Las reglas de la moda clásica masculina; Cuando romperlas y sus errores

reglas-moda-masculina-clásica-cuando-romperlas-00“Serás recordado por las reglas que rompas”; Douglas MacArthur

Solo el que aprende las reglas sabe cómo romperlas adecuadamente. El vestuario clásico masculino no hubiera sido lo que conocemos hoy en día si no fuera por la constante ruptura de sus normas, aunque deba su apasionante elegancia a preservar las evolucionadas que sobreviven hasta hoy.

Los códigos de conducta dan seguridad, estabilidad y orden. Están para ser seguidos pero no para ser esclavos de ellos. Algo similar le sucede al mundo de nuestra imagen pero para mejorar lo existente se requiere poseer: dominio, madurez y el valor suficiente.

Que las reglas son necesarias para la convivencia no escapa a nadie. Aunque a unos nos gusten más que a otros y cada quien tendrá sus preferencias. En el caso del vestuario sucede exactamente igual. Si nos ponemos un cardigan rosa sustituyendo al preceptivo chaleco del frac cuando lo vestimos, estaremos innovando pero al unísono haciendo el ridículo. ¿Porque? Razonemos.

La clave de marcar tendencia estará en que no vale con inventar, sino que hay que mejorar –justificadamente- lo que existe y lograr que a partir de ese preciso momento todo el mundo pase a proceder de similar forma. El caso del uso del zapato Oxford con el traje gracias al Duque de Windsor puede ser un buen ejemplo, a él se lo debemos y lo continuamos usando.

Esta es la gran diferencia entre la moda clásica y el resto. A todas se las debe el máximo respeto y la atemporal no es la única, y para muchos tampoco la mejor. Pero mientras las demás mueren cada semestre, mucho antes o poco más tarde, la clásica es la que realmente resiste a los caprichosos envites momentáneos y permanece intemporal.

Todos los grandes logros en nuestra sociedad se ha conseguido a base de romper los cánones establecidos; los descubrimientos de nuevos mundos durante el siglo XV, el mítico salto de Fosbury en la olimpiada del año 1968 o la invención del canal que nos da soporte, internet. Pero estos no suceden todos los días y son fruto de un esfuerzo épico porque: conocer las bases lleva su tiempo, integrarlas requiere mucha dedicación y para mejorarlas hay que ser –realmente- un virtuoso.

De igual modo Brummel o Agnelli no hubieran sido lo que han llegado a ser si se hubieran ceñido a los patrones solamente. No es menos veraz que solo hubieran sido flor de un día en el caso de no haberse basado en lo mejor del momento para ser la referencia de estilo de todos los que venimos detrás.

Solo está legitimado para saltarse las reglas aquel que las integra hasta el grado de hacerlas suyas, como si le pertenecieran, llegando a hastiarle tal dominio que como a todo buen artista, le motivará lo desconocido o lo que aún no se ha creado. Hacerse eterno con su obra. Por eso las crea nuevas y, sin quererlo, dejará un legado.

Al hilo de todo esto, algunos “errores puntuales” -de los que dejaron su huella de eternos por su estilo- tales como: Usar calcetines que nos descubran algo de piel de la pierna, mantener el último botón de la chaqueta abotonado o posar sin chaqueta, no sirven más que para demostrar su condición de humanos. Para el resto de mortales es error de bulto, falta de naturalidad o desconocimiento que no exime de penitencia.

Dijo San Agustín; Conócete, acéptate, supérate. Lo mismo aplicaría a los preceptos clásicos. Deberíamos consultar su historia, asumirla con el respeto que merecen quienes con sus creaciones se ganaron el respeto de –casi- todos y solo osaríamos contribuir a su mejora continua con la humildad del que sabe que siempre aprende y desde la sencillez del maestro.

Feliz día y buena suerte,