La etiqueta masculina como la auténtica elegancia para el hombre

traje-etiqueta-masculina-autentica-elegancia-hombre-0“Yo no nací con una cuchara de plata en la boca, me la puse ahí”; Cecil Beaton, diseñador y fotógrafo británico.

   La educación se resume en sabernos comportar en toda situación. Y los códigos del vestuario masculino fueron implantados para que nos sintiéramos cómodos entre iguales. Donde prime la educación, y sean los detalles del estilo individual los que evidencien nuestra personalidad.

   No en vano, la gran mayoría de nosotros pensamos que es en nuestro interior donde reside la verdadera elegancia. Siendo nuestra imagen exterior quien -únicamente- la transmita y refuerce.

   Hemos venido repitiendo con regularidad el esquema de nuestro vestuario según los cánones clásicos más tradicionales, donde es fundamentalmente el largo de la chaqueta, es decir la existencia o no del faldón trasero hasta las rodillas, la que establece el límite entre lo “formal” y lo “no formal”.

Etiqueta Formal
El frac es el traje para las ceremonias nocturnas más protocolarias. Así como el chaqué será su equivalente durante el día, con luz natural o antes de las seis de la tarde.

   Una excepción es el frac administrativo. Utilizado en actos judiciales, y que consiste básicamente en un frac con la pajarita y el chaleco negros. Seguramente motivado por desarrollarse las actividades propias de este gremio durante el día.

Etiqueta Semi-formal
El smoking, Tuxedo, Tux o dinner jacket es el traje de fiesta nocturno por excelencia. Cuyo descubrimiento se lo disputan entre Griswold Lorillard por presentarlo en el Club Tuxedo de Nueva York hacía 1886, y Angus Cundey por confeccionárselo al Príncipe de Gales (contemporáneo) durante 1865 en la mítica sastrería ubicada en el número 15 de Savile Row, Henry Poole.

   El traje denominado como stroller se considera también semi-formal y es similar a un chaqué, salvo por que se le cambia su típica chaqueta larga por la estándar, sin cola.

Etiqueta In-formal
Solo la opción del conjunto de traje, corbata, calcetines y zapatos absolutamente negros para cóctel, con la camisa y el pañuelo blancos, parece apropiado considerarlo dentro de la etiqueta. Debido a que es utilizado como alternativa al esmoquin.traje-etiqueta-masculina-autentica-elegancia-hombre-00

   Cuando pensamos en estos trajes, muchos repararemos en el daño que le han causado imágenes como la “del cobrador del frac”. Ridiculizando al traje que llevaron a las más altas cotas de la elegancia en el vestuario masculino del pasado siglo caballeros como Fred Astaire, Gary Cooper o -el quizá más elegante de todos los tiempos- Cary Grant. Actualmente pocos como David James Gandy o el propio Tom Ford lo hacen.

Otro código
Existen otras normas de “no” etiqueta: la del vestuario de nuestro día a día. No escrita, al menos no explícitamente, más cercana y sutil que es aceptada por los hombres fieles a la tradición y al buen gusto, sin la necesidad de llegar a ser ningún purista.

   Sencillas y relajadas pautas como la de que al trabajo de oficina no se deben llevar prendas deportivas, que las zapatillas para hacer deporte son exclusivas de su práctica, que una camiseta no es la compañera (interior) apropiada para una chaqueta o ésta con unas bermudas.

Son meros ejemplos de un largo etcétera de normas tan lógicas como intuitivas.

Motivaciones
Cuenta mi querida Mar Castro, en su libro de “El protocolo para jóvenes” que Eduardo VII, ante la eventualidad de rasgarse accidentalmente los pantalones que vestía, tuvo que comprarse otros para cambiárselos en el acto. Los nuevos tenían una marcada raya central propios de la confección sin la consabida plancha para quitársela.

   Al parecer, o al menos esto lo que nos cuenta la leyenda, fue tal el seguimiento de este revolucionario planchado -singular hasta esa fecha- y originó tal revuelo, que la “nueva” raya central en los pantalones pasó a ser considerada como “formal”. Además de aportar mayor elegancia.

    Llamativas tendencias como la sprezzatura italiana (ahora, a Pitti pasado) son más bien amagos. Intentos -de los que la poseen al vestir- para convertir en eternos los modales con los que lucen sus prendas, con fingida indiferencia.

   Necesitarán de la aceptación popular y de la práctica totalidad de todos nosotros para sentar esa cátedra. Ya que como recita el maestro Manuel Machado: “Hasta que el pueblo las canta, las coplas, coplas no son, y cuando las canta el pueblo, ya nadie sabe el autor”.

Conclusión
Mejor o peor, cada uno hará sus propias valoraciones. Sin embargo, en lo que todos coincidiremos es en que hacen falta unas reglas establecidas, aceptadas y quien las dicte, para poder evolucionar. ¿Qué sería de nuestra convivencia si no existieran las normas del código de circulación? Por ejemplo.

   Las pautas son fijadas y poco a poco se mejoran, o no, según se observan los acontecimientos que desencadenan.

   Las normas al vestir tienen que ser holísticas e integrales, es decir, válidas siempre que nos vistamos durante una época determinada. Tanto si es para asistir a una recepción oficial o vamos al parque a jugar con nuestros hijos. La educación se tiene que imponer, y resultará harto complicado justificar hábitos tales como que unas chanclas pisen el asfalto de la calle principal en nuestras ciudades.

   En definitiva, los que hemos crecido cuando existía bien diferenciadas “la ropa para los domingos” de la del resto de la semana, admitiremos sin reservas que deben existir prendas que han de ser reservadas para ciertos momentos, especiales. De la misma manera éstas debieran ser vestidas inexcusablemente en ese momento, porqué conocer las normas de etiqueta es una muestra de educación, pero sobre todo de respeto hacia nosotros mismos y a nuestros iguales.

   Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado