La verdadera elegancia del duque de Feria

“Enviar una carta es una excelente manera de trasladarse a otra parte sin mover nada, salvo el corazón”; Cayo Petronio Árbitro.

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      La elegancia forma parte de un todo. Indisoluble de cada una de las expresiones de una misma persona. Llegados a un punto, incluso la imagen carece de importancia porque es eclipsada por la forma en la que se procede.

      Cada vez que recibí un manuscrito de Rafael Medina Abascal, duque de Feria, tuve constancia de su auténtica elegancia.

      En la era del teclado y las pantallas de cristal líquido, la tentación de comunicarnos de manera cómoda a través del soporte web es demasiado poderosa. Sin embargo, el esfuerzo que supone dejar constancia con tinta sobre un papel evidencia una refinada educación.

      El primer tarjetón lo recibí hace unos años como respuesta al envío de mi libro, cuando el duque de Feria aún trabajaba para Scalpers. Se la agradecí mucho porque estaba empezando, y todo apoyo era poco. Más si cabe por comparación con otros referentes. Puesto que había repartido más de una veintena de copias entre destacados del menswear internacional desde Nueva York hasta Nápoles, pasando por las principales ciudades europeas, y apenas recibí algún que otro postureo en las redes. De la mayoría aún sigo esperando alguna respuesta, siquiera de haberlo recibido.

      La elegancia son las formas, no las prendas. Las que llevan a la práctica los caballeros que lo son.

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      La segunda ocasión que recibí una carta de Rafael Medina fue hace pocos días, con motivo de mi artículo sobre la firma que dirige. No tenía porque hacerlo, puesto que no me dirigía a él en concreto y además -como me comentaron algunos lectores- mi crítica no se caracterizaba por su benevolencia. Sin embargo, me respondió con una amabilidad que zanjaba de raíz cualquier lugar a la polémica. Chapó!!!, toda una lección.

      Ambas misivas venían acompañadas de un sutil presente (pañuelo de bolsillo y juego de velas, respectivamente) que no hacen sino más depurada la respuesta.

      De forma personal solo he coincidido con Rafael en Florencia, le saludé y charlamos unos minutos. Cuando di mi impresión sobre los hombres más elegantes de España, aludí a él como alguien al que todos valoran como tal. Hoy puedo asegurar que con actos como éstos, sin haber visto una foto suya en años, estamos ante un caballero. Elegante.

      Las maneras siempre son importantes. Recordando el final de la novela El Sueño del Celta de Mario Vargas Llosa (2010), y en como toda esa historia se resume en el semblante con el afronta la subida al cadalso Sir Roger Casement. Su vida, de luces y sombras como la de cualquier ser humano, se define en esos últimos segundos de vida.

      Sin ir tan lejos, hay comportamientos en la vida de ciertas personas que dejan una indeleble imagen en quienes las percibimos. Gracias Duque.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía Jose M. Salgado

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