La vuelta del pantalón, la camisa blanca y el calzado negro

“La historia de los hombres libres nunca fue escrita por casualidad sino por elección; ¡su elección!”; Dwight Eisenhower militar y presidente estadounidense.

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      El ejemplo tiene más fuerza que las reglas; y si es mejor las rompe. Sin embargo esto no sucede todos los días, ya que para ganarse el reconocimiento capaz de convertir una costumbre personal en una norma aceptada por la mayoría hay que tener una idea brillante sumada a una trayectoria ejemplar.

      Cuenta la leyenda que uno de los eduardos británicos, el rey Eduardo VII (1841-1910) abuelo del otro –Eduardo VIII (1894-1972) abdicado y único Duque de Windsor– fue el primero que se arremangó el bajo de su pantalón para evitar mojarlo al pisar los charcos. Dando así lugar al nacimiento de la vuelta del pantalón.

      Este detalle del dobladillo tiene ventajas prácticas y estéticas. Entre las primeras está que proporciona una mejor caída al pantalón, y de las segundas como son subjetivas cada uno tiene su parecer. En cuanto a su ejecución, esta doblez suele denotar un mayor cuidado en su confección ya que es un detalle en el remate de cada pernera.

      Puede estar cosido o abotonado para facilitar su limpieza interior.

      El dobladillo convierte al pantalón en informal, por lo tanto no apto para los formales trajes de etiqueta, y suele medir en torno a los cuatro centímetros.

      De manera personal, y respondiendo a una pregunta de Miguel A. de hace dos días, creo que tampoco favorecen a los pantalones más relajados como vaqueros o chinos. Mi recomendación es que el dobladillo aporta estilo, resultan elegantes para ciertos modelos como los de franela y su utilización es apta para cualquier seriedad intermedia.

      Cuando nos hacemos un traje a la medida y de calidad, siempre es recomendable realizarse dos pantalones, puesto que se gastan más y alargaremos la vida del conjunto. En estos casos, hacer uno con vuelta y otro sin ella -para alternarlos- creo que es una buena opción puesto que en los pantalones bespoke el diseño es nuestro. En los que compramos RTW no llevan vuelta porque cada cliente tiene que ajustarlos a su altura, aunque suelen venir con un largo suficiente como para encargarlo hacer.

      Similar informalidad se le atribuye a la camisa de color y al calzado marrón cuando sustituyeron a la blanca y el zapato negro, respectivamente.

      Es por todos conocido que la camisa blanca era la propia de la aristocracia de la época victoriana (1837-1901) y eduardiana (1901-1010), dos siglos antes, porque la podían mantener limpia al no trabajar (con las manos), tenían quien se la limpiara o porque su poder adquisitivo era suficiente como para comprarse tantas como quisieran. Mientras que la clase obrera -recién superada la Revolución Industrial (1840)- no se la podía permitir y las usaba de colores o motivos que disimularan las manchas.

      De ahí que quedara el vestigio de los cuellos blancos como de carácter formal cuando se populariza el uso de camisas coloridas por la élite social, y sean las únicas aptas para vestir con el formal chaqué. No así las de un color en su totalidad.

      El zapato marrón ha sido inadmisible hasta hace muy pocas décadas para pisar el asfalto de la ciudad, por obedecer a la misma causa de informalidad. “No brown in town” fue una de las máximas en el vestir propias de la tradición inglesa, donde el marrón era un color para el campo y los zapatos elegantes se teñían. A día de hoy “the brown is the new black”, gracias al atrevimiento de relajar las formas por parte de los italianos a partir de la década de los 80.

      Pese a todos los condicionantes de la tradición, y como toda marca por fabulosa que parezca, los hitos siempre son superados. Pero eso lleva su tiempo… y hay que ser genial para lograrlo.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Anonimo

    Interesante clase de historia, en lo que estamos totalmente de acuerdo es en el dobladillo de los vaqueros. a mi tampoco me gustan nada, sobre todo cuando al darle la vuelta, normalmente cambia el color. Y para colmo, los jóvenes sobre todo que los doblan sin coser, al final lo acaban arrastrando y lo llevas destrozado a tiras. Por muy informal que sea el vaquero el llevarlo todo roído por la parte de atrás no dice mucho de estos personajes.

    • vestirseporlospies

      Gracias por el comentario estimado.
      En estos días, se ve cada cosa que cuesta reconocer por donde está el norte…
      Saludos cordiales y a tu disposición,