Paseando por la ciudad amurallada de Lugo

“Si caminamos lo suficiente, alguna vez llegaremos a alguna parte… -dijo Dorothy”;
Lyman Frank Baum (1856-1919) en su obra “El maravilloso mago de Oz”.

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      Hubo un tiempo en el que los paseos vespertinos constituían todo un acto social. Tras la jornada laboral y a la caída del sol, a buena parte de la sociedad le gustaba pasear por lo más bello de su ciudad como actividad lúdica. Rememorando esta sana costumbre viajamos a la muy noble y leal ciudad de Lugo.

      Lugo conserva los más de dos kilómetros de su muralla romana original (s. III) en perfecto estado de conservación, lo que le valió para que la UNESCO la declarara como de Patrimonio de la Humanidad en el año 2000. Traspasando cualquiera de sus diez puertas accederemos al interior del casco histórico de una ciudad que alberga joyas arquitectónicas que nos transportan a otra época.

      Sus principales reclamos son la sede del Círculo de las Artes (1895), la barroca Casa Consistorial (1744) que alberga al ayuntamiento que rige la villa y -por supuesto- la Catedral de Santa María (s. XII). Todo en el mismo entorno de la Plaza Mayor.

      Puestos a callejear; las ruas Raiña, San Pedro, El Progreso (con la escultura en bronce del fundador del periódico que le da nombre Puro Cora (1858-1941)) y San Marcos hasta la Montevideo, con vuelta por la calle Nova, se hace el mínimo indispensable. Así como recorrer toda, o parte de, la pista superior de La Muralla.

      El comercio, como en cualquier urbe que supere el centenar de miles de personas, está copado por las multinacionales de cada sector. Sin embargo sobreviven con singular encanto establecimientos que ya celebraron sus bodas de oro, La Sombrerería da Costa Campos (1965), o cumplieron más de un siglo de existencia como la Confitería Madarro (1891) o la Gran Farmacia Central (1912).

      La capital lucense no solo es pasado, mira hacia el futuro con el Museo Interactivo (2012) que nos sirvió de decorado exterior en su día.

      Todo paseo se ameniza, en las mejores oportunidades, con una merienda a media tarde y disfrutamos de la misma en el Café del Centro (1903). Aunque la temperatura invitaba a disfrutarlo en su terraza exterior, nos acomodamos en el interior porque su solera así lo requería.

      Numerosas plazas, grandes y pequeñas, lucen la capital luguesa. Las del Campo, Santo Domingo o la de la Diputación Provincial, junto a iglesias como la de San Pedro (s. XIV), tampoco convienen dejar sin visitar.

      Para mi vestuario durante este día, y puestos a corresponder al bello entorno, elegí el traje de D. Jaime Gallo de la Sastrería GALLO que siempre es un gusto vestir. Acompañándolo usé los zapatos marrones agujereados de Vass, los calcetines de algodón Bresciani 1970, corbata de punto de seda Shibumi, camisa Mangas y pañuelo de bolsillo de Pedro del Hierro. Los cubrebotones son de Amoreno y las gafas de Ray-Ban.

      Pequeños placeres como éstos son los que hacen de las jornadas laborales un verdadero lujo.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Jose M. Salgado

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