Los puntos sobre las íes

“Las mejores y más bellas cosas del mundo no pueden ser tocadas o vistas, deben ser sentidas con el corazón”; Helen Keller (1880-1968), escritora estadounidense.

      La elegancia no está en la ropa. Nada más lejos. Elegante es lo que somos, sentimos o hacemos con -y sin- ella puesta.

      Personas con vocación cultural, aquellas que demuestran respeto hacia el prójimo, o están dotadas de la suficiente sensibilidad como para considerar a todo el mundo con la misma dignidad son elegantes.

      Además, luego suele coincidir con que son la gente que se da cuenta que con slippers no se puede salir a la calle.

      Las prendas que vestimos son una consecuencia del tipo de hombres en los que nos hemos convertido. Otra tarjeta de presentación. Y que se debería ajustar con la actividad a la que acudimos y con nuestra edad. Un clásico diría: posición social.

      Hoy en día todos somos conscientes de la diferencia que existe entre una ocasión especial y la cotidianidad. No es lo mismo vestir un conjunto cualquiera para acudir a la oficina por la mañana, que él utilizado durante la boda del amigo al atardecer.

      Por otro lado, sentirse cómodo no puede ir en detrimento de las mejores formas ni de la comodidad ajena. Como tampoco lo sutil de un atrevido guiño debe avergonzarnos. ¿Ejemplos? Dos: a casa de los suegros nunca debemos acudir vestidos con una sudadera, y la cartera de mano no es una mariconera. Sino un complemento práctico y varonil.

      Cuando se mete el dinero de por medio o las fatídicas comparaciones: mejor / peor, ya no hay solución. ¿Para qué y para quién? Circunstancias mandan.

Saber estar; resulta básico nunca estar fuera de lugar.
Siempre con personalidad, pero lo hemos dicho hasta la saciedad: tan impropio es acudir al partido de fútbol de nuestros hijos el fin de semana de etiqueta como ir al trabajo con una camiseta, jeans y sneakers. ¿O acaso somos pupilos de Mark Zuckerberg?

      La experiencia me ha enseñado que no puedo vestir con la misma ropa cuando visito por primera vez a un personaje de la talla del Sr. Gallo, que cuando voy al hospital y luego tengo que recoger a mis hijos en su colegio durante una jornada laboral cualquiera.

No es una cuestión económica. Es saber (de la vida) y conocer (el paño).
¿Podría alguien afirmar que se viste más elegante con un traje cortado por un sastre (rancio), que con un conjunto “colgado de la percha” de una firma con renombre en el barcelonés Paseo de Gracia o el Barrio de Salamanca castizo que con otro de las rebajas en los grandes almacenes de su ciudad?. ¿Si? ¿en que casos?. Y entre los tres existe una diferencia abismal de precio.

      De lo que no cabe duda es que sale a cuenta invertir varios cientos de euros en un calzado de piel becerro, que malgastar unas pocas decenas en otro de cuerina (sintéticos). Demostrado experimentalmente.

Equilibrio y naturalidad. Coherencia.
Si resaltan unos gemelos de oro o reluce el reloj manufactura debajo de una blazer de tejido acrílico, algo no funciona. ¿Qué pinta un pañuelo de Simonnot Godard dentro del bolsillo de una chaqueta comprada en el Carrefour?

       Es exactamente lo mismo que encender un “trujas” con un encendedor (que no mechero) Dupont.

      Compartiremos, también, que un zapato sin calidad sobre un traje bespoke desentona tanto como un dromedario en Siberia. La armonía es tan elegante como la sencillez y la humildad.

      El equilibrio es importante en todas la facetas de la vida; saber determinante. Si disponemos de una corbata de siete pliegues de Passaggio Cravatte, lo mínimo que nos pueden exigir es que sepamos realizar un nudo cuidado.

Firmas y marcas.
Sobre el marquismo nos podríamos pasar horas divagando. Algunas varían su calidad con las temporadas o dentro de la misma a criterio de su gerente… ¿nunca han apreciado un cambio de sabor en su cerveza favorita con idéntica etiqueta? Lo mismo sucede con la ropa.

      El prestigio lo ganan las mejores corporaciones a base de muchos años, de calidad; o labrándose la fama a base de marketing. En las mejores oportunidades les avala su producto, sin embargo no siempre van aunadas todas las variables.

¿Artesanal, confección, a medida… cuarto y mitad?
Lo que a usted le siente bien y se pueda permitir sin necesidad de apretarse el cinturón, que luego la ropa nos sienta fatal. Hablamos de cubrir necesidades básicas y necesarias con gusto y agrado, pero no de arruinarse.

      Y por supuesto nunca, nunca jamas, aparentar lo que uno no es… en cuyo caso seria de lo menos elegante.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Marco Ansaloni

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