La clase de Don Juan Pablo

“Tener clase es un don enigmático que la naturaleza otorga a ciertas personas. Una secreta seducción que emiten algunos individuos a través de su forma natural de ser y de estar. Este don es mucho más fascinante que el propio talento”; Manuel Vicent, periodista y escritor español.

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Silvano: Carai, que clase tiene usted caballero… ¿cómo lo ha logrado?

D. Juan Pablo: Buenas tardes señor. La clase, entiendo, es el alma.

S: Ya, ya, si claro, pero… el alma no se viste, ni calza, tampoco se adorna con complementos o joyas… ¿ni siquiera tenemos la certeza de que exista?

D. J. P.: Por eso es tan escasa, por que no se siente. No es algo que se valore en el presente, pero se anhela del pasado. Casi nadie cree en ella hoy en día, pero cuando se reconoce se desea tener.

S: ¿Cómo puede estar tan seguro?

D. J. P.: No lo estoy, pero tampoco quiero estarlo. Siento que hay una forma de ser, solo eso. Yo no dije que la tuviera.

S: Pues, yo si que creo que ud. la tiene… ya lo creo, y a raudales. Yo también quiero tener su clase. ¿cómo puedo conseguirlo? ¡Ayúdeme!

D. J. P.: No puedes, no puedo.

S: Pero ¿porque? Es que yo quiero tenerla.

D. J. P.: Da igual lo que quieras, no depende de ti, solo está de tu mano el intentarlo. Te lo repito, la clase es inmaterial. Escapa a toda razón, es por ello por lo que la atribuimos a los caprichos de los dioses… de igual manera a como en la Edad de Piedra se hacia con los truenos y relámpagos.

S: Todo tiene un precio y yo puedo permitírmelo, ¿pagaré lo que sea necesario?

D. J. P.: Nadie puede porque no se compra, ni se vende. Como todo lo mejor, lo auténtico tiene un valor que el dinero nunca podrá pagar.

S: Pues yo,… yo haré lo que sea necesario para alcanzarla. ¿Por donde empiezo?

D. J. P.: No es hacer es ser. Aunque lo intentes con todas tus energías no será una garantía de que lo logres. Es un don. Ya sabes el dicho: el hombre propone pero… es Dios el que dispone.

S: Bien, bien,… todo eso está muy bien, pero, y cómo me visto para hacer todo eso, qué digo, a donde voy…

D. J. P.: Creo que esto va a ser complicado…

      No lo entiendes. No es vestir es ser; no es donde vas, es donde estás; no es lo que dices es lo que te lleva a decirlo… no es lo que tienes, es cómo lo has conseguido.

      Es más bien un sentimiento que aflora por todos los poros de tu piel sin tú pretenderlo.

      Cuando hagas lo que debes, sentirás lo que mereces. Solo entonces transmitirás cierta clase.

S: Si, si, si,… ya pero usted viste con un precioso traje de sastrería, calza unos lustrados zapatos y se le ve muy tranquilo y aseado con su reloj de oro.

D. J. P.: Llevo ya jubilado cinco años después de trabajar desde los 14 años.

      El traje que ves fue cosido y cortado por un sastre con oficio. Aún, hoy, continua dando sus últimas puntadas en un local tan reducido y destartalado como la garita de un zapatero remendón, pero su arte no ha dejado de mejorar. Dice que si se jubila no sabría que hacer al salir del portal de su casa, si pasear hacia su derecha o izquierda, así que sigue en activo.

      Trabaja con su mujer que es su única oficiala, como desde hace 45 años porque nadie quiere seguir el oficio, los jóvenes -usted sabrá- la mayoría no tienen tiempo de formarse. Quieren crecer sin aprender antes, lo saben todo, triunfar a las primeras de cambio. Enseguida se cansan.

      La burbuja inmobiliaria, la construcción, la universidad, los masters… usted eso, si, lo conoce bien.

      El caso es que yo vivía arrendado en el extra radio de la ciudad, en la avenida que lleva a Arteixo, y era vecino de este local. Me hizo trajes como éste desde hace más de 35 años… como pasa el tiempo.

      En aquellos años, ellos pagaban el local a base de letras, y comiendo muchas sopas de ellas, con un dinero que les adelantó un empresario con gran visión y mejor corazón. ¡¡¡Los intereses eran leoninos!!!

      Yo les pagaba la ropa también como podía, a plazos, porque él era tan autónomo como yo obrero y entendía lo duro que resultaba conseguir cada cosa en la vida. También se valoraban de otra manera.

      Por aquel entonces, yo trabajaba como administrativo, antes fui el conserje, del Banco Español de Crédito en el Cantón Pequeño de la ciudad herculina, y al colgar el uniforme de botones quería dar la mejor impresión. Pronto entendí que si mi imagen se asemejaba a la de la clase más favorecida económicamente ya solo nos diferenciaría lo que éramos, sabíamos y sentíamos. Y ahí si que habría igualdad de oportunidades.

      Con un sueldo que ya quisiera yo que hubiera sido mileurista, y con mis cuatros hijos que acudían por aquel entonces al colegio Maristas en la calle Teresa Herrera -los que por cierto este año cumplen 100 años en la ciudad-, casi todas la tardes acudía a una gestoría situada en la Calle Riego del Agua para completar mi jornal llevando la contabilidad de una serie de negocios: Romeu, Carbajo, Iglesias y otros pocos.

      Me encantaba la sensación de caminar por la calle Real como un señor. Primero por hacerme respetar a mi mismo, y luego como respeto a mis conciudadanos.

      Los zapatos, tiene aún más tiempo, son de una piel excepcional. Los uso en contadas ocasiones y al llegar la noche siempre los guardo en su caja de cartón con sus hormas -dentro de sus bolsas de tela- y enceradas con grasa de caballo. Es un ritual que repito desde muy joven, me prepara para dormir recordar lo que vivi con ellos: mi pedida de mano, el bautizo de mis hijos, mi graduación,… pero no le quiero aburrir.

      El reloj es una reliquia. Herencia de mi padre, que en paz descanse, el cual a su vez lo heredó de un tío suyo que hizo a la mar con quince años. Hacer las Américas lo llamaban, tuvo fortuna en Argentina donde tantos gallegos asentaron la quinta provincia en Buenos Aires. Al venir a morir a su tierra, como indiano, se hizo una casa cerca de Puerto de Vega (Asturias) que ahora la utiliza el Principado como fundación, y a su muerte dejó entre su numerosa descendencia unos pocos objetos, algunas historias y una gran ejemplo. Este Jaeger Le Coultre vintage, calibre UG285, me llegó a mi.

S: Vale, vale, me rindo,… acepto … pero ¿por donde empiezo?

D. J. P.: Lee, escucha, aprende, estudia, observa, se humilde, cada día mejora un poco, se honesto en tu trabajo… respeta a los demás como a ti mismo. Y cuando estés un día entero haciendo esto sin cometer ni un solo error, por mínimo que te parezca, vuelve a verme.
(Continuará…)

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
(Los personajes son pura invención y cualquier parecido con la realidad es mera coincidencia. Las fotos corresponden a Randolph Scott en 1930 una imagen que no se debía de diferenciar mucho de la de nuestro D. Juan Pablo en esa misma década)

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  • Leo

    Buenos días! Qué difícil es definir la clase y qué fácil es verla, ¿verdad? Se puede apreciar en alguien educado y bien vestido, pero también en otras facetas de la vida, a veces muy pequeñas. Cosas mínimas que si al final las sumas te dan buen resultado. A algunos, tener clase nos costará más y a otros menos, pero como decía Alejandro Fernández en su canción El Rey: “después me dijo un arriero que no hay que llegar primero pero hay que saber llegar”.

    P.D. (humorística). Soy mileurista, bisnieto de indianos (asturianos en Chile) y tengo un Girad Perregaux de mi abuelo. Ya me falta menos para ser como D. Pablo. Je, je!

    • vestirseporlospies

      Muy buenos días, estimado Leo y gracias por tu comentario.
      Como toda historia novelada tiene su parte de invención y su parte de inspiración en el entorno… 🙂
      Un fuerte abrazo y cuantas cosas nos unen… (yo soy asturiano, y adoro Chile, dispondré algún día de un reloj heredado -espero en tardar mucho aún en ello-… lo del jornal lo vamos a obviar JAJAJAJA)

  • Anonimo

    Bonita historia, que no por ser inventada es menos cierta. Cada cual tiene una forma de ser , de estar, de pasar por la vida unos son buenos en una cosa y otros en otra, lo perfecto es saber a que eres bueno y en que te sientes realizado y cultivarlo. A veces pasamos toda una vida y no lo encontramos esa es la gran dificultad. Las personas con clase se ven a simple vista, es un don, que no por tenerlo no tienes que cultivarlo. Otros lo intentan y a veces se acercan más por copiar que por tener, pero tampoco es una mala opción. Lo cierto es que cuando pasa por tu vida alguien con clase, lo aprecias enseguida y no por lo que hace o por lo que dice o por todo, simplemente es por estar ahí. Que gran virtud.

    • vestirseporlospies

      Muchas gracias estimado N. ya te echaba de menos…buena apreciación.
      Saludos cordiales y lo cierto es que fue divertido el recrear la escena… todo lo mejor,