Lino. Guía definitiva.

“La vida de cada hombre es un camino hacia sí mismo”; Hermann Hesse (1877-1962), escritor alemán.

      El lino es al verano lo que los tweed para el frío. Ambos tejidos, relajados y distinguidos, son utilizados por aquellos que mejor conocen el paño.

      Esta tela agradece la sencillez y poca tensión en la combinación de sus hilos para hacerlo más fresco.

      Entre las principales características del lino están:

– Es muy transpirable, absorbe la sudoración y se seca rápidamente.

– La fibra vegetal de la que proviene es dura y resistente. Larga (hasta un metro de longitud) y de grosor (unas 15 micras) las prendas confeccionadas con este hilo se desgastan menos que la lana o el algodón. Es decir, resulta mucho más difícil -por ejemplo- que aparezcan bolsas en las rodillas o rozaduras en los codos.

– Es mas suave que el algodón, y quizá sea el tejido más terso al tacto tras la seda. Aunque, lógicamente, dependerá de las diferentes mezclas.

– El hilo de lino presenta irregularidades, de grosor y tono, que le confiere un aspecto casual muy atractivo.

– Es ecologico, antibacteriano y refinado.

      Obviamente el mayor problema es que se arruga con facilidad. Cuestión que aminoran las mezclas o tratamientos superficiales con resinas. Otros puntos en su contra son el elevado precio y su falta de elasticidad.

      Una imagen estereotipada del típico colono, explotador y grueso, del trópico aprisionado dentro de su traje blanco sudando copiosamente y secándose la frente con un pañuelo se compensa con cortes y colores actualizados tales como: el verde oliva, el café solo, canela, blanco roto, arena, azul cielo o un cereal tostado.

      Normalmente las telas de lino se tejen sin dibujos, lisos, pues su tono natural ya le confiere un aspecto característico y exquisito. Sin embargo en la actualidad aparecen con variedad de motivos. Rayas y cuadros, dibujos como el príncipes de Galés o incluso más atrevidos como los madrás y tartán se encuentran entre la oferta.

      Entiendo que los fil a fil, tipo sargas u ojos de perdiz más discretos resultan los estampados más agradecidos.

      Su compañero ideal son las lanas frías, los algodones (seersucker) o las diferentes mezclas de seda.

      El peso de estos tejidos conocidos, por su tradicional uso, como ropa de cama suele oscilar entre los 225 gramos y 375 gramos por metro. Y curiosamente los más afamados son los irlandeses, coincidiendo en esto también con los tweed. Otras naciones famosas por su producción son Francia, Bélgica y los Países Bajos (amén de Rusia y China).

      Los lienzos más ligeros son propios para complementos (corbatas o pañuelos), polos, camisas e incluso chaquetas; reservando los más pesados para trajes y pantalones que siempre necesitan mayor consistencia.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado