Mr. Cary Grant, el caballero más elegante de todos los tiempos; The GENTLEMAN

"Todo el mundo quiere ser Cary Grant, incluso yo lo quiero"; Mr. Cary Grant.

Una vez hablado del L´avvocato dandi Agnelli voy a disfrutar dedicando un artículo a la ELEGANCIA, el icono del siglo XX. Su forma de vestir fue discreta, sencilla, natural, completa, constante, variada… siempre sobriamente conjuntado y milimétricamente entallado. Parece como si su ropa le “creciera” como una capa más de su epidermis, en vez de ser ajena a su cuerpo y vestirse con ella. Con un aire tan innato y trabajado, como estudiado y celo ponía en la elección y confección de su  vestuario, supo vestir como nadie cualquier traje; desde el frac hasta cualquier casual o deportivo, pasando por el esmoquin, los trajes militares, y… hasta en camiseta o bata resultaba elegante. Utilizó todas las variantes al alcance del caballero del siglo XX con la misma sencillez y naturalidad: lució gafas de sol, sombreros, alfileres de cuello, pañuelos de cuello, flores en el ojal… todo con la máxima discreción y simplicidad. Utilizó mucho los tones grises y azules medios para sus trajes, pero también era asiduo a la raya diplomática, del tweed, los distintos marrones… y hasta el pulcro blanco. Hizo suya la frase de Honoré de Balzac “la elegancia es la ciencia de no hacer nada igual que los demás pero pareciendo que se hace todo igual que ellos” que preside nuestra marca Amoreno.

No pretendemos hacer una biografía de nuestro caballero favorito porque sobrada documentación podremos encontrar en numerosos libros y paginas especializadas, pero apuntaremos los principales datos que forjaron su personalidad. Natural del portuario Bristol inglés, con una difícil y mísera infancia dentro de una familia desestructurada por una madre enferma psiquiátrica, un padre que la abandonada en un hospital haciéndole creer que había perecido, y a la que no redescubrirá hasta los 30 años. Se apasiona por el teatro a muy pronta edad lo que le hace viajar con una compañía a los Estados Unidos de gira donde se afincará y desarrollará su dilatada carrera profesional. Actor prolijo de comedia, favorito de Hitchcock, galán que se casó cinco veces aunque sus mejores relaciones las tuviera en la gran pantalla, preferentemente con las damas Hepburn, Katharine o Audrey. No son pocas sus “leyendas” negras; roñosa tacañez, enfermo alcohólico, adicto al LSD y supuesta homosexualidad. Tuvo una hija en su cuarto matrimonio, Jennifer, este alto gentleman de constitución atlética que lucio toda su clase durante 82 años y escogió el momento preciso para dejar el cine después de cuatro décadas y haber enamorado a las mujeres más bellas del momento, entre ellas Sophia Loren con la que mantuvo un idilio en nuestra tierra, pero como cantó primorosamente Facundo Cabral, el corazón de esta era de Ponti; Carlo Fortunaro Pietro Ponti.

Dijeron de él frases tan lapidarias y con acusado significado; “Es elegante hasta de espaldas”, “Si -eso- sabe hablar triunfará”, “Es más seco que un Martini”, … pero lo cierto es que emanaba elegancia en cada poro de su piel. A parte de sus buenas medidas antropológicas y atractivo indudable, tampoco conviene olvidar que en sus primeros castings le descartaron por su exceso de cabeza como defecto más acusado, ya que su acusado grosor de cuello tampoco le granjeo buen cartel; más supo diferenciarse y triunfar en poco tiempo con su pícara sonrisa, hoyuelo característico en la barbilla, franca mirada y su raya del pelo milimétricamente trazada que no se despeinó ni en la frenética huida de la avioneta en el maizal de “Con la muerte en los talones”.

Lo cierto es que si la elegancia es naturalidad y sencillez; Cary Grant fue exactamente el más naturalmente vestido “por los pies” que pobló la tierra en el s. XX, tanto dentro como fuera del escenario; Era el mismo. Y ya me confunde reconocer que no traslucía al exterior en elegancia lo que tenía en su interior como suelo defender, a Dios gracias, pero sí que es cierto que su elegancia fue el fruto de un excelente trabajo, detallado y concienzudo, con una base innata que no todos tenemos. Él se hacía hacer, adquiría, dirigía y revisaba personalmente y al detalle toda su ropa, los trajes que se vestía con excelsa naturalidad y los rectificaba las veces necesarias hasta que le entraran cual guante. En sus viajes por todo el mundo aprovechaba para conocer nuevos sastres con los que trabajaría en estrecha colaboración, no descartando a priori ninguna opción; italianos, ingleses, orientales, …

Con ese aire distante y directo, se fue convirtiendo en los personajes que interpretó, como el mismo declaró, además de educarse en protocolo con sus primeros papeles.

Fue para mí el único galán que ha sido capaz de hacer elegante hasta la más feísima foto con un andamio a sus espaldas eso no se puede explicar con palabras.

Respecto al tema de su elegante clase y estilo fue igual de claro y declaró estos mandamientos;

·         Cuando le preguntaban porque era el hombre más elegante respondía con perplejidad, no dar crédito a tal afirmación y aseguraba hacerse un vestuario muy discreto y equilibrado en sus medidas: ni ajustado ni holgado, ni según la tendencia de la época pero tampoco en contra, ni con solapas anchas ni estrechas, ni largo ni corto… “Equilibrado y sobretodo sencillo y discreto”. Qué buena elección, ya tenía el 50 % hecho.

·         Respecto a sus adquisiciones de vestuario, no olvidemos que en los comienzos del cine muchos actores se compraban su propia ropa de reparto, opinaba que era muy reflexivo ante las elecciones, estudiando y comparando detenidamente, sin prisas.

·         Defensor del abrigo pero cerrado en el pecho de hilera sencilla para el frío para no necesitar bufanda, la tela seersucker y la franela; pero decía que los trajes debían ser ligeros ya que todos los sitios actualmente estaban bien acondicionados.

·         Y lo que más me ha gustado descubrir es que, en la elección de sus zapatos seguía un consejo que conservaría siempre y es que defendía que era mejor pocos pares de zapatos y buenos, que muchos malos… aunque solo uno fuera. Mejor poco, escogido y bueno, que variedades de precarias calidades.

Archibald Alexander Leach era su nombre y Cary Grant su leyenda, la elegancia del equilibrio. Valor seguro para los directores de sus más de 70 películas protagonizadas, pareja de las mejores actrices de la época, en la pantalla fue toda la naturalidad y seguridad que le faltó detrás de ella, cándido hasta rozar lo cómico cayó en la misma gracia a las damas como a los caballeros. El caballero eterno y atemporal, hombre y no Dios, por lo tanto imperfecto, escondía Mr. Hyde en la pantalla y Dr. Jekyll en la vida real.

¿Habrá quien lo iguale?