Lecciones de sastrería con… Alberto Olego

“No se puede enseñar nada a un hombre; sólo se le puede ayudar a descubrirlo en su interior”; Galileo Galilei.

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      Conviene aprovechar cada nueva oportunidad que se nos presenta para aprender. Y aunque se dice que lo que se puede enseñar no vale gran cosa, sino que lo verdaderamente importante es lo que cada uno descubrimos, ¿qué mejor ocasión para recibir información que de mano de los profesionales en cada materia?.

      Aprovechamos nuestra visita a la sastrería Olego para pedirle a Alberto Olego que nos revelara sus trucos, aprendizajes y mañas que va adquiriendo en su labor diaria, y éstas fueron algunas de las que nos transmitió:

Cortar
A la hora de cortar, los sastres diestros lo hacen de derecha a izquierda mientras que los zurdos en el sentido contrario.

      No se corta exactamente por donde se marca. Sino que se ensancha en los costados, en la zona de la rodilla y en el trasero para suavizar el entrante y que haya holgura. Cosa que -ahora- empieza a hacer la confección.

      La tiza se afila en el raspatizas, que es esa ingeniosa herramienta con una serie de cuchillas dispuestas en paralelo -dentro de un armazón de madera- que siempre tienen sobre la mesa los sastres.

      El mantenimiento de las tijeras lo realiza un afilador profesional que suele revisarlas un par de veces al año. Aunque una tijera de buen acero y con un cuidado uso -cuyo precio supera los 300 €uros- no le hace falta tratamiento alguno en cinco años.

      Una tijera es -prácticamente- interminable. Algunas de las que Alberto usa, tienen entre 70 años y 80 años de antigüedad.

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Medir
La base de las proporciones en nuestra altura es que medida de la entrepierna al suelo suele coincidir con el largo de la chaqueta.

      A la hora de medir el ancho de espalda hay que retener la camisa con los brazos. Es decir, alzar los brazos del cliente y ceñir el sobrante de la tela bajo sus axilas de modo que quede retenida al bajarlos. De lo contrario puede despistar la holgura de tela en la camisa.

      En los chalecos se toma la medida de la cintura más siete centímetros para el pecho. No se coge directamente la del pectoral, porque aunque sean distintas -la del pecho y cintura- se evita trabajar con dos medidas. Se trabaja por estas proporciones -con la práctica- en las personas sin una barriga abultada.

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Coser
Cuando se cose, el largo del hilo no debe ser muy largo porque sino se hacen nudos. Lo normal es que sea de 30 cm. aproximadamente.

      Para enhebrar la aguja con comodidad hay que cortar el hilo con la tijera, y no con la boca, porque aparte de que se fastidian los dientes quedan pelillos que impiden pasar el hilo con facilidad por el ojal.

      La postura para coser más ergonómica es sentado en sillas bajas y respaldos altos, los reclinatorios de los confesionarios serían los ideales. En caso de no disponer de estos asientos, se puede utilizar una silla normal apoyando los pies sobre una banqueta y un cojín encima de las piernas. Con esto se consigue no forzar ni la vista ni la espalda.

      Hacer un nudo en el final con los dos hilos para evitar que se escapen de la tela siempre es vital. Además, se recomienda hacer una trenza girando la aguja sobre su eje para que así no vaya cada hilo por su parte. Alberto alude a que esto lo sabe por Savile Row, pero algunos se lo vimos hacer siempre a nuestras abuelas.

      Coser en X los botones y dejar su debido tallo es señal de calidad. La confección los cose en paralelo y pegados a la tela.

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Planchar
Cuando se plancha se debe utilizar una sarga ignífuga doble (algodón y lana) intermedia entre la plancha y la tela -cual mártir textil- para evitar hacer brillos.

      Una plancha con varios kilos de peso hace durar más tiempo lisas las prendas. De forma similar a la inercia térmica que tienen la calefacción de carbón, cuyo calor permanece más en el ambiente que la eléctrica. La inmediatez del planchado ligero perdura menos.

      Se utilizan artilugios como el “burro” para elevar la mesa. Son realces propios del oficio que sirven para planchar las mangas y hombros con comodidad, ya que la tela no toca sobre la mesa sino que permanece en el aire. La prenda está como en vilo.

      Los tejidos artificiales se planchan con la menor temperatura (poliéster), la lana y el algodón con intermedia y el lino con los mayores grados posibles.

      Para quitar los brillos de una tela se coge un trozo de forro empapado en agua, y una vez escurrido se frota -planchando- sobre la zona de la tela donde se formaron. Si no se van en la primera pasada, seguro que en una segunda planchada a elevada temperatura se eliminan.

      Cuando el tejido tiene pelo, por ejemplo en los abrigos, para que éste se levante y tenga la vista original, no apelmazada, se moja el mismo trozo de forro interior de una chaqueta comentado en el anterior punto, y se aplica encima de la prenda con la plancha caliente y se retira rápidamente. Esto levantará el pelo debido al tiro natural del vapor generado con solo poner un par de segundos la plancha sobre el trozo de tela empapado.

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Trato con el cliente
Si el cliente se hace acompañar por su mujer es rentable ganarse la confianza de ella. El gusto de la mujer se suele imponer.

      Preguntar los gustos personales al cliente. Sobre todo adaptarse a su estilo porque además de ser el que paga la va a vestir, aunque no por ello el sastre debe perder el estilo propio de la casa.

      El último caso es negarse a hacer una frivolidad. Alberto nos cuenta como anécdota que se negó a realizar a un cliente una prenda tan estrafalaria que le resultaba poco decorosa, asumiendo el riesgo de que se fuera a otro sastre para que se lo hiciera. Lo que ciertamente luego sucedió, y el cliente se fue a otro sitio a hacérselo. El cuál asintió. Ser flexible si, pero reservarse el derecho de admisión también.

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Probar
El bajo del pantalón siempre da problemas, por lo que hay que invitar al cliente a que camine y se mueva enérgicamente (acuclillarse, agacharse, sentarse…) para que se asiente la prenda y quede a la medida práctica.

      Hay que separarse una cierta distancia del cliente para ver el conjunto. Una cadera -y su hombro correspondiente- suelen estar caídas por esfuerzos, así que es importante fijarse en este detalle, por delante y por detrás.

      Buscar la procedencia y origen de las arrugas antes de eliminarlas. En caso contrario, ni se aprende ni seguramente se subsane.

      El cuello y el puño de la camisa es básico que sobresalgan de la chaqueta, ya que aparte de su función estética sirve de higiene para que no se manche esta última prenda. La camisa se lava diariamente en la lavadora con facilidad, pero la grasa de nuestra piel, el sudor o la suciedad de nuestro cuerpo podría manchar la prenda exterior que tendría que ir a la tintorería y esto ocurre muchas menos veces.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
© Fotografía Jose M. Salgado

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  • Anonimo

    Impresionante articulo sin duda una clase magistral. No hay nada como aprender de los mejores. Enhorabuena.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado, la verdad es que no hay mejor manera de aprender que de la primera mano de los profesionales en cada materia…
      Saludos cordiales,

  • Carlos

    Muy buen artículo, me gusta… felicidades again
    Carlos López

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado Carlos.
      En su día tuvimos las lecciones de otros sastres a los que visitamos como la de Antonio Puebla… y pensamos que era un buen momento para otra “master class”.
      Saludos cordiales y muy agredecido,

  • Vicente Esteve Cano

    ¡Enhorabuena, David! La web era buena, pero con la nueva imagen ha quedado magnífica y MUY ELEGANTE.
    Vicente

    • vestirseporlospies

      Muchísimas gracias estimado Vicente. La belleza está en los ojos del que mira…. 🙂
      Un abrazo y saludos cordiales,