Nada hay más elegante que la naturalidad

nada-hay-mas-elegante-que-la-naturalidad-00“Somos temerosos de lo que nos hace diferentes, pero esto nos hace únicos”; Anne Rice, escritora estadounidense.

Las frutas más sabrosas siempre acaban quedando en las copas de los árboles. Nuestra impaciencia por cosechar éxitos inmediatos hace que nos sintamos tentados a recolectar lo antes posible, y lógicamente, de la manera más productiva. Sin embargo, todos sabemos que son los más tardíos e inaccesibles frutos los más deliciosos.

Así debe suceder con la elegancia. Complicado será que ésta resulte inmediata, impostada o forzada. Sobre todo porque es directamente proporcional a la naturalidad. Intrínseca a cada uno.

La naturalidad es sinónimo de elegancia, y el mismísimo Pedro Grullo lo certificaría. Sin embargo es evidente que no todo lo natural resulta elegante, y ésta requiere de práctica y, no pocas veces, estudio. ¿Cómo conseguir, pues, que resulte apuesta nuestra imagen?

La principal motivación (esta palabra significa literalmente dar “motivos” para la “acción”) que se me ocurre es centrarnos en aquellas imágenes que nos conmueven. Porque lo que nos mueve por dentro es lo que realmente sentimos en nuestro interior. El resto es práctica y ejercicio hasta conseguir la necesaria naturalidad.

Pongamos un ejemplo; Nadie comienza a jugar al tenis (o cualquier otra disciplina) con “estilo”. Sin embargo, cuanto más entrenamos una actividad, más grácil se vuelve nuestro proceder y con ello comienza a aparecer el concepto de elegancia. ¿Cómo es sino el natural ejercicio de cualquier actividad ejecutada por eruditos?

La belleza es equilibrio, naturalidad y sencillez. Muchos lo compartimos. Y ésta la proporciona la paciencia, la constancia, el trabajo y el orgullo. Si bien es cierto que necesitaremos de un estímulo inicial para poner en marcha las acciones con las que conseguir una determinada presencia física: más cuidada, trabajada y personal.

Con una educación constante y una recta perseverancia, que por otra parte está demostrado –científicamente- que es el valor más determinante, la consecución de nuestros objetivos es cuestión de tiempo.

Una imagen atemporal es una muestra de personalidad y nada hay más falta de ella que dejarse influir, cada seis meses más o menos, por tendencias ajenas. Mejorar lo que existe y de lo que disponemos; si. Pero siempre con el sello personal de nuestra individualidad.

Así, si nuestro estilo incluye utilizar la gabardina para nuestra prenda de abrigo está bien que adquiramos una oferta que nos hace determinada firma en un bello -y novedoso- color verde musgo. Sin embargo, si nuestro gusto no es el de utilizar la trenca, por ejemplo ¿porque vamos a comenzar utilizarla por más que algún gurú iluminado (aúnque cuente con muchos miles de seguidores en el Instagram o cualquier otra red social) diga que está “de moda”? Habría mayor falta de coherencia.

El talento mucho tiene que ver con la pasión de nuestros sentimientos y el orgullo de lo que somos.

Muchas gracias y buena suerte,