Modelos icónicos de relojes clásicos

“Mi felicidad consiste en que se apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo”; León Tolstói (1828-1910), novelista ruso.

      Si unos buenos zapatos clásicos son ya para toda la vida; qué no podremos decir de nuestra otra joya. El reloj. Pues, obviamente, que nos sobrevivirá en las orgullosas muñecas de nuestros herederos.

      Por este motivo nuestro reloj debe ser elegido con tiempo. Sin prisas. Precisamente porque su decisión, y no pocas veces logro, lleva años conviene relegarlo para la madurez de nuestra vida.

      Siempre vamos a poder lograr alguna versión, con más o menos esfuerzo, por modesta que sea. Aunque tampoco resulta imprescindible poseerlos para disfrutarlos. Todos disfrutamos viendo las obras del Museo del Prado, y no vamos a poseerlas nunca.

      La felicidad reside en saber valorar, no en poseer.

      Los relojes clásicos se disfrutan -también- estudiando su historia, particularidades y variantes. Apreciándolos a través de su conocimiento. Como todas las obras geniales, lo mejor está en su solera. La que le dio el valor que tienen y quienes las crearon con esfuerzo e ingenio.

      Sobre cada uno de estos relojes que hemos escogido se podría hacer no ya un artículo, sino un libro entero por su aureola, los hombres que los han utilizado y las cosas que con ellos en sus muñecas realizaron.

      Saber apreciar ciertos modelos de reloj requiere educar el paladar. Un moderno Richard Mille, está bien, tiene mérito y levanta admiraciones. Gusta, resulta un dechado de virtudes tecnológicas y es hipercaro; pero le faltan siglos de solera y refinamiento para llegar a la altura de todo un clásico. Algo tendrá el tiempo de maduración cuando tanto mejora al vino, al whisky y a otros destilados.

      Por otro lado, los nuevos iwatch nunca podrán competir con un reloj que con tan solo dar la hora narra al que lo posee una Epopeya. Curiosamente los modelos ultramodernos son los que quedan anticuados de manera inminete; mientras los tradicionales se reinventan cada año.

      Todos los relojes clásicos son objeto de revisiones y readaptaciones constantes por parte de las marcas. Sin embargo aún dando lugar a numerosas versiones, la fuerte personalidad del genuino siempre queda patente, evocado, en cada una de ellas. Estos son:

1.- De Cartier el Tank (tanque) (1917). Originalmente cuadrado evoluciona a rectangular. Su característico zafiro en la corona y los números romanos le hacen merecedor de ser considerado el clásico entre los clásicos. El primer modelo de pulsera de la historia y mi favorito.

2.- De Rolex el Datejust (fecha exacta) (1945). Primero en marcar la fecha, aunque el Oyster (ostra, 1926) es anterior ambos se fusionan.

3.- De Omega el Speedmaster (maestro de la velocidad) (1957). El Moonwatch (lunar), se hizo famoso por ser el único en posarse sobre un planeta distinto al nuestro.

4.- De Hublot el Classic Fusion (1980). Revolucionó el sector uniendo dos materiales, el caucho y el oro por primera vez. Es puro diseño.

5.- De Jaeger-LeCoultre el Reverso (1931). Ideado para que los oficiales ingleses protegieran el cristal de su reloj de impactos durante ejercicios como el polo.

6.- De Patek Philippe el Calatrava (1932). La tapa posterior “officier” que deja a la vista las entrañas con una tapa ciega es todo un guiño a los relojes de bolsillo.

7.- De Audemars Piguet el Royal Oak (roble real)(1971). El bisel octogonal fijado por ocho tornillos fue todo un riesgo que reinventó a la firma.

8.- De TAG Heuer el Carrera (1963). En recuerdo a la carrera de rally “Panamericana” de los años cincuenta.

9.- De A. Lange & Söhne el Saxonia (1845). Hoy perteneciente al grupo Richemont, dueña de otras firmas como Panerai, Vacheron Constantin o IWC. Único no suizo de la lista. Alemán, de Sajonia.

10.- El décimo te lo dejo a ti… ¿Cuál es él que te falta?

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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