Mocasines saddle

“Nada hay tan armonioso como el elogio que se ha merecido”; Ignacio Manuel Altamirano (1834-1893), escritor mexicano.

      La elegancia siempre es sutil.

      Hoy en día la innovación resulta vertiginosa. El hombre siempre quiso saber, y sobre todo hacer, pero es que ahora vivimos los días de las startups. Negocios incipientes que todos podemos fundar y compartir -lo cual resulta decisivo- con el mundo gracias a los perfiles web personales o corporativos.

      La creatividad resulta imparable porque todos creamos y lo compartimos.

      Por el contrario, pocas ideas se mantendrán en el tiempo y cada vez será más difícil sorprender con calidad y estética. También estará más caro el dejarse ver, pero lo que perdure será por su sencillez y resultado práctico. Con talento creativo.

      Dentro del calzado clásico están los modelos Oxford, Derby, Monks, botas y loafers con sus distintas versiones. Salirse de estos patrones va ser tan difícil como que los colores grises o azules oscuros roben protagonismo al negro o los diversos marrones. Pero el hombre quiere más. Distinto y mejor.

      Crockett and Jones ha creado un zapato mocasín de mérito. Fusionándolo con el saddle, o silla de montar, ha prolongado el antifaz hasta la suela con buen gusto.

      El antifaz lo he visto en algunos modelos retorcido, girado una vuelta o de maneras inverosímiles, aunque nunca me había parecido tan acertado estéticamente. Cuenta, además, con el peso de la historia.

      Resulta difícil abrir la mente a nuevas ideas o conceptos. Lo que nos advierte de que para destacar hay que hacer cosas muy, pero que muy buenas. Simplemente.

      Dice el visionario Carlos Barrabés que la investigación es construir respuestas a las necesidades del mañana y que el lujo está en el servicio y no en la posesión.

      Me aventuro a pensar que son los pequeños pasos, sutiles, casi inapreciables los que marcan las diferencias de las empresas del futuro. No se trata ya de producir de manera más rentable, sino de ser capaces de crear mejor. Porque así se podrá fijar al producto el precio que se desee, y no el que marque el mercado.

      ¿Porqué sino Starbucks o Apple cobran sus productos a un precio varias veces superior de su competencia y lo pagamos, tan, felices?

      La felicidad es una experiencia, no un producto.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotos: portada The Rake, galería Crockett and Jones

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