Pijamas

“El cambio es la forma más saludable para sobrevivir”; Karl Lagerfeld (1933), diseñador de moda alemán.

      Hasta que me casé nunca utilizaba pijamas. Vivía -y dormía- solo, así que esa faceta del vestuario la tuve un tanto abandonada durante mi juventud. Cuestión práctica, y no poca dejadez.

      Redescubierto el uso del pijama, tras mi obligado uso en la infancia, sería incapaz de prescindir nuevamente de esta cómoda sensación: descansar con uno de suave algodón.

      La ropa interior para dormir no resulta adecuada. Más bien parece ridícula tan pronto como saltamos de la cama, aunque sea utilizada en un entorno tan familiar. En cuanto a mantener vestido el pijama creo que solo es necesario cuando permanecemos en el dormitorio, y que tan pronto como se abandona esta habitación debería reposar en su perchero.

      Hablar de pijamas bespoke o realizados a la medida me parece una frivolidad. Esta prenda tiene un margen holgado, como es recomendable para el reposo nocturno, y no lo justifica.

      Los esquijamas (estilo chandal) son prácticos pero no elegantes para un gusto clásico. De los del tipo camisola… quedaron tan anclados en el pasado como el gorro.

      Durante el verano nada como uno de pantalones cortos y, aquí sí, de camisa con la manga corta. También están los que por parte superior tienen la forma de una camiseta y que son muy cómodos, sin embargo recuerdan demasiado a la ropa interior o se confunden con una exterior.

      Respecto a los bolsillos, que tengan uno superior siempre es cómodo para albergar el pañuelo o las gafas de leer. El resto son de adorno.

      Detalles como el dobladillo en el bajo del pantalón y los puños o el uso de botones de nácar para los cierres evidencian calidad. En la cintura, un cordón ajusta con mayor precisión el elástico a la cadera.

      Son recomendables tejidos de algodón, seda o sus combinaciones. La franela del primer hilo confiere un confort térmico durante el invierno al que resulta difícil resistirse. La seda pura puede producir una sensación un tanto excesiva que incomoda a algunas personas entre las que me incluyo. Con uno de lino no me sentiría a gusto durmiendo, por su rigidez, si acaso mezclado con algodón.

      El tono, de igual manera a cualquier camisa seria que se precie, debería ser blanco o de tonos muy claros. Azules preferentemente. De hecho, un tejido bonito para un pijama, nunca afearía en una camisa de cierta formalidad. Los ribetes de contraste o en el mismo color resultan un acierto.

      Un hombre que gusta de vestir durante el día, no pierde este interés al llegar a la cama.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado