La solera en las piezas de un vestidor

“Me gusta todo lo que es antiguo: los viejos amigos, los viejos tiempos, los viejos modales, libros antiguos y viejos vinos”; Oliver Goldsmith (1730-1774), escritor irlandés.

      Toda fascinación perdura. Latente. Esperando hacerse consciente gracias a que nuestra mente se comporta como un aparato de radio, que tan pronto como sintoniza con una emisora concreta percibe el mensaje con nitidez. Mientras que de otra manera, en otro ancho de banda, tan solo oímos ruido.

      Esta situación me sucedió con un párrafo de la novela que estoy leyendo, Anima Mundi de Susanna Tamaro (adjunto en una fotografía). Porque al cabo de los días leemos mucho, recibimos aún más información por medio de la TV, web, prensa gráfica, conocidos, etcétera; pero rara es aquella que nos impacta con meridiana claridad. Aquella que casi admitimos como propia. Tan nuestra que la habríamos verbalizado instantes antes.

      Una pieza de calidad soporta el paso del tiempo con dignidad. Es más, la ropa o los complementos de calidad ganan belleza con el paso del tiempo. Se las distingue de las carecen de esta cualidad precisamente en como soportan el paso de los años, ya que las malas desde un principio parece como si tuvieran prisa por pasar a mejor vida.

      El placer de reencontrarse cada temporada con nuestro abrigo de lana cuando el frío nos visita, vestir un nuevo verano aquel sombrero de paja toquilla que acumula vacaciones o ponerse el reloj de aniversario durante las ocasiones especiales, es algo que solo proporcionan las piezas que perduran.

      Vivimos un tiempo en el que todo pasa y poco queda. Donde la rotación de los objetos es máxima, así como la compra compulsiva y poco premeditada. Consume y calla, parece rezar no poca publicidad. No se le da valor a las cosas; o demasiado, depende de como se mire. Qué respuesta podremos esperar hacia los sentimientos.

      No está de más reparar de vez en cuando en ciertos conceptos. Tradicionales y clásicos como el valor vintage (de época, de crianza, de calidad, extraordinario…).

      Tengo un amigo, Daniel, que usa durante algún tiempo la ropa nueva en casa antes de sacarla a la calle. Hasta que se le quita ese aspecto de estreno. Creo que procede con buen criterio porque nada resulta más espantoso que esa imagen endomingada de nuevo rico.

      Saborear y deleitarse con lo añejo es un lujo que solo se aprecia a base de educación, conocimiento y formación… valores que, por supuesto, también lleva su tiempo adquirir.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • Santiago

    Mi abuelo siempre decía “un señor nunca estrena”.De hecho,cuando se compraba unos zapatos nuevos rascaba la suela en algón sitio con grava para matar el brillo de la suela…

    • vestirseporlospies

      Los abuelos han sido nuestra fuente de inspiración… de los míos, y a uno solo lo conocí en fotos pero lo adoro igual, parecía que siempre “estrenaban” por su impoluta imagen aunque sus prendas tenían solera… eso era clase.
      De forma personal confieso que me gustan las nuevas piezas de calidad. La sensación de una nueva prenda me agrada, pero que nunca se note que lo es y que se camufle entre el resto del vestuario. De hecho, muchas personas piensan que estreno a diario zapatos, los cuido todo lo posible para que estén como el primer día 🙂
      Un abrazo y feliz día,

  • Leo

    Qué gran verdad escribes, querido David:
    Y no solo es cierto para las prendas de vestir sino también, por ejemplo para los muebles (¿comparamos un espejo del s. XVIII con uno recién comprado en IKEA?) o para los libros, a los que ambos somos muy aficionados (tengo libros del s. XIX que están mejor que otros comprados el año pasado), o con los buenos vinos que con el tiempo mejoran aún más…
    Para algunas prendas el tiempo es un valor añadido porque además de su calidad y elegancia, se le suman los recuerdos y las experiencias vividas. Cuando me casé hace año y medio tuve clarísimo que el reloj que iba a llevar en mi boda era el Longines de acero (sí, ya lo sé, pero…) que hace 45 años mi madre le regaló a mi padre y que mi padre me regaló ese día. Un Patek Philippe de oro nuevecito con correa de cocodrilo del Mississippi no me hubiera aportado lo mismo, así de claro.
    Por cierto, leí Anima Mundi hace 15 o 20 años y confieso avergonzado que no recordaba ese pasaje. Tengo que releerlo sin falta.
    Aprovecho para felicitarte la Navidad y desearte una 2017 más elegante aún si cabe.
    Saludos.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias por tu comentario estimado Leo.

      Que buena ampliación nos hace con los demás objetos… donde van a parar ciertos sofás, pinturas o -por supuesto- libros.

      Los sentimientos… eso si que es elegancia de la verdadera :-)… hiciste muy bien el día de tu boda al llevar un reloj con tanta historia familiar… quien pudiera. Un honor sin duda.

      Es un libro raro, Anima Mundi, pero he de confesar que no he podido abandonarlo porque tiene ese algo de verdadero que engancha… ya me queda poco… JAJAJA

      Un abrazo muy sentido y feliz Navidad tb. para ti amigo Leo, mañana lo haremos oficial pero nos adelantamos en este caso y un 2017 lleno de alegría, salud y felicidad.

  • Leo

    Rebuscando en el móvil he encontrado una foto del reloj. Casi no se ve porque el motivo de la foto, hecha medio en serio medio en broma tenía por protagonistas otras prendas. https://uploads.disquscdn.com/images/6bd12d23f76328bc43c037268326ac918c72107e37f22c724fbd1b8eb381dd28.jpg

    • vestirseporlospies

      Quizá sea en el reloj donde se esconda más carga emocional de padres a hijos.. Felicidades por tu Longines mi querido amigo… No hay ningún Patek, ni ninguna otra firma que en tu caso lo superara. Enhorabuena y otro abrazo,
      PD. Impecable e insuperable esa combinación de calcetín suéter 😉 JAJAJAJA 🙂