Lookbook Vestirse

“Las reglas y los modelos destruyen el genio y el arte”; William Hazlitt (1778-1830), escritor inglés.

      Conocerse requiere un arduo trabajo. Participar en el último libro de Bernhard Roetzel (en el que con ocho fotos fuimos terceros en cuanto a presencia tras el protagonista y Sven, y curiosamente repetíamos una chaqueta) me ha llevado a repasar mi álbum de fotos de estos seis años.

      El estilo Instagram de las publicaciones son intuitivas, que no reflexivas, así que con perspectiva comparto mis reflexiones de como elegí vestirme durante todo este tiempo.

      Poco pero bueno. Sin duda dispongo de una ajustada cantidad de ropa, y no necesito más. Con tres buenos trajes y otros tantos para complementar, media docena de chaquetas y una selección de pantalones (que al menos tres valgan para cada chaqueta) tenemos suficiente. Amén de una completa colección de zapatos en piel de becerro o superior (ahí no se puede reparar en gastos).

      ¿Pañuelos de bolsillo? Cientos, más incluso que camisas. Complementos, los indispensables.

      Tener demasiada ropa donde elegir es un error. El bosque nos impide distinguir los árboles. Si algo no utilizamos, lo mejor es cederlo.

      Hay ropa para ver y otra para vestir. No es lo mismo lo que nos conviene que lo que nos atrae. Al final, me siento identificado con las camisas blancas o muy claras, las corbatas azules o cuando menos solidas, y los tonos azules y grises para la prendas principales. Nunca olvidándome el resto de colores.

      Una riqueza cromática es significativa y azules zapatos oscuros, blazers granates, suéteres rosas o pantalones rojos -en determinadas situaciones- no desentonan.

      Mimetízate con el entorno. En todas las sesiones fotográficas, intenté buscar el acontecimiento adecuado al vestuario que iba a presentar. Que no chirríen ropa y escenario es otro buen síntoma.

      Si lo nuevo no mejora lo existente, descártalo. Mi idea es completar o sustituir las piezas que dispongo y quedan inservibles, con muy ligeros escarceos. La base es lo más complejo, y solo cuando está completa (casi nunca) nos podemos permitir arriesgar.

      Extremar las precauciones con los motivos (dibujos y colores). En todos aposté por la discreción. Con la máxima de a iguales dibujos distintos tamaños y con diferentes similar, y a mayor tamaño de prenda menor vistosidad; raro es errar.

      Vestir a medida es la fetén, no obstante con ajustar las prendas suele llegar. No toda mi ropa es bespoke, ni falta que hace, aunque la adapté cuando lo requería.

      Son difíciles las circunstancias en las que hoy en día se puede vestir un traje. Motivo por el cual los conjuntos de este tipo que incorpore a partir de ahora serán de pana, lino, o tejidos mucho más relajados y colores como el verde o los tostados.

      Las prendas de punto son mi debilidad por su comodidad. De todo tipo; cardigans, cazadoras, jerséis con infinidad de cuellos, chalecos, etc.

      Simplicidad. Cuando he complicado un atuendo, inmediatamente no me ha hecho sentir cómodo. Tres, cuatro piezas como mucho en un atuendo bastan y dos complementos a lo sumo. Bufanda y cinturón, por ejemplo, y ya está.

      Los tejidos han de ser coherentes, antes incluso que los tonos. Lanas entre ellas y linos con algodones o sedas juntas. En cuanto a los colores: los principales grises, azules, pardos o cremas. Deja los más vivos para los detalles.

      Quiere lo que vistes. Dirige tus recursos solo a adquirir lo que te gusta. El único que puede elegir nuestra ropa somos nosotros mismos.

      Que la ropa nos sirva para ser un poquito más feliz, pero que no nos reste ni un ápice. No merece la pena.

      Miremos a largo plazo. Trabajemos opciones, pensemos en grande y con la vista puesta en el futuro. ¿Cómo nos gustaría que fuera nuestro vestidor en 5 años…? Ser cortoplacista, no es elegante.

      Es preferible cierta monotonía que una variedad no adecuada. Me decía un señor hace pocos días… “yo vestiría con camisa azul clara, chaqueta azul medio y pantalones grises todos los días”. Pues venga, perfecto (dije en mi interior) tiempo habrá para más.

      Leyendo cualquier libro un escritor nos detalla como visten sus personajes y nos hacemos una idea de su personalidad. Cuando visualizo mi aspecto, me reconozco. Entiendo que es la señal correcta.

      Esperando que os sirva recordar estas 70 propuestas… Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado