Mayordomos

“El que sirve es reina o rey. Y el que no sirve, no sirve”; Carlos Santana (1947), guitarrista mexicano.

      Cualquier profesión realizada de forma entregada es motivo de admiración y causa respeto. Los mayordomos sintetizaron una estampa clásica, e idealizada, de su tiempo honrando valores tradicionales como la dignidad, la discreción o la pulcritud.

      El sirviente principal refrendaba con su ejercicio que no se trata de la actividad que cada uno realiza, sino el grado de compromiso con el que se desarrolla el oficio.

      Termino de leer la novela Los restos del día (1989) que rememora la figura de un distinguido criado, Stevens, en una mansión británica a comienzos del siglo XX. Y al más puro estilo de la serie Downton Abbey (2010) este libro escrito por el premio Nobel de las letras por la academia sueca en 2017, Kazuo Ishiguro (1954), refleja la esencia de los mayordomos.

      Me alegré de no haber estado condicionado por la película que inspiró con similar título Lo que queda del día (1993) y que a continuación vi. Porque aunque los actores Anthony Hopkins y Emma Thompson, en su línea, están colosales y hacen un papel memorable siempre es preferible crear fotogramas propios.

      En el personaje de la novela de Ishiguro se entrevé a un hombre que es capaz de obviar sus sentimientos en detrimento de su obligación profesional. Cuya principal función es la de que a quien sirve logre sus aspiraciones. Ayudar a conseguir metas ajenas es su principal misión. Así que a este tipo de mayordomo, más que ser elegido por su patrón, más le vale cuidarse de seleccionar a quien servir… para no hacer pactos con el diablo.

      En la vida real, un mayordomo era el responsable del servicio. En las grandes residencias aristocráticas disponían de un verdadero ejercito de criados dedicados al cuidado de la casona, palacete o castillo, establos y resto de dependencias con que contaban las pudientes familias que en ellas se alojaban.

      Con la máxima de vocación por el servicio, los mayordomos se forjaron en la época dorada de la moda clásica –la eduardiana– donde el vestuario era una faceta cultivada con esmero. Así, en nuestra memoria quedan como guardianes o cultivadores de la imagen de un Señor. Su señor. También velaban de la bodega, los cigarros puros y el protocolo en la mesa y fuera de ella. Todas ellas facetas muy gentleman.

      Funciones como servir el vino, lustrar la plata, seleccionar al personal o velar por los objetos de valor eran algunas de sus funciones concretas.

      Este puesto de trabajo fue exportado a los EEUU, cuyo ejemplo se refleja en el film El mayordomo (2013) protagonizado por Forrest Whitaker haciendo su papel en la Casa Blanca.

      Actualmente existen centros de estudios donde imparten cursos express de dos meses de duración y cuyo precio asciende a los 15.000 €uros. The International Butler Academy (TIBA) en Holanda es un ejemplo, aunque otros países como España también cuentan con su escuela: la International Butler School en Palma de Mallorca.

      The Butler (mayordomo en inglés), ha evolucionado hacía el asistente personal. Los criados del siglo XXI disponen de estudios universitarios, conocen varios idiomas y acaso algún MBA. Frívolo si queremos recuperar una profesión tan acabada como la del sereno nocturno, pero que si son actualizados a perfiles como secretarios, ayudantes domésticos o adjuntos profesionales, a buen seguro que darán un agradecido servicio a los acomodados bolsillos que puedan permitírselo o lo necesiten para hacer de su ajetreada vida una mucho más relajada. ¿Los valores actuales? Seguro van con los, nuevos, tiempos.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado