Oda al calzado negro

“La belleza es una de las pocas cosas que no dan lugar a duda”; Jean Anouilh, dramaturgo francés.

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      Nos sucede de forma periódica. Todos, antes o después, retornamos al origen, a lo auténtico, a lo básico. De forma personal, cada nuevo día que me calzo con un zapato de color negro siento que vuelvo a empezar. Que comienzo desde cero.

      El zapato negro representa la elegancia primaria. Aquella a la que recurrimos, cuando saturados con tantas pruebas, y no poca osadía, sentimos la necesidad revisar los cimientos sobre los que se asentaron los pilares de nuestro vestuario. Volver al punto de partida. Aquél desde el que se crece, pero que no nos permite divagar porque evidencia donde está lo sublime. Lo insuperable.

      La camisa blanca, una chaqueta azul oscura o el zapato negro -más que básicos- son la esencia de nuestro armario.

      Un bonito tono marrón oscuro, el delicado rojizo, el tabaco o incluso los novedosos azul marino y verde botella podrán resultar adecuados para nuestros zapatos, y por supuesto aportan variedad a nuestra imagen, sin embargo nunca superarán al legitimo.

      Cuantos más colores probemos para el calzado, más ganas tendremos de retomar el negro.

      El negro, además, resulta un remanso de paz. Un punto de lucidez y cordura para cualquier ansia transgresora. La cura de humildad que nos infringe lo que sabemos que nunca será sometido.

      A un básico no se le puede reemplazar, y sustituirlo supone toda una odisea.

      En la cúspide de los zapatos negros están los de cordones, en la horma Oxford, pero tanto para los mocasines como para los modelos de hebilla (monkstrap) es igual de acertado.

      Sin duda es el tono de calzado más apto para acompañar a los pantalones oscuros, pero su idoneidad para el resto es tal que puede acompañarlos por claros que fueran sin afearnos. Son más propios del frío del otoño e invierno, de los actos formales y para la noche, pero nunca desentonan durante el día de diario o con calor.

      Ahora que espero recibir esta misma semana el último par de zapatos que he encargado -en un tono distinto al negro y del cuál aún no disponía ninguno- confieso que añoro este color; y sé que el siguiente modelo que elija volverá a ser del color más bello. El zaino.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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