La esencia de Brummell

“Si alguien se vuelve para mirar tu traje, es que no vas bien vestido”; G. B. Brummell.

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      Brummell queda como un ejemplo de sentidos opuestos. El bueno y los peores. Por un lado le debemos la genialidad del menos es más que en su época -La Regencia- supuso toda una revolución, sin embargo su vida fue de todo menos ejemplar. Insolente superficial, jugador empedernido e irreverente orgulloso, jamás trabajó y dilapidó fortunas.

      Gracias al perfeccionismo por su imagen pronto se ganó la amistad con el príncipe de Gales contemporáneo. El futuro rey Jorge IV quedó impresionado con la imagen del dandi inglés cuando Brummell ejercía como capitán del ejercito y ambos se conocieron. Esto le supuso como consecuencia a George Bryan Brummell (1778 – 1840), apodado Beau Brummell -el bello Brummell-, gozar también de similar devoción entre el círculo más cercano al monarca dentro de la aristocracia.

      La imagen de Brummell destacó por su sencillez y buen gusto.

      El sucesor de Jorge III, amante y gran seguidor de la moda de su tiempo, nombró a Brummell su asesor personal de imagen a la edad de 32 años. La tendencia imperante en aquellos días era desproporcionada y llamativa, por lo que mucho debió llamar la atención George B. al heredero de la corona de Inglaterra.

      El atuendo usado por Jorge Augusto Federico hasta ese momento distaba mucho del de Brummell porque era exuberante y repleto de complementos. Con encajes bordados, coloridos satenes, pelucas y mucho maquillaje. Es decir, se encontraba en las antípodas de su estilo. Aún así, el entonces Príncipe galés descubrió en este joven lo que deseaba para sí: el mayor refinamiento posible.

      Jorge IV ansiaba convertirse en el hombre más elegante de su tiempo.

      De alguna manera Brummell se anticipa al siguiente capítulo de la historia donde se impondrá el rigor. La llegada de la reina Victoria al trono (época victoriana) acaba con todos los excesos cometidos durante La Regencia.

      El mismo carácter arrogante que hizo a Brummell granjearse los privilegios de la nobleza, con los años acabaría por hundirle en el ostracismo. Contemporáneo de Oscar Wilde y Honore de Balzac, Brummell fue afín a Lord Byron. El cuál contaba con ideas contrarias a al monarquía, lo que a la postre sería otro de los motivos de desencuentro con el futuro rey inglés.

      Como ejemplos del proceder de Brummell podemos citar que se colocaba el nudo de la corbata (que más bien se parecía a un pañuelo Ascot en su tiempo) siempre de una manera perfecta, aunque tuviera que invertir para ello una mañana entera. La leyenda cuenta que no repetía el uso del mismo lazo si el nudo no quedaba como él deseaba, lo descartaba y cogía otro… al final miraba el conjunto de corbatas desechadas amontonadas y exclamaba: ¡cuanto error!

      De su calzado llama la atención su esmerada limpieza. Usaba botas altas negras de montar a caballo a las cuales, sus ayudantes, lustraban con champán.

      Abogaba por la higiene diaria como premisa fundamental. Se lavaba cada jornada en leche de vaca, como dicen que hacía Cleopatra, operación que podía repetir hasta tres veces al día en una época en la que lo normal era no asearse en semanas. Se perfumaba con fragancias de la firma Floris.

      Minimalista para la época, tuvo a la calidad y el perfeccionismo como banderas. Sus pantalones eran rectificados de forma milimétrica; y entre las numerosas rarezas que se le atribuyen están que enviaba su ropa a Francia para que allí fuese lavada y planchada o que suavizaba sus hojas de afeitar en pergaminos arrancados de ediciones clásicas.

      Usaba guantes tan finos como una segunda piel elaborados por hasta cuatro artesanos diferentes.

      La operación en su forma de vestirse -la cual se prolongaba durante más de dos horas- se convirtió en un espectáculo al que el propio Jorge IV y la nobleza gustaban de asistir. Brummell llegó a invertir hasta nueve horas al día en el cuidado de su imagen.

      Al dandi por excelencia de todos los tiempos se le atribuyen los pantalones largos (pues hasta su momento se utilizaban calzones hasta debajo de la rodilla y medias), la chaqueta oscura (levita típica del frac) y la camisa blanca, casi, tal y como hoy los conocemos.

      Brummell, como genio que fue, se adelantó a su época. Creó la escuela del vestuario que llega a nuestros días, y fue una referencia mundial. Equivaldría a como si hoy un hombre marcara la manera de vestir que rompiera con la actual, y que ésta llegará hasta el año 2216.

      El dandi inglés comienza su decadencia a los 38 años motivado las deudas contraídas debidas a su alto tren de vida para mantener sus ostentaciones en la imagen y el vicio por el juego. Las cuales no puede contener cuando se queda sin el favor del rey.

      Acostumbrado a dilapidar fortunas, la primera de las cuales sería de 30.000 libras que hereda de sus padres cuyo origen era sencillo, huye desterrado a Caen, Francia. Nunca más regresará a Inglaterra, y en tierra francesa mantuvo una trayectoria similar que finalmente le llevo al ingreso en prisión por no poder satisfacer el pago a sus nuevos acreedores del continente.

      Murió con la cabeza perdida en un manicomio, desvariando entre delirantes alucinaciones de grandeza y siendo una sombra de lo que llego a ser en su mejor momento. Dispone de una estatua enfrente de las arcadas de Jermyn Street en Londres como homenaje póstumo.

      Recomiendo la película que incrustamos al pie porque muestra un fiel reflejo de su vida.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado

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  • WILLIAM GALLARDO

    Los elementos comunes para todo Iconoclasta , cual es el caso de Beau Brummell y de muchos que cambian paradigmas, es el poder económico , sin el cual no pueden dar rienda suelta a esas ideas de transformación y las relaciones interpersonales, que son la otra parte que desencadena la profusión de sus mal llamadas locuras entre sus allegados, los que resultan ser los que propagan todas sus ocurrencias, lo interesante es el porque de romper con lo establecido y que sus aportes permanecen en el tiempo, en este espacio ustedes nos han deleitado con muchos referentes y todavía hoy, existen los que dictaran pautas para el futuro venidero.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado William por tu comentario y buenos días;
      Sin dinero es mucho más difícil todo y en ocasiones imposible, pero es un instrumento más que hay que saber utilizar.
      ¿Te parece que el motivo de Brummell pueda ser la saturación imperante?
      La imagen primera de la película cuando aparece el Príncipe de Gales, Jorge, es todo una declaración de lo existente… ¿no?
      Saludos cordiales y feliz jornada,

      • WILLIAM GALLARDO

        Cierto lo excesivo también conspira para el logro del cambio…..,

  • WILLIAM GALLARDO

    El par de elementos comunes de todo Iconoclasta como es el caso de Beau Brummell, son el poder económico , sin el cual resultaría difícil dar rienda, a sus mal llamadas locuras, y tener un selecto grupo de personas en posición privilegiada para ser ellos los difusores de todas sus ideas, Mas que interesante resulta ser aquello que con desenfado , pueda darnos a traste de conceptos pre establecidos y hacernos retomar el cambio como elemento de aceptación.En este agradable espacio es meritorio reconocer el esfuerzo de darnos la oportunidad de ver referentes, cuantos Brunnells están hoy siendo los factores del cambio……

  • Anonimo

    Interesante documento histórico, los que dejan huella siempre tienen un ápice de locura y a veces demasiada. Un saludo.

    • vestirseporlospies

      La pasión -desmedida- a veces hace enloquecer, y sus resultados son una bomba de relojería de resultados insospechados… Conviene relativizar, máxime en todo aquello que resulta superficial 🙂
      Gracias por tu comentario y saludos cordiales amigo N.

  • Francisco J. Losada

    muy interesante el articulo, para los que nos gusta la moda y su “historia”. Enhorabuena!!!

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado Francisco y recibe mi más cordial saludo.
      Un placer trabajar así 🙂

  • Alberto

    Don David:

    Siento, desde la primera ocasión en que leí una sinopsis de su biografía, una franca antipatía por este personaje. No debemos olvidar que el caballero se viste en primer lugar por respeto a sí mismo, inmediatamente después por respeto a los otros, pero que su vestimenta es sólo un elemento más de su elegancia. La educación con la que nos dirigimos a los demás, la cortesía, la amabilidad, prudencia, saber estar, generosidad, disposición para prestar ayuda o perdonar… son parte fundamental de las cualidades que debemos practicar. George Bryan Brummel era, desde este punto de vista, cualquier cosa menos un caballero.

    Si Fred Astaire es considerado un ejemplo de gentlemen no es sólo por los frac, las pajaritas blancas y los claveles que lucía en sus películas, sino por el conjunto de la imagen que transmitió con su vida.

    Hace bien poco escribió un artículo sobre la elegancia como valor interior, una actitud que se cultiva en todos los órdenes de la vida. Tiempo atrás otro de sus artículos comenzaba con esta cita de Paco de Lucía que desde entonces recuerdo con frecuencia: “El envoltorio puede ser importante, el contenido debe serlo.” No puedo estar más de acuerdo.

    Un afectuoso saludo,

    A.B.M.

    • vestirseporlospies

      Mi querido Alberto, que alegría leer tu comentario. Muchas gracias.
      Yo tampoco puedo estar más de acuerdo contigo por eso empecé con el comentario: “Sin embargo su vida fue de todo menos ejemplar. Insolente superficial, jugador empedernido e irreverente orgulloso, jamás trabajó y dilapidó fortunas”… LA ELEGANCIA ES UN VALOR INTERIOR 🙂
      Es un placer el contar con reflexiones como la tuya, por lo que te quedo muy agradecido por que la publiques.
      Saludos cordiales,