Lucir una flor en el ojal de nuestra chaqueta

lucir-flor-ojal-chaqueta-hombre-00“La tierra se ríe en flores”; Edward Estlin Cummings, poeta estadounidense.

      Adornar -en ocasiones puntuales- con una sencilla flor el ojal de nuestra chaqueta resulta de una elegancia sin par. Acto valiente y galante donde los haya, si la flor es tan acertada como la ocasión en la que se exhibe se convierte en un detalle de refinado gusto.

      No puede considerarse como un acto excéntrico. Si los “nuevos dandis” cometen osadías que son calificadas por algunos como “estilosas” tales como: vestir desbocada una chaqueta cruzada totalmente desabotonada, anudarse la corbata de manera que rebase ampliamente la cintura o acompañar a un traje con un calzado deportivo. Calificar a un acto de tal delicadeza -como colocarse una flor en el ojal de nuestra chaqueta- de snob demostrará lo lejos que se está del buen gusto, clásico. Es decir, del de siempre.

      Un atrevimiento como éste debería asociarse a la espontaneidad. Nada premeditado.

      Embellecer con una flor el primer ojal de nuestra chaqueta tiene que ver con la improvisación de encontrársela entre un ramo o en el jardín, con la naturalidad de pasársela por el ojal en ese preciso instante y con la frescura de mantenerla mientras está en perfectas condiciones.

      No deberíamos estar ante un acto reflexivo sino más bien impulsivo. Verla, tomarla y calársela.

      De igual manera a como una diva de la copla se coloca con gracia una flor por encima de su oreja si se la lanzan al escenario, un caballero debería sabérsela acomodar en el ojal de su chaqueta si se topa con ella.

¿Cuándo?
Deberíamos aventurarnos en contadas y especiales ocasiones. Solo en aquellas situaciones de fiesta durante celebraciones como lo son bodas, aniversarios y cócteles por ejemplo.

      Invitan a ello los acontecimientos alegres que se desarrollan en el exterior, con buen clima, y en épocas de exuberancia de la naturaleza como lo es la primavera o el verano.

      Los trajes que más justifican utilizar la flor en nuestra chaqueta son los de etiqueta. Precisamente por el cariz festivo de las ocasiones cuando se visten, aunado a su formalidad, pero ésta resultará igualmente adecuada en cualquier otra chaqueta.

¿Cómo?
Para esta función ayuda que nuestro traje disponga en la parte trasera del ojal un cordoncillo (cosido a tal efecto) para pasar por él el tallo y mantenerlo fijo en su posición correcta. Si no existe, un alfiler puede ayudar a esta función teniendo la precaución que no se vea.

      El ojal ha de estar siempre abierto, como corresponde, así estaremos preparados para pasar los 4 ó 5 cm. de tallo por él y dejar solo a la vista los pétalos.

      Cierto es que resulta un tema delicado y del que conviene tener la completa seguridad antes de aventurarse con este ademán. Sin embargo de hacerlo con la certeza suficiente de quien sabe, proporciona una imagen difícil olvidar.

      Es muy recomendable huir de todo preparado floral, el acierto resulta inversamente proporcional a su elaboración.

      Al contrario que el pañuelo de bolsillo -que nunca cansa llevarlo- este adorno solo es para ocasiones de especial alegría y sentimiento.

¿Cuáles?
Cualquier flor -fresca y natural- me parece acertada con tal de que sea pequeña, pero no diminuta. Las más bonitas para esta función son la del azafrán, la gardenia, los claveles (que aunque son un poco bastos por su tamaño resultan muy fáciles de conseguir), los lirios, las margaritas (abundantes pero algo vulgares)… incluso una sencilla amapola sirve. Casi todas valen.

      Los colores predominantes en los pétalos de la flor en blanco, rojo, azul e incluso amarillo son perfectos. Y como hablamos de naturalidad, nada de combinaciones.

Experiencia particular
Personalmente fueron dos las ocasiones en las que las recurrí a este adorno floral, porque entendí que la ocasión merecía la pena.

      La primera ocurrió durante la promoción de trajes que realizamos hace ya casi tres años. Aunque tuve el fallo de que el ojal no estaba lo suficientemente abierto, por lo que el cáliz de la flor no pasó en su totalidad por el mismo y no se asentaba completamente.

      El segundo día fue motivado porque me regalaron un ramo de flores por una conferencia que di, el cual no dude en ceder a mi esposa, pero del me quedé -encantado- con una margarita para disfrutar de la fiesta que vivimos durante aquella tarde.

      Deseando sean numerosas las ocasiones que podamos disfrutar de coqueterías de este tipo, lo cual significará que nuestra felicidad se mezcla con nuestro desparpajo, os deseamos un ¡Feliz Verano!

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Anonimo

    Es increíble como un acto tan natural como recoger una flor nos puede dar un toque de osadía y de buen gusto. Muchas gracias por el aporte, habrá que tenerlo muy en cuenta este verano.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado… algunas mujeres se adornan con naturalidad con ellas durante estas fechas y les queda muy “fresco y natural” ¿Porqué no nosotros?
      Un abrazo y feliz semana,

  • Juan Manuel P

    Las plumarias (foto 5/9) de cinco pétalos, en su versión blanca con centro amarillo, es una de las flores tipicas de hawaii, con ellas se hacen los famosos leis (collares) hawaiianos, yo practico un deporte de la polinesia (el va’a) y en nuestro club, tenamos muchas de esas, es una flor muy noble, con una aroma espectacular.
    Saludos desde BsAs!
    Juan Manuel

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado Juan M. por tu información.
      Sin duda una preciosa flor con la que no dudaríamos en adornamos el ojal de nuestra chaqueta durante cualquier celebración a la que asistiéramos en vuestro club 🙂
      Saludos cordiales para la Argentina,