Pedidos sastrería artesanal

“Hay que tener aspiraciones elevadas, expectativas moderadas y necesidades pequeñas”; Heinrich von Stein, filosofo alemán.

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      El trabajo debería ser fuente de felicidad. Como en general lo tenían que ser todas nuestras actividades, por cotidianas que sean. No podemos esperar a mejor ocasión para ser felices. Las personas felices encuentran en las acciones más simples del día a día -como comer, dormir, por supuesto trabajar e incluso la mera consciencia de respirar- motivos de satisfacción o relajación.

      Tengo un amigo que es un brillante ingeniero de telecomunicaciones con empresa propia, que cuando tiene una reunión con su socio se citan en una terraza con las mejores vistas. Así, y mientras deciden el destino de sus negocios, a la par se dan un gustazo en la mejor cafetería posible. ¿Por qué no? ¿qué mejor inspiración que momentos de felicidad?

      Con Alberto Olego sigo el ejemplo de mi amigo -Pepe- y si bien en la primera ocasión disfrutamos de los tradicionales cafés de la monumental Betanzos, en esta ocasión nos fuimos a la sede social del Real Club Náutico de La Coruña. Agradecer a su presidente -Germán Suárez- que amablemente nos abriera las instalaciones de la sede social que gestiona.

      Alberto -sastre y gerente de la sastrería Olego en Ponferrada- ya me había realizado a comienzos de este año un conjunto de chaqueta con dos pantalones de verano, y ahora le encargo prendas para el invierno.

      Hemos dejamos retrasar unas semanas más de lo deseable, porque Alberto quería recibir los nuevos catálogos de las firmas de tejidos para ofrecerme una mayor variedad de telas donde elegir. Aún así la ropa llegará a tiempo de sobra.

      Le he pedido un pantalón de vestir. Sencillo. De franela, para uso con tirantes como suelo en un gris oscuro cercano al antracita o charcoal en inglés (lana y cashmere de 350 grs). Con dobladillo en el bajo, pinzas… Clásico.

      Una chaqueta de hilera sencilla. En tweed Herringbone (290 grs. lana y cashmere al 7%). Era mi asignatura pendiente y -contradictoriamente- una de mis favoritas. Opté por el marrón aunque en el catálogo había un espectacular color verde, pero este color lo preferí dejar para la tercera prenda.

      Esta última pieza será especial. Un chaleco -con cuatro bolsillos- para vestir y en un tweed muy grueso de 480 gr. con un marco de ventana en azul muy tenue. Para poder utilizar sin nada más por encima, en lugares cerrados.

      Todo estará listo para la primera prueba que será dentro de tres semanas. Fecha en la que visitaremos la sastrería de Alberto y así volver a mi añorado -y minero- Bierzo donde disfrutaremos con la primera prueba.

      Alberto ya dispone de mi patrón y no necesitó de más medidas que de las dos que me tomó para el cierre del chaleco. Además de comprobar que mi cintura no había sufrido variaciones. Estas me las midió ya en mi oficina, mientras guardamos los pormenores de las prendas en el ordenador… número de botones, cierres, tipos de bolsillos, número de ellos, botones, etc. es decir todos y cada uno de los matices. Los forros ya los habíamos elegido junto con las telas.

      Me alegra comprobar como crece la relación sastre-cliente. En la que muchas cosas ya no es necesario decir, y ambos dejamos lo mejor que tenemos en beneficio de la calidad de la prenda. Con la discrepancia se crece, y cuando le pido a Alberto que afine en puntas las solapas del cran -por gusto personal- éste me recuerda que es en la curvatura del corte donde se demuestra la pericia del sastre. O gracias al debate se aprende, y a una propuesta mía de unos singulares bolsillos Alberto apunta una pinza interior para completarlos.

      Decía el filosofo francés, Denis Diderot: “no vale esperar a que ocurra, tienes que hacer que suceda”, y nos ponemos a ello de tal manera que el resultado sea el mejor que podamos crear. Imposible de ignorar.

      Una cosa es segura, cada prenda será única, original e irrepetible.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
© Fotografía Jose M. Salgado

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  • Anonimo

    Estoy de acuerdo contigo cuanto mas a gusto nos encontremos a la hora de trabajar más rendimiento sacaran de ti. Creo que es una premisa que aun hoy se sigue sin valorar en este país. En cuanto a las prendas artesanales, seguro que en calidad no hay nada mejor y que llegar a un taller que tengan tus medidas y que solo tengas que decidir los colores y la tela, casi sin tener que probar, tiene que ser una pasada. Pero no está al alcance de todos. Un saludo.

    • vestirseporlospies

      Cierto que es un disfrute del que una vez que te acostumbras resulta difícil prescindir, y totalmente de acuerdo que no está al alcance de todos los bolsillos para todas las ocasiones o prendas. Tampoco del mío. Sin embargo, de igual manera que la mayoría de nosotros no vamos a comer a los mejores restaurantes todos los días pero en algunas ocasiones nos podemos dar un “homenaje”. Igual sucede con las prendas artesanas.
      Saludos cordiales,