Jersey negro de pico… con más de 20 años.

“Lo que es valioso no es nuevo, y lo nuevo no es valioso”; Henry Brougham (1888-1923), deportista británico.

      Es una de mis prendas favoritas. Probable verso suelto, utilicé este jersey con asiduidad y despreocupación durante muchísimo tiempo. Ahora y debido al valor moral que le atribuyo, cada vez reduzco más su uso a pesar de que se conserva en perfecto estado tras más de dos décadas acompañándome.

      No me considero fetichista para la ropa, y poco para el resto de objetos. Tampoco apegado, de hecho algunos de los trajes y otras prendas que he adquirido durante este blog los he regalado. Detesto acumular, y si algo no utilizo en el plazo de un par años lo descarto pero lo de este suéter es diferente.

      Puedo recordar fácilmente que lo compré en el Zara de la Calle Alcazar de Toledo en León. Donde ahora están sus hermanos Bershka y Massimo Dutti. Cuando ZARA era sinónimo de calidad a buen precio. Porque económico fue, eso seguro, y mucho, pues lo pagué con los ingresos propios de un universitario que daba unas cuantas clases particulares.

      Entre esta prenda de punto y la última adquirida de Gran Sasso han pasado muchas otras y casi ninguna puedo recordar. Más con éste viví algunas jornadas cotidianas que a la postre resultaron acontecimientos importantes de mi vida, como por ejemplo salir una noche de copas en Vigo y conocer a la que hoy es mi esposa.

      Si puedo rememorarlo -y nada del resto del atuendo- es debido a que perduró.

      Esto es precisamente lo que más me gusta de la ropa; las historias que cuentan. Los zapatos de nuestras bodas, las corbatas de nuestras graduaciones, el traje del bautizo de nuestros hijos… Con las joyas -relojes, gemelos o similar- resulta más habitual.

      Las prendas se tienen que ganar un lugar en el armario con su comportamiento. Única manera, por otro lado, de completarlo mínimamente. Ni por bonitas, ni por elegantes, ni por costosas… las apreciaremos más, sino porque tienen lo principal. Una vida que evocar, la nuestra.

      Otro jersey (un Lacoste de tenis) es también de aquella época, pero se conserva en bastante peor estado. De todos modos, antes se hacía menos ropa pero la calidad abundaba.

      Lógicamente usted, querido lector, puede no compartir lo que escribo. Solo son sentimientos. Agradables sensaciones individuales. Adquiramos lo que adquiramos, siempre vamos a tener dos resultados: o conseguimos una buena lección confundiéndonos, o acertando se convertirá en un grato recuerdo. Mas una cosa tengo por seguro: hay que querer mejor, no más.

      Respecto al resto: la camisa blanca es de Purificación García, los pantalones bespoke de Alberto Olego, zapatos de Cobbler Union y los calcetines de Brescianni.

      Muchas gracias y buena suerte,

David García Bragado
Fotografía José Manuel Salgado

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