lleve a engaño, matizo que este atuendo es propio del chiringuito de la playa o piscina, para la cervecita en una terraza en la costa, un porche particular o la excursión de fin de semana con la familia mas nunca para pisar sobre el asfalto de una ciudad.

      Las decisiones son así; su finalidad -seguramente- no sea la de atinar sino para encarar con dignidad las consecuencias y saber tomar las siguientes con mayor información y conocimiento.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía José M. Salgado